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Cuaderno registra mi pensamiento en torno a temáticas de diverso género, pero fundamentalmente en torno a la filosofía, el arte, la cultura y la psicología, aunque, como dijo alguna vez un gran filósofo "nada de lo humano me es ajeno"

viernes, agosto 10, 2018



Porque la inmensa mayoría de las personas que ingresan a estos, carecen de iniciativa y pretenden ser movilizados desde el exterior. Entran en modalidad reactiva esperando que algún estimulo les haga reaccionar. No poseen dirección propia, no tienen objetivos, no poseen capacidad para el esfuerzo orientado en alguna dirección. Esta actitud puede operar en un grupo con intereses culinarios, en uno sobre viajes, pero jamás en uno que demande esfuerzo y tenga por tema el crecimiento en alguna disciplina del saber. Por este motivo la época de oro de todo grupo dura mientras la novedad genera movimiento, y termina cuando la novedad acaba y llega el momento de ponerse a trabajar en serio. Las cosas que podemos llevar a cabo con esfuerzo mínimo están muy limitadas.

No hace mucho tuve un grupo especializado en un tema que, como todos, comenzó con un fuerte impulso inicial para detenerse al poco tiempo cuando el periodo de juego terminó para, de una vez, ponerse las pilas y comenzar a trabajar en serio. Una amiga me recomendó crear actividades para motivar a la gente, pero yo no estoy para entretener a la gente, si no se encuentran motivados por sí mismos, no voy a motivarlos yo desde fuera. Es más, esa gente sin dirección, que busca entretenimiento, no me interesa, si le dedico tiempo a un espacio del conocimiento, es para aprender también yo.

No creo mucho en la motivación como camino educativo. Por ejemplo, una materia donde muchos estudiantes fracasan es en las matemáticas. El motivo es fácil de entender: demanda esfuerzo. Por supuesto, la culpa de que los estudiantes no aprendan será siempre de los profesores que no han sabido entusiasmar a los chicos. Pero es que hay chicos cuya falta de motivación se debe a que no toleran el esfuerzo.

Sin duda que a los niños hay que presionarlos y obligarlos a hacer cosas que no quieren debido a que si no se los obliga no las harían. Pero la niñez comienza a terminar alrededor de los 10 años, no a los 70. aunque en algunos países los padres deben acudir a la justicia para que obliguen a sus hijos de 40 años a que abandonen el hogar paterno y se independicen.

Que alguien no tenga iniciativa ni capacidad de esfuerzo, está bien para ellos, siempre y cuando no exijan obtener lo mismo que aquello que llegan a obtener los que sí poseen estos atributos. No señores, que un chico de 15 años no aprenda matemáticas no es culpa del profesor, es culpa del chico que no quiere esforzarse porque prefiere jugar con su ordenador. Porque no podemos vivir motivando a la gente sin talento para que se esfuerce más para alcanzar lo que se supone que busca, si es que busca algo. Quienes no poseen iniciativa ni capacidad de trabajo, quedarán por el camino. Ocuparan puestos de trabajo acordes a sus capacidades y actitudes, y un lugar en el tejido social acorde a lo que pueden ofrecer, porque así es el contrato social, y así debe ser. No se puede premiar la falta de iniciativa.

Jamás la culpa de que los alumnos no aprendan será de los profesores, salvo que los profesores no posean los conocimientos requeridos ni capacidad para exponerlos. Pero si un alumno necesita atención personalizada para entender lo que la mayoría entiende, mejor que busque un área distinta del conocimiento para desarrollarse. Necesitar de una atención personalizada para el aprendizaje debería ser síntoma de que se va por mal camino con ese chico. Es cierto que hay cosas que todo el mundo debe conocer para ser socializado, pero pretender que ese chico culmine una carrera a través de una atención personalizada es un equívoco mayúsculo.

Un profesional en cualquier actividad, debe ser alguien con iniciativa para poder llevar adelante su profesión, así que la eliminación de quienes no la poseen, en periodos tempranos de los estudios, será lo mejor. Los recursos educativos deben destinarse a quienes poseen las aptitudes para asimilarlos y llevarlos a la práctica. Creo que a nadie le gustaría ser atendido por un médico que necesitó el doble de tiempo que el resto de los médicos para recibirse, porque de seguro que para entender qué le ocurre a una persona enferma le llevará también el doble, si es que llega a acertar.

Pero es que este enfoque no tiene nada de malo, no todos tienen que llegar a ser ingenieros, médicos, arquitectos, empresarios, etc. Pero si quieren llegar a serlo, no pueden depender de la motivación externa, sino de la interna, mejor llamada “iniciativa”.

Y esto es lo que falta en los espacios públicos dedicados a actividades que demanden un poco de esta cualidad. Porque la gente está dispuesta a comprometerse con casi cualquier cosa, hasta que llega el momento de tener que hacer algo, y ahí es cuando entra la depresión como causa de absentismo.

Pero es que esta modalidad de actuar de forma reactiva termina por conducir a quienes desearían que algo ocurriera, a participar tratando de provocar la participación de otros proponiendo falsos estímulos. A falta de voz propia, pretenden generar la participación a partir de textos-obras ajenos. Por ejemplo, en un grupo de literatura propondrán un texto de algún autor famoso para ser comentado. Si en verdad se generaran comentarios con esta técnica, se podría aceptar, pero como no funcionará, se colocarán otros textos para la consideración y comentarios de los demás (porque ni quien propone estos ejercicios se toma la molestia de comentarlos, para él, su tarea termina con la intención de hacer algo). Al final, el grupo terminará lleno de textos o frases para el comentario sin que nadie comente nada. Pero esto no acallará al administrador, que insistirá e insistirá, con un camino que no funciona, porque no sabe qué otra cosa hacer. En grupos de filosofía los administradores mandarán al grupo infinidad de frases diarias, información de eventos relacionados con el tema, memes graciosos, etc., procurando motivar a cadáveres que aún no recibieron su certificado de defunción a que participen. Claro, ¿cuál sería la alternativa? No hay alternativa.

La gente que entra a un grupo de filosofía lo hará para jugar el famoso juego de mostrarse ocurrentes con alguna frase humorística en torno a la forma de quien exprese alguna idea propia. Si siguiéramos a estos ocurrentes durante un lapso de algunos años, notaríamos que no hay cambios, sólo buscan no sentirse tan solos con estos jueguitos dialécticos. En un grupo de literatura las expectativas son aún menores, como mucho nos encontraríamos con algunos autistas que escriben textos sobre su vida diaria esperando que con el paso del tiempo alguno termine poseyendo cualidades literarias, pero no son conscientes que la forma no basta para elevar un texto a texto literario, sino que el contenido también contribuye a ello. En fin, no importa la temática, el destino siempre será el mismo.

