sábado, febrero 22, 2014



La educación ha evolucionado mucho desde la época donde se consideraba que aprender de memoria era fundamental en la formación de las personas y que la letra con sangre entraba, hasta el día de hoy, donde las nuevas tecnologías educativas pretenden que el mejor camino es la motivación y permitir que el educando aprenda según sus preferencias lo vayan guiando, no vaya a ser cosa que sean forzados en ir en alguna dirección contraria a su naturaleza. Ni hablar de la memoria, se debe aprender a razonar, jamás de memoria. Claro, luego llama la atención esos chicos con alzhéimer prematuro incapaces de recordar algo que le han dicho 15 minutos atrás. Es más, en las pruebas de memoria a corto plazo los chimpancés superan a los humanos. La idea directriz de estas metodologías es la de no forzar a los alumnos, motivarlos para que nazca en ellos el impulso hacia el aprendizaje, para ello se debería evitar toda presión, toda solicitud, nada de frustración innecesaria, no vaya a ser cosa que dañemos irreversiblemente el carácter del chico y que su vocación se vea interrumpida.

La enseñanza no directiva -porque así se llama- nace de la psicoterapia no directiva desarrollada por Carl Rogers, técnica que puede tener utilidad en el campo de la psicoterapia pero no tanto en el campo de la educación. La vida se caracteriza porque muchas veces debemos hacer lo que no queremos hacer, de aquí que los bohemios que sólo siguen sus impulsos espontáneos no triunfan en nada, van en caída libre hacia un abismo que se posiciona frente a sus pies. Así que una de las cosas que debe aprenderse durante nuestra formación es la de tolerar la presión y poder operar bien bajo frustración.

El ideal romántico de seguir nuestros impulsos y de operar a nuestro ritmo, queda muy lindo para una discusión filosófica de café, pero no es una opción realista. Existen profesiones que necesitan hombres fuertes capaces de tolerar todo tipo de presiones, quienes se puedan derrumbar con un comentario negativo o una crítica, mejor que se derrumben durante su formación y que se dediquen a algo donde su débil estructura caracterológica pueda sostenerse. Pero jamás dejarlos progresar en una carrera donde los espíritus bohemios resultarían un grave peligro para la sociedad.

Cada vez hay más conocimientos, las carreras científicas demandan que, quienes las sigan reciban una gran cantidad de información y que estén en condiciones de aprender un número muy alto de destrezas cognoscitivas, algunas hasta motrices. No podemos esperar que con un estilo educativo no directivo se eduquen en tiempo y forma. Todas las carreras contienen materias que no nos gustan, y si no nos obligaran a estudiarlas, no las estudiaríamos. Algunas materias como las matemáticas y la física, requiere de un gran esfuerzo hasta para quienes poseen talento para ellas. Ni hablar de esa fobia a tener que memorizar, los antiguos desarrollaban una gran inteligencia gracias al fortalecimiento de su memoria. Corre la creencia de que lo importante es el razonamiento y no la memoria, es un error gravísimo. La memoria es el soporte vital de la inteligencia y de nuestro propio ser.

Las universidades más importantes del mundo piensan como yo, y sólo aceptan como alumnos a quienes han acreditado poseer los talentos necesarios y la fortaleza interior suficiente para soportar un proceso educativo muy intensivo y exigente. Los débiles, los bohemios, que se dediquen al arte o a vender repollos en la feria. Cuesta mucho educar a una persona para convertirla en un profesional, los experimentos tipo New Age no caben aquí cuando se esperan resultados.

Sin embargo, estos experimentos son bien vistos por la masa cibernética, posiblemente porque muchos de ellos son autodidactas y no desean saber nada con tener que cumplir con algún itinerario impuesto. Jamás conocí a un autodidacta que verdaderamente fuera bueno y eficiente en lo que hacía, podía engañar el ojo del despistado, no el mío. Los autodidactas no poseen fuerza de carácter, por eso no rinden, sufren depresiones, cambios de ánimo que afecta grandemente su eficacia. Cualquier cosa puede desequilibrarlos.

Así que todo aquel que esté enamorado de la idea romántica de una educación no directiva, lamento decirle que no estoy de acuerdo para nada. Pondrán ejemplos como los de Google con su gran libertad para la gente que trabaja. Pero lo que no se ve acá es que no contratan a cualquiera, contratan a los mejores de los mejores, gente ya formada y que han demostrado un talento muy por encima de lo normal. Claro, a Einstein no lo van a controlar como a un operario de fábrica. Es cierto, tienen libertad para moverse como quieran en la empresa, pueden trabajar a su ritmo y todo eso, pero si no obtienen resultados, a la calle. Los bohemios ahí no durarían un día porque esa presión por los resultados les haría saltar la térmica. La supervisión y control está dado por un control sobre los resultados. Puedes trabajar a tu ritmo, las horas que quieras y cuando quieras, siempre y cuando tengas resultados que a la empresa le reporte beneficios económicos claros. No van a tirar su dinero en vos.

Creo que estos experimentos de educación no directiva sólo están diseñados para filmar algún documental New Age e impresionar a gente que espera este tipo de cosas, de esas que se quejan de que se forme a los niños con contenidos no elegidos por ellos. En su ingenuidad esperan un sistema que permita que los niños dirijan su proceso educativo. Si se les permitiera elegir lo primero que harían sería abandonar la escuela e irse a jugar. Lo vemos en entornos pobres donde los padres no se preocupan por obligar a sus hijos a estudiar, simplemente no lo hacen, prefieren jugar a la pelota o con los videojuegos antes que estudiar.

Ingenuidades inconcebibles en estos tiempos, pero qué se le va a hacer. Así está el mundo.


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