Los espacios públicos en las redes sociales están diseñados para la diversión, jamás para el trabajo orientado a un objetivo. La gente que entra a estos espacios sólo buscan liberar tensiones, pero jamás podrán ir más allá del comportamiento reactivo debido a que carecen de iniciativa. Podremos encontrarnos con internautas que pretendan llevar la revolución socialista, o la antisocialista, o la vegana, o la que sea, pero que lo harán sin salir de la comodidad de sus habitaciones, porque carecen de iniciativa para llevar adelante cualquier intención de cambio, o de lo que sea.

Por este motivo, mucha gente que ingresó hace algunos años a estos medios con intención de llevar adelante distintos proyectos de crecimiento personal, van abandonando las redes desilusionadas de sus habitantes, simples sombras en busca de un destino. (Casi escribo zombis, pero me arrepentí, pues quien me leyera pensaría que poseo una visión muy negativa de la especie humana)

miércoles, agosto 08, 2018



Hace poco leí la respuesta que Noam Chomsky le dio a un periodista cuando le preguntó si Donald Trump sería reelegido, respondió: “si logra hacer que las consecuencias de sus medidas se retrasen en el tiempo, sí, debido a que el 90 % de la población es completamente idiota”. La verdad es que no podría contradecirlo.

Hace poco le recriminé a una amiga dos cosas, primero, que perdiera el tiempo explicando cosas a gente que no podía entenderlas, segundo, que permitiera que gente que no sabía de lo que hablaba se dirigiera a ella de igual a igual, siendo ella una experta en su campo. Tal vez yo debería adoptar algo de su vocación didáctica, pero a mi edad la paciencia no es una de las virtudes que hayan aumentado con el paso del tiempo.

Existen dos estilos de pensamiento (en realidad existe sólo uno), el pensamiento crítico ejercido por quienes poseen la capacidad para pensar y que la han ejercitado y desarrollado a lo largo del tiempo, y el pensamiento de las masas, que no es en sí un pensamiento pensado, sino un pensamiento adoptado por contagio emocional, muchas veces reactivo. Para formar parte de los distintos grupos de personas existen requisitos, uno de ellos es el de aceptar sin cuestionar las ideas que estos afirman defender y que les brindan identidad. Cualquier cuestionamiento puede implicar la no aceptación o expulsión del grupo.

Por este camino se han instalado dos grandes ideas en torno a los rasgos de personalidad que deben expresar las personas sabias. Por el lado occidental la idea de humildad, por el lado oriental, la idea de paz interior.

Se le atribuye a Sócrates la frase que decía: “sólo sé que no sé nada”. Y como dijo un amigo hace unos años: #de seguro que sabía cómo volver a su casa”. Lo que lo convertía en un mentiroso o en alguien que hacía gala de una falsa humildad. O en ambas cosas, claro.

Pero es que a los tontos les encanta la idea de humildad para el sabio, debido a que espera que se ponga a su altura, sin juzgarlos ni menospreciarlos. Entonces, si alguien experto expresa un saber fruto de su experiencia de muchos años investigando sobre un tema, y lo hace con confianza en sí mismo, queda automáticamente descalificado a sus ojos ignorantes debido a que como no pueden juzgarlo por sus saberes, porque ellos mismos no los poseen, lo juzgan por la forma de expresar su saber. Sería como criticar el pensamiento de un arquitecto acerca de su obra por el calzado que lleva puesto a la hora de hablar. En realidad se critica la confianza en sí mismo que tiene el experto.

No es novedad la tendencia instintiva de las personas para descalificar como inútil aquello que no poseen. Ya Esopo, en la fábula del zorro y las uvas verdes lo dejó registrado para toda la eternidad.

Otro rasgo que se ha instalado en la mente colectiva es el de la idea oriental de sabiduría que se asocia con una paz interior imperturbable. Hace poco veía el video de un pensador contando la experiencia que tuvo con un sabio hindú en Paris. Mientras el sabio iniciaba una clase de meditación, entró corriendo uno de sus ayudantes para decirle que su hijo había muerto, y molesto el sabio recriminó al ayudante por interrumpirlo al comenzar la sesión. “Ya atenderé ese asunto cuando termine con la clase”. Curiosamente, mientras parecía no reaccionar ante la noticia de la muerte de su hijo, sí expresó enojo por ser interrumpido. Contradicción de la que pocos se da cuenta, y que demuestra un terrible ego, porque la muerte de su hijo tiene menor importancia que el comienzo de un sesión de meditación por él dirigida.

Pero es que con los tontos nada se puede hacer. Este tipo contaba emocionado como el sabio hindú poseía una paz interior inquebrantable, cuando un psicólogo moderno podría diagnosticarlo como un psicópata.

Tanto la falsa humildad como la falsa paz interior, son imposturas destinadas a llegarle a las masas decapitadas de la capacidad para pensar. Pueden buscar en google al llamado “hombre más feliz del mundo”, que es un maestro zen que siempre está sonriendo. La felicidad es una emoción que nos embarga en algunos momentos como resultado de un logro o por haber obtenido algo que deseabamos, pero alguien que sea feliz sólo por respirar no me inspira admiración alguna, más bien me induce a pensar que es un completo idiota o, peor aún, un farsante. O las dos cosas.

Pensar es hacerlo siempre contra el pensamiento establecido, lo que implica un desafío y un peligro para quien lo haga. En todas las épocas se ha sancionado al libre pensador por el peligro que implica para el orden establecido, salvo, claro, que sea un iconoclasta declarado, pues no molesta a nadie y puede ser premiado por su excentricidad. Lo mediático si se valora por las masas en nuestra época.

Qué cosa sea la sabiduría, no es algo que puedan saberlo quienes no la poseen ni poseen la mínima capacidad de pensamiento propio, por lo que sólo les quedará emitir algún juicio a partir del comportamiento de quien pueda poseerla. El tonto valorará favorablemente a quien se pone a su altura o imite a un maestro budista expresando una falsa paz interior.

lunes, julio 30, 2018



Mientras que el texto literario nace del amor o como ejercicio de seducción, el texto filosófico nace de la falta de amor y del resentimiento por no poder alcanzarlo. El filósofo está enojado con el mundo y quiere cambiarlo a martillazos, mientras que el poeta le canta a su amada por haberlo encontrado.

sábado, julio 14, 2018



Cuando repasamos el destino de los países latinoamericanos con gobiernos populistas de izquierda sólo podemos constatar una cosa: todos sin excepción están en la bancarrota o a punto de estarlo. Los motivos son dos: han robado todo lo que podían y han sido completamente ineficientes en la gestión.

He meditado mucho sobre el motivo de la ineficiencia de los gobiernos populistas de extrema izquierda y encuentro una enorme diferencia con los populismos de derecha: la incapacidad de trabajo de los militantes de izquierda.

Cuando se comparan los dos extremos sólo existe una gran diferencia: mientras unos poseen una buena capacidad de trabajo, los otros sólo son buenos para quejarse y pedir que les resuelvan los problemas.

Ambos extremos son malos, pero el gobierno de los menos aptos para el trabajo será siempre peor debido a que ataca las bases mismas de la riqueza de una nación: la producción de riqueza. Por eso la izquierda siempre iguala hacia abajo, porque salvo la élite gobernante y sus amigos y parientes, todo el pueblo se va empobreciendo por culpa del ataque sistemático a quienes generan riqueza con su trabajo.

No recuerdo quien fue el que dijo que los gobiernos socialistas gobiernan con el dinero de otros, hasta que el dinero se acaba.

¿Qué alimenta a la extrema izquierda? El enojo, la envidia a quienes tienen más. Las emociones más bajas de la especie humana. Los partidos de izquierda desarrollan la destreza para fomentar estas emociones y encauzarlas en su beneficio. Por ejemplo, todos los años en Uruguay (no recuerdo en qué día) se lleva a cabo la marcha por los desaparecidos en la dictadura hace 35 años, cosa que la gente no olvide lo que hicieron los militares y mantenga el enojo por aquella violencia. Los organizadores se callan la boca por los que están desapareciendo hoy en Venezuela y en Nicaragua, porque pertenecen al club de los gobiernos de izquierda.

La habilidad de los partidos de izquierda para fomentar el enojo y la envidia de sus partidarios no asombra, sí, digo bien: no asombra. Porque manipular a las masas no es cosa difícil, especialmente cuando se apela a las emociones más bajas. Porque gritar y exigir que les den cosas, es muy fácil, trabajar por conseguirlas, no mola tanto.

Si prestan atención al discurso proselitista de estos gobiernos, prometen justicia social, que traducido al lenguaje de las masas quiere decir quitarle a los que más tienen para dárselo a los que menos tienen. Claro, quien no tiene nada estará muy contento con esta idea, ya que le darán algo por nada y de paso sentirá placer por ver al objeto de su envidia resultar perjudicado de alguna manera. Pero habría que preguntarse: ¿por qué unos logran tener mucho y otros no? Señores, la respuesta es muy sencilla: unos han estudiado y trabajado para obtener lo que tienen y el resto no, por falta de capacidad, de ganas de trabajar, etc.

El ídolo de multitudes fuera del Uruguay, José Mujica, contaba con orgullo que ahora el parlamento estaba constituido en casi la mitad por no universitarios. Mujica odia a los universitarios. ¿Por qué? Por envidia, porque él no lo es. Colocó a un panadero como Ministro de Defensa. El tipo explicaba sus medidas con analogías relacionadas con la fabricación del pan.

¿Ustedes le pedirían a un albañil o a un ingeniero civil que construya un puente? ¿Ustedes se tratarían de una grave enfermedad con un santero o un médico especialista? En Montevideo construyeron un Corredor para los vehículos que se llama Corredor Garzón (pueden buscarlo en google). Lo construyeron mal, hubo un montón de muertes por accidentes de tránsito debidos a su mala construcción. Resultado, tienen que derribarlo. 80 millones de dólares de los contribuyentes tirados a la basura. El motivo es que con el odio a los universitarios los puestos clave del gobierno están ocupados, no con gente con aptitudes y conocimientos, sino por el grado de militancia o por ser amigo o familiar de algún político del partido de gobierno.

La izquierda fomenta el odio de clase, el odio a los que tienen más (sin importar que tienen más por haber trabajado más), al odio a los que tienen un nombre por sus credenciales académicas, en síntesis, a todos aquellos que por su trabajo han alcanzado cosas que ellos no por su falta de capacidad de trabajo.

La imagen al inicio es de un parlamentario de Podemos en España. Un tipo que no sirve para nada, sólo como símbolo contra los trajeados universitarios de la política tradicional. Nunca hizo nada, porque no tiene capacidad de trabajo, su única participación en la política ha sido prestar su imagen para que circule por las redes como ejemplo para las personas como él, que tanto abundan en el mundo. Trabajar exige esfuerzo, determinación, ser un inútil no, por lo que superan en número los inútiles. Para los inútiles que viven quejándose sin hacer nada, estos ejemplos son muy gratificantes. Pero claro, quieren justicia social, que para ellos consiste en que les den cosas sin tener que trabajar. Y si para darles a ellos hay que quitarles a quienes se lo han ganado, mejor. Pero el tema de la envidia no es menor. Los españoles recuerdan cómo Pablo Iglesias, líder de Podemos, criticó a varios políticos por haber comprado chalets de 600.000 euros. Con esa crítica fomentaba el odio de los seguidores de Podemos hacia estos horribles capitalistas, hasta que él se compró un chalet de 600.000 euros. Luego mandó hacer una encuesta pata ver cuánto perjudicaba esa compra a su imagen política. Porque su discurso sólo tiene un propósito: capitalizar el odio de la gente para hacer crecer su imagen política. Una vergüenza!! Esta gente no busca la justicia social, busca beneficiarse de ella.

Pero el problema se da cuando estos inútiles llegan al gobierno, simplemente no saben qué hacer. Por este motivo, lo único que hacen es cobrar impuestos, cada más altos para repartírselo entre ellos. Porque hacer obras ni pensar. Y cuando deben hacer alguna por la fuerza, la hacen mal, de mala calidad. Toda obra construida por un gobierno de izquierda está condenada a caerse pronto. Venezuela de exportadora de petróleo ha pasado a importarlo. El gobierno es tan inútil que ni eso es capaz de hacer bien.

Pero el tema de este artículo es el lenguaje inclusivo. Como la gente de izquierda no posee capacidad de trabajo ni de hacer obras, sólo les queda el gesto, el GESTO POLÍTICO como estrategia para llegar al poder y mantenerse en éste. Si prestan un poco de atención, verán que se han vuelto en maestros del gesto político, el impresentable de las rastras de la foto es un símbolo, un gesto político. En el mismo día de inauguración del parlamento español, una parlamentaria le dio teta a su bebé, como gesto feminista que dejara constancia cómo las mujeres deben trabajar y ser madres. Claro, en el parlamento tienen guardería y nunca más se la vio con el hijo, la cosa pasaba por ese gesto del momento. Pasado el efecto había que buscar otros.

La incapacidad de hacer obras de la izquierda por estar compuesta por gente sin capacidad de trabajo, conduce a que el gesto político se convierta en uno de los principales medios para hacer como si se hiciera algo y de paso mantener enojada a las personas de manera de encauzar el odio y la envidia. En Argentina las mismas obras se inauguraron un montón de veces. En Uruguay la falta de obras está conduciendo a lo mismo.

Dentro de estos gestos se encuentra el “lenguaje inclusivo”. El motivo del mismo es generar enojo en quienes puedan sentirse discriminados. Claro, resulta más fácil corregir formas lingüísticas que hacer algo real para solucionar las injusticias sociales. Entonces, para hablar al público debo enumerarlos a todos para evitar la discriminación, porque si sólo digo “todas y todos”, que estarían incluidos en todos, dejo fuera a los negros, chinos, niños, ancianos, calvos, etc. Porque para ser inclusivo existe sólo un camino, y es el que se seguía hasta ahora con decir “todos”, porque si se entra en la enumeración, hay que enumerarlos a todos, y si hay 59 personas a quienes nos dirigimos, debemos mencionarlas a cada una, porque si no lo hacemos caeríamos en el mismo error del simplemente “todos”. Pero es que estos tontos ni cuenta se dan que con su lenguaje inclusivo terminan discriminando más.

Pero lo del lenguaje inclusivo es otro gesto político para generar divisiones y enojo, y que nace de la incapacidad de generar obras reales para solucionar las reales injusticias sociales.

Un país depende de la generación de riqueza, cualquier cosa que ataque la generación de riquezas daña a la sociedad. En Uruguay la consecuencia de las políticas de justicia social han terminado por provocar un aumento alarmante del desempleo. Porque claro, de tanto quitarle a quienes producen riqueza y atacarlos de tantas formas, no se genera riqueza ni puestos de trabajo. Lo que lleva a crear falsos puestos de trabajo contratando funcionarios públicos. Y para pagarles se deben crear más impuestos, y más impuestos hace que la carga impositiva a los productores sea inaguantable y terminen cerrando empresas. Solución: pedir préstamos y endeudarnos. Y la mala gestión de este gobierno terminará por endeudar a nuestros hijos por 20 generaciones.

Viva el lenguaje inclusivo y los gestos políticos de estos anormales que no poseen capacidad de trabajo.

En síntesis para conformar a los tontos podemos eliminar dos vocales, la "a" y la "o" y hacer que todas las palabras terminen en "e". O inventar otra vocal para finalizar todas las palabras.

sábado, mayo 26, 2018



Es bien sabido el odio de los filósofos por la ciencia, al punto de tratar de descalificarla cada vez que pueden. Odio muy entendible debido al desprestigio en el que ha caído la filosofía actual. Hace unos días inicié un debate sobre el concepto de ideología en un grupo de Facebook, alguien que no tenía idea acerca de lo que escribía hizo lo que frecuentemente hacen aquellos que no han cultivado la voz propia, o la capacidad para desarrollar un pensamiento y expresarlo con claridad, pegó una frase de Heidegger que decía que la ciencia no piensa. El estimulo desencadenante fue la aparición en una respuesta del término “ciencia”. Posiblemente este forista no pudiera entender nada de lo que se debatía, pero al reconocer el término quiso aportar su grano de arena con esa frase de Heidegger esperando que alguien le aplaudiera, pues en un grupo de filosofía el odio hacia la ciencia se ha generalizado.

La frase de Heidegger es una tontera mayúscula, como casi toda su filosofía, una frase provocativa que sólo pretendía atraer la atención de quien la recibiera. Hoy la filosofía se expresa en un lenguaje provocativo para generar debate acerca de ella misma y vivir de lo mediático. Como claro ejemplo, uno de los filósofos alemanes de primer nivel de Alemania, Markus Gabriel, lanza la provocativa frase que dice: “el mundo no existe”. Y luego que todo el mundo reacciona sorprendido y le presta atención para ver qué tiene que decir, comienza a divagar una respuesta que un chico de 4 años puede desarmar. Pero logró su propósito, enganchar la atención de los espectadores para desplegar su show mediático. Con los problemas reales que enfrenta la Humanidad para sobrevivir, que un filósofo tarado pierda el tiempo en estas cosas, permite entender el desprestigio al que la filosofía ha arribado.

Sí, la ciencia piensa, en realidad, los científicos sí piensan, y deben pensar bien y ser muy inteligentes, porque a diferencia de los filósofos, científico que no obtenga resultados es descartado, mientras que filósofo que divaga puede dar clases de filosofía o escribir libros que otros del medio leerán.

Este es el motivo por el que casi todos con una cultura media pueden entender lo que un científico dice, ya que el científico será más inteligente y sabrá de lo que habla, porque a diferencia del filósofo que vive peleándose con las palabras, el científico debe pelear con la realidad. Y si un filósofo lee esto me pedirá que le defina qué cosa es la realidad. Cosa entendible en alguien tan alejado de la realidad, como para llegar a decir una idiotez de la magnitud de que el mundo no existe.

Un científico debe arribar a resultados para alcanzar el reconocimiento en el medio académico, un filósofo debe encantar a su público con un discurso atrayente y provocativo. Mientras que el reconocimiento del científico descansa en resultados reales, el filósofo debe esforzarse por alcanzar el reconocimiento a partir de un discurso circular destinado a no decir nada o, a hablar de la nada por horas. Alguien que siente en su fuero interno que es un farsante, sólo puede apelar a generar cuestiones antes que a dar respuestas. A cultivar la duda sistemática para provocar un pensamiento sin rumbo. A explicitar la propia confusión como un proceso sistemático de construcción de pensamiento.

Esto entendía Heidegger por pensar, a darle vueltas y vueltas a las palabras para, supuestamente, poner al descubierto la dosis de verdad que pudieran contener. Pero como el científico no trabaja tanto con palabras sino con cosas reales, no necesita encontrar la verdad que busca en las palabras que se ha inventado, sino en los objetos con los que trabaja. Por lo que no necesita perderse en especulaciones sin fin, pues sí llega a resultados en los que puede descansar, y no necesita apelar a juegos de palabras para demostrar sus descubrimientos, porque el reconocimiento está asegurado en sus logros y no en sus justificaciones por la falta de los mismos. No es en el nombre de la rosa dónde se encuentra su secreto y verdad, es en la rosa. El científico estudiará la rosa, el filósofo el nombre.

Por este motivo podemos entender lo que un científico nos cuenta acerca de su ciencia, y nos puede costar seguir los divagues filosóficos que pretenden encontrar la verdad en el análisis de los términos empleados para dar cuenta del objeto investigado.

viernes, mayo 18, 2018



¿Poseemos una esencia que nos caracteriza o podemos cambiarla? Supongo que la educación en los primeros años de vida puede formar en valores a las personas, pero tengo dudas acerca de que la naturaleza de alguien pueda cambiar, porque implicaría que dejara de querer las cosas que quiere y sentir lo que siente. Nuestra esencia, si es que existe, está compuesta por un conjunto de impulsos que comandan nuestros actos. Algunos de estos impulsos podrán debilitarse con el paso del tiempo, pero no cambiar.

Claro, podemos pensar que una persona está definida por sus actos, no, no es cierto, ya que puede mentir, disimular, enmascarar, sus verdaderas intenciones. El único asesino serial del Uruguay, antes de ser descubierto, pasaba por ser una buena persona, muy educada y culta. Si no hubiera sido descubierto y hubiera dejado de matar, posiblemente hubiera tenido una vida donde nadie se hubiera  dado cuenta de lo que en verdad era.

Hay personas que son buenas por naturaleza y otras que no, pero las que no, pueden haber aprendido valores y descubrir que para sobrevivir y progresar en nuestra sociedad, es necesario actuar según esos valores, aunque no se sientan identificados con ellos. Actuaran y hablaran como si esos valores guiaran su vida y exigirán a los demás que también los cumplan. Es el juego de las máscaras sociales. Pero podemos a veces intuir que no son buenas personas. Esperamos que un médico se preocupe por su paciente, algunos lo harán, otros fingirán hacerlo, otros no fingirán.

Creo que nuestra esencia no puede cambiar, salvo el cambio debido al desgaste orgánico, accidentes, enfermedades, que pueden alterar en algo nuestros impulsos de base. Pero lo que sí hacemos con el paso del tiempo es aprender. Las personas pueden aprender a mostrarse de ciertas formas más aceptables, aprenden a engañar, a seducir, a ocultar su verdadero ser. Los políticos son especialistas en el arte del engaño y la seducción.

Es más, fue un político del Uruguay quien dijo que no se cambiaba, sino que se redondeaban las aristas como con el canto rodado. Las piedras redondean sus partes salientes por la acción del clima, los golpes, rodamientos, etc. Se pueden aprender destrezas sociales y parecer más maduro y sociable. Pero en el fondo se sigue queriendo lo mismo.

Hay personas buenas, pero son muy pocas. Pero existe un motivo por el que esto ocurre. La naturaleza parece poseer una idea para cada especie, pero muy pocos miembros de la misma están a la altura de ésta. Le lleva muchas generaciones a la especie alcanzar la idea que está manifestándose. Con el hombre ocurre lo mismo, hombres y mujeres ejemplares existen muy pocos, por eso son ejemplares y los modelos a seguir, el resto de los mortales parecen ser simples intentos fallidos de humanidad.

La inmensa mayoría de las personas, aún aspirando a realizar la idea que la naturaleza pueda haber impuesto en nosotros, no poseen la vitalidad necesaria para estar a la altura de la misma. Yo mismo no la poseo, y a esta altura de mi vida ni me interesa.

Se me ocurre, además, que así como existen dos sexos, existen dos modalidades éticas: bueno y malo. Nuestra especie necesita de los dos sexos para sobrevivir, pero puede que necesite de hombres y mujeres buenos y malos también, pero dentro de cierto equilibrio. Por este motivo es que se nace hombre o mujer (no voy a entrar en temas de identidad sexual y sus variantes) y bueno o malo. Porque alguien que nace bueno no puede volverse malo, aunque puede que en algún momento actúe mal por debilidad. Alguien malo no puede ser bueno, porque sencillamente no le interesa, pero puede actuar bien por conveniencia. Tal vez deba realizar una corrección en este punto y cambiar la terminología de bueno o malo, por altruismo o egoísmo. La especie necesita de ambos impulsos para sobrevivir, pero desgraciadamente al nacer la ecuación que nos define en esta área se mueve con 0 y 1, esto quiere decir que predominará una de estas tendencias. Quien nazca siendo egoísta no podrá cambiar jamás, porque esa es su naturaleza, y quien nazca bueno, tampoco, porque esa es su naturaleza.

Pero es posible aprender, que no implica cambiar. Un león podrá ser domesticado, pero seguirá siendo un león.

Desgraciadamente, poseo la destreza innata de ver la verdadera naturaleza de las personas, y carezco de las competencias sociales que me permitirían tolerarlas, o disimular lo que veo. Nada altera más a alguien que sentir que no puede esconderse del ojo del Otro, porque las personas invierten una cantidad impresionante de energía para sostener las máscaras sociales.

Creo que lo que más me molesta de las personas, no es tanto que escondan sus intenciones, sino que la mayoría pueda ser engañada tan fácilmente. Lo vemos en política. Los malos gobiernos que se perpetúan en el poder porque logran engañar a las masas. Los venezolanos se dieron cuenta de que el chavismo los llevaba al precipicio cuando ya se estaban cayendo por éste. En Uruguay vamos por el mismo camino pero la mayoría no se percata de ello, y cuando se percate ya será tarde. Ya es tarde me parece.

Esta es la verdadera destreza que poseo: saber hacia donde van las cosas. Pero la inmensa mayoría de las personas sólo se dan cuenta de que van por mal camino cuando hace tiempo que cruzaron la línea de no retorno.

No, no se puede cambiar lo que las personas son, sin embargo, así como la mayoría gasta tanta energía en sostener sus máscaras sociales, hasta cuando son descubiertos, otra mayoría gasta la misma o más energía en tratar de cambiar a los demás, cuando eso no es posible.

viernes, abril 20, 2018



La ideología es una simplificación de la realidad para que los menos inteligentes crean entenderla y, así, controlarlos a partir de un pensamiento enlatado que pueden transmitir sin modificar, pues para ello necesitarían de una mínima capacidad de pensamiento crítico. Mientras más esquemática la ideología mayor adhesión popular.

Es más, la mayoría de ellas tienen el propósito de mantener enojados y en estado combativo a sus militantes. Como en 1984, quien no se muestra lo suficientemente enojado puede ser expulsado de sus filas.

Los ideólogos buscan generar una respuesta emocional, no racional, ahí se encuentra su intención manipulativa.

jueves, febrero 01, 2018



Hace algunos años un chico me preguntó qué era la filosofía. Creo que casi todo el mundo tiene alguna idea acerca de lo que es la investigación científica, pues gracias al conocimiento científico tenemos la tecnología actual que nos ha resuelto tantos problemas, aunque haya creado otras que puedan llevarnos a la extinción. Sin embargo, si las distintas ciencias buscan conocer todo aquello que hay en el mundo y sus alrededores, ¿qué busca conocer la filosofía? ¿Qué hay más allá del mundo y sus alrededores para conocer?  O ¿qué busca la filosofía? Alguno dirá que la filosofía se pregunta por el sentido de la vida, de dónde venimos y a donde vamos, y alguna otra cosa más de índole trascendental. Bueno, lamento decirles a quienes así piensan que están equivocados, porque la filosofía no puede responder a esas preguntas, sólo la ciencia puede que algún día las responda. Como organismos biológicos nuestros orígenes y fines los pueden indagar las ciencias especializadas en estas cosas. Entonces ¿qué hacen los filósofos? Buena pregunta. En aquel momento cuando el chico me preguntó qué era la filosofía, tuve un relámpago de inspiración. Sabiendo que las ciencias eran las encargadas de conocer la realidad por lo que el filósofo debería dedicarse a otra cosa, respondí: la filosofía busca la verdad.

Y la respuesta me acompañó desde entonces. ¿Qué es la verdad y qué la diferencia del conocimiento científico? El conocimiento científico puede ser verdadero o falso, o ser verdadero dentro de ciertos ámbitos. Pero ¿cómo sabemos si es verdadero o falso? Desarrollaremos criterios que nos permitan definir qué es el conocimiento científico verdadero. Pero aquí es donde se da la salida de la ciencia. La ciencia sabe si algo es verdadero o falso, pero definir qué es el conocimiento, qué es lo verdadero, sólo se puede definir desde fuera de la ciencia, y ahí es cuando nos encontraríamos en el territorio de la filosofía, porque la ciencia y el conocimiento científico es algo que nos importa. La ciencia descubre patrones, de ahí a que hayan creado sistemas de inteligencia artificial capaces de indagar sobre algunos fenómenos y llegar a producir conocimiento sobre ellos, ya que sólo deben identificar patrones que se repitan y registrarlos de alguna manera.

Esto no es poco, nadie puede poner en duda los grandes avances de las distintas ciencias. Pero ponerlos en duda, poner en duda a la ciencia, ya es entrar en el territorio de la filosofía. A un ingeniero la verdad le interesa poco, sólo le interesa que el conocimiento que tiene de su especialidad le permita hacer cosas en su ramo. A un arquitecto la verdad le interesa poco, le interesa que su saber le permita construir casas, edificios, puentes, que no se caigan.

Alguien puede preguntar en este punto: ¿acaso se necesita de otra verdad más allá del conocimiento científico que nos permite hacer cosas en este mundo? Existen verdades que no son científicas y que igual nos importan. Por ejemplo, Pedro quiere saber si Juana lo ha engañado con otro hombre. Pablo quiere saber si Ernesto lo difamó en su lugar de trabajo. Son verdades que de alguna manera necesitamos saber para actuar en consecuencia. Lo que siento por una mujer no será lo mismo si me entero que me ha engañado. Mi comportamiento con Pablo no será el mismo si me ha difamado o si no.

Pero aquí comienza a revelarse algo importante acerca del concepto de verdad. Que Pablo me difame puede afectarme laboralmente, el perjuicio puede cuantificarse económicamente, por ejemplo puedo perder un ascenso. Sin embargo, aunque no haya una consecuencia medible desde el punto de vista utilitario, hay una traición que genera el dolor. Que alguien a quien ame me traicione genera un dolor que escapa a cualquier valoración cuantificable. Porque cuando se logra relativizar todo lo que nos ocurre, la vida deja de tener sentido. Si sólo me encuentro en relación con objetos que me provean sustento y placer, y puedo medir ese sustento o placer de manera que puedo sustituirlo con equivalentes, me encontraría en un mundo de caricaturas.

El novio de Pepita la deja por otra y ella al encontrarse sufriendo recibe de sus amigas frases del tipo: tranquila, lo que sobran en este mundo son hombres, si uno se va puede aparecer otro. Pero cuando Pepita acepta esto, nunca más estará realmente con alguien, porque llegó al estado donde un hombre es intercambiable por otro.

Cuando deja de dolerte que Pablo te difame, o que tu novia te engañe con otro porque puedes cambiarla por otra, el mundo pierde su encanto. Si aquello con lo que estas en contacto es reemplazable, entonces sólo estarás en contacto con objetos con un valor utilitario. Cuando se llega a este punto, desaparecen las personas. Podrás sentirte más o menos bien con algunas, pero sólo se encontrarán en la periferia de tu existencia. Las valorarás en función de lo bien o mal que te hagan sentir, pero todas serán prescindibles o reemplazables.

Pero algo similar experimentamos con el conocimiento científico. Es un conocimiento utilitario, que podrá mejorarse y ampliarse con el paso del tiempo. Podrá registrarse en documentos, pero está ahí, fuera de nosotros. Cuando lo necesitemos consultaremos las bases de datos, y cuando no, dormirán en sus soportes virtuales.

Antiguamente la verdad estaba asociada a experiencias místicas, el conocimiento se valoraba tanto como al conocimiento supuestamente revelado por los profetas. Hoy hay tanto conocimiento que nos resbala. Y cuando algo pierde su valor original por su valor de consumo, de alguna manera nos alejamos de la verdad. Porque algo es más o menos verdadero en función de cuánto nos afecta.

Por este motivo respondí que la filosofía buscaba la verdad, porque se debería mover en el territorio de aquello que nos afecta de alguna manera. Si todo deja de afectarnos, si todo es intercambiable, la verdad no tiene razón de ser. El día que Pepita aceptó que el mundo está lleno de hombres, y que podía sustituir al novio que tanto quería por otro equivalente, ya nunca necesitará amar a nadie o, posiblemente ya no pueda amar a ningún otro hombre, porque amar a alguien implica no poder sustituir a esa persona (y casi no poder vivir sin esa persona). El día en el que las personas adquieren la posibilidad de ser sustituidas, la verdad desaparece, deja de tener sentido, porque todo pasa a ser relativo.

Simultáneamente, al adquirir los demás valor de cambio, nosotros también lo adquirimos. En ese punto todo en el mundo de las personas deja de tener valor o de ser tocadas por algo como la verdad. Claro que todo es relativo en este mundo, porque todos podemos ser sustituidos. Sólo somos uno más del montón. Y si alguno destaca y es valorado por ello, quien es valorado no puede disfrutar realmente de la valoración debido a que puede importarle lo que la gente del montón piense acerca de él.

Los tontos de la New Age que leyeron a Castaneda y la recomendación de su personaje “Don Juan Matus” de destruir la importancia personal, no saben que si la importancia personal se destruye, se destruye la de todo el mundo, y la vida pierde sentido.

La imagen que acompaña este texto se llama El Hermitaño. En realidad el término ermitaño no lleva una “h”, pero en el tarot de Marsella se escribe con “h”. Esta carta representa a un fraile que se retira del mundo humano para encontrar la verdad. Es más, los filósofos aparecen generalmente representados por esta carta, mientras que los científicos por el Mago. Ese Hermitaño se aparta del mundanal ruido y pretende desapegarse de todo para quedar solo con su verdad, si es que existe verdaderamente. Pero ¿por qué se aleja del mundanal ruido, de las posesiones, de la gente? No tanto por elección propia, sino porque llegó a un punto donde todo se relativizó. No busca la soledad para escucharse mejor, se quedó solo. Y busca algún sostén, luego de haberlo perdido. La gente perdió valor, ya que hay tanta, que cada uno puede terminar siendo sustituido por otro. Las posesiones dan placer, pero el placer solo, sin más sentido, no llena. En el fondo, los filósofos terminan haciendo algo parecido: buscan en ellos mismos algo que le brinde sustento. No lo encuentran, por esto son tantos los filósofos que terminan suicidándose o haciendo juegos de palabras en sus textos.

Ese Hermitaño se aparta del mundo para encontrar una verdad que no existe. Camina con su linterna hacia la izquierda, su pasado. Indaga con la luz de su intelecto en la vida vivida tratando de encontrar algo que le consuele, una verdad que destruya todas sus dudas. Pero esa verdad no existe.

La verdad emerge del vínculo con aquellas personas que pueden afectarnos, para bien o para mal. Cuando se da el proceso de desencantamiento donde todo comienza a relativizarse, a adquirir valor de cambio, por lo que puede ser sustituido, la verdad deja de tener valor, en realidad deja de existir. Cuando esto ocurre, la ciencia sigue viva, pero la filosofía muere.

A veces se trata de entender a la verdad por si sola, cuando debe ser entendida a partir de su opuesto: la mentira. En la ciencia no existe la mentira, existe el conocimiento verdadero o falso, pero no la mentira. Que un conocimiento sea verdadero o falso no nos afecta demasiado, es exterior a nosotros, pero que alguien nos mienta sí. La mentira nos toca directamente en el alma. El valor de la verdad es directamente proporcional a cuánto pueda afectarnos la mentira. La información falsa no nos afecta grandemente, la mentira ataca directamente a nuestro ser. Y sólo hay mentira en los vínculos humanos. Sin vínculos fuertes la mentira no puede tocarnos y la verdad pierde su valor.

Ese Hermitaño al abandonar el mundo humano para tratar de encontrar alguna verdad, desconoce que, precisamente se está alejando de donde puede encontrarla. La necesidad de verdad es la necesidad de alejarse de la mentira, o de quienes mienten. La verdad concierne al mundo de las personas, y en este mundo algo puede ser verdad o mentira. En el mundo de la ciencia no existe la mentira, existe el conocimiento verdadero o falso. Pero al perder valor el mundo humano, todo se relativiza, y con ello muere la filosofía. Sólo nos queda el mundo del consumo.

lunes, enero 29, 2018



Este título adelanta un rasgo esencial del concepto del amor, el de “camino”. Los psicólogos y posiblemente los filósofos, que saben tanto de cosas que jamás han conocido, gustan del ejercicio de la discriminación y separan la noción de “enamoramiento” del concepto más profundo del “amor”. Según ellos el enamoramiento es una fase transitoria del vínculo amoroso donde prima el comportamiento sexual y surge con fecha de caducidad. La duración de este estado puede rondar en algunas semanas, meses, pero si no ocurre algo que conduzca a una etapa superior de las relaciones, se termina.

Verdaderamente nunca me gustó esta distinción, pues siempre creí que el verdadero amor es el del noviazgo, pues las parejas que más duran felices (porque durar por durar hay muchas) no dejan de ser novios jamás. Pero puedo aceptar que existan dos fases, tal vez más, pero a los efectos de este análisis basta con considerar dos estadios bien diferenciados. Evidentemente existe un primer estadio donde el encantamiento gira en torno a una atracción sexual intensa, se vive la relación en el momento sin pensar en el futuro. Hay lo que hay y punto. Mientras no aparezca nada mejor y la pareja no sufra desgaste por el conflicto, esta etapa puede durar hasta uno o dos años, aunque generalmente se queda en meses o semanas.

Creo mucho en la biología y pienso que el comportamiento de las personas está pautado fundamentalmente por los fines de la especie. Al menos colectivamente, aunque se den muchas excepciones en lo individual. Con esto en mente podemos entender que existan estas dos fases la del enamoramiento y la del amor, porque cada una de ellas cumple una función específica en el mantenimiento de la especie. La primer fase empuja a los miembros de distinto sexo a conocerse. No desconozco los casos donde la atracción se da entre miembros del mismo sexo, y creo que hasta existe una explicación científica que lo justifica teniendo este comportamiento valor para el mantenimiento de la especie, pero no lo analizaré ahora.

Para que la especie sobreviva se necesita la atracción entre miembros del sexo opuesto, pues se necesita descendencia. Pero un miembro de la especie humana no puede valerse por sí mismo hasta luego de unos cuantos años. Si sólo existiera la fase de enamoramiento las mujeres quedarían embarazadas tendrían sus hijos y deberían cuidarlos solitas. Sólo con la fase de enamoramiento la especie humana hubiera desaparecido hace mucho tiempo, pues la carga para las mujeres sería terrible y no podrían valerse solas con el cuidado de los hijos.

La madre naturaleza debió crear el amor para salvar a la especie. ¿En qué consiste el amor? En una energía que interviene para mantener a dos personas unidas en el tiempo para algún proyecto vital, como formar familia y tener hijos, cuidarlos, darles una buena educación, etc. Sin el amor asegurando la unión de las personas por largos periodos de tiempo la especie humana habría desaparecido. Pero ahora puede entenderse el título de este escrito, porque no puede disociarse el concepto de “amor” del de “camino”. Sin un camino que involucre a dos personas no podría darse el amor o, si se dio, terminará. Lo vemos con parejas que luego del criado de los hijos sienten que no tienen más nada que hacer juntas.

El hijo de mis vecinos se ha independizado y se fue a vivir con su propia pareja. El amor de sus padres creo que ha muerto hace mucho. Hacen cosas juntos, ahora están remodelando la casa, también creo que están saliendo de una crisis económica, pero todo lo que hacen juntos parece mecánico, no hay vida, nada los enciende como pareja. La aventura que alguna vez iniciaron juntos ha terminado. Supongo que tratan de reinventarse, de iniciar una nueva aventura, pero no pueden lograrlo.

Es cierto que nunca en mi vida he visto que un amor muerto pudiera renacer. Posiblemente porque en el amor se da un proceso de encantamiento, y al romperse no pueda volver a reencantarse la relación. El amor es una energía que nos empuja a hacer lo que a veces parece imposible, y una vez que tomamos conciencia de este proceso, perdemos la inocencia.

Pienso que todos hemos visto a personas, generalmente muy jóvenes, sufrir por un amor perdido. Ese chico o chica puede creer que nunca saldrá de ese terrible dolor, pero el tiempo todo lo cura y curará a estos chicos. Sin embargo, habrán aprendido algo, a relativizar el amor. Podrán volver a enamorarse, pero jamás como lo estuvieron antes. Además, se enamoraran preparados para perder el nuevo amor si se diera el caso, de manera que no los tomara desprevenidos. Nunca más volverán a sufrir como antes, posiblemente nunca más lleguen a amar con la misma intensidad.

Hay quienes dicen que el amor es una forma de locura, creo que es así, se puede enloquecer una vez, pero luego será más difícil que ocurra. Todo se relativizará, la razón estará operativa para decidir en función de la cabeza antes que con el corazón. El lado bueno de esto es que ya no se volverá a sufrir, el lado malo que nunca se volverá a estar tan vivo como antes. Todo perderá intensidad.

Creo que esto ocurrió con mis vecinos, el conflicto y los problemas los desgastó. Harán cosas, porque antes el hacerlas los hacía felices, pero ahora todo es mecánico. Perdieron la chispa vital y lo saben. Nada puede reanimarlos, ni el juego de la sinceridad. Porque unos de los recursos más viejos para reanimar una relación es el de abrirse, mostrarse vulnerables, ser sinceros. Porque en las películas la sinceridad se premia, pero en la realidad sólo aburre.

Dicen que las dos emociones más intensas son las del amor y la del odio. Es más, no pocas veces uno pasa al otro. Tengo una hipótesis, que el odio en una pareja luego de haber perecido el amor es un recurso para sentirse vivos. Porque nos sentimos vivos al amar o al odiar. Cuando en una pareja se instala el odio puede que aún quede algo de amor. O no.

Pero volviendo al concepto de “camino”, que no puede disociarse del concepto de “aventura”, porque un camino nos atrapa cuando nos ofrece una aventura de algún tipo. El amor necesita de un camino que ofrezca una aventura, y cuando una pareja logra enamorarse del mismo camino, entonces la energía del camino revitalizará la relación. ¿Qué les falta a mis vecinos? Una aventura que los entusiasme a ambos. Pero también ayuda a entender a las parejas gay que alcanzan una gran estabilidad en el tiempo: porque se han entregado a la misma aventura.

Los grandes amores que he conocido han tenido todos un rasgo en común: un gran camino que los uniera, un propósito. Y por supuesto: no poder imaginarse uno sin el otro. Pero no confundir con la amistad, porque una pareja que se ame no se consideran simples amigos, porque cuando esto ocurre sí que se ha acabado el fuego. Cuando hay amor cada miembro de la pareja nutre al otro, le da vida, sentido. En la amistad el compañerismo es un pobre sustituto del amor. Recuerdo cuando falleció la esposa de mi dentista, un hombre de 60 años, el pobre se sintió morir, le llevó años recuperarse, posiblemente nunca se haya recuperado. Porque cuando hay amor resulta insoportable vivir sin el otro. Simplemente no se puede. Esta pareja tuvo hijos, los hijos crecieron, se independizaron, pero la aventura vital entre ellos no acabo. Estos son los verdaderos grandes amores, aquellos que se encuentran por sobre todo, donde el sentido de uno se encuentra en el otro, y sin el otro se pierde la razón de ser. En el amor uno es por el otro, y sin el otro se deja de ser.

Es cierto que los grandes amores son cada vez más escasos, para algunos hasta inconcebibles. Posiblemente porque las grandes aventuras van desapareciendo. Porque el amor va de la mano de la razón de ser, de la intensidad que se es. En un mundo donde se ha perdido la importancia personal, en un mundo donde el consumo y el entretenimiento han ocupado el tiempo y el espacio de las personas, donde se vive pulsando el botón de la recompensa cerebral, el amor no tiene cabida.

Las grandes aventuras han desaparecido de este mundo y con ellas los grandes amores.

martes, enero 09, 2018



Muchas veces se sostienen principios que se convierten en lugares comunes, clichés, y no nos detenemos a pensar en lo que cada uno en verdad representa. ¿Quién puede negar que esperamos que quienes nos rodean sean auténticos, que no traten de mostrarnos lo que no son? Cuando alguien finge lo que no es nos molesta mucho, lo llamamos hipócrita. Pero si alguien es una mala persona, ¿esperamos que sea lo que es? Resulta paradójico que nos moleste que alguien aparente lo que no es, pero que también nos moleste lo que es, como cuando alguien dice todo lo que pasa por su cabeza con el pretexto de ser sincero. Escupen: yo no tengo dos caras, digo lo que pienso. En realidad estas personas que no tienen control sobre sus impulsos no son verdaderamente sinceras, simplemente actúan una falsa sinceridad cuando en verdad están descargando sus impulsos. No tienen control sobre sus impulsos, lo que los vuelve inestables, pues un día pueden defender una posición y al otro, otra. En realidad, estas personas no poseen capacidad para pensar y formarse una opinión, porque pensar implica inhibir nuestros impulsos para elegir expresar el más adecuado según nuestros deseos. La persona impulsiva no posee capacidad de pensamiento, sólo puede expresar sensaciones, pareceres muy volátiles.

No, no queremos que la gente sea lo que es, queremos que sean buenas personas. Para ser buenas personas deberán elegir en cada momento qué hacer, lo que implica deliberación. Si hay elección, quiere decir que nos elegimos de cierta manera en cada uno de nuestros actos. Yo puedo odiar a alguien, detestarlo, pero eso no implica que lo trate mal. Por mantener un comportamiento social correcto, no estoy traicionándome a mí mismo. Si debo contratar a alguien para un puesto que implique tratar al público, no quiero que sea auténtico, quiero que posea competencias sociales que le permitan desempeñar ese puesto de la mejor manera posible. Un médico no tiene que querer a sus pacientes, pero sí debe tratarlos bien y con respeto.

Existe una falsa creencia que considera que si alguien es auténtico no debería detenerse a calcular las consecuencias de sus actos. Es una idea romántica y completamente tonta. La autenticidad no se encuentra en actuar cada uno de nuestros impulsos, se encuentra en no mentir y aceptar nuestro pasado. Una persona incapaz de controlar sus impulsos no es apta para ninguna tarea de responsabilidad. La socialización no implica tanto el modelado del comportamiento, sino en enseñar a controlar nuestros impulsos. De todos los que aparezcan en una situación elegiremos expresar aquellos que sean más correctos a nuestro juicio.

Y a pesar de que todo lo que acabo de escribir sería aceptado por la mayoría, igual no podrían controlar el impulso a seguir repitiendo la frase que titula este artículo. No tanto por falta de autocontrol, sino más que nada por falta de capacidad para pensar antes de expresarse o actuar. Nos encontramos en un periodo histórico donde el pensar se encuentra desprestigiado, donde se alimenta el romanticismo de la acción espontánea, intuitiva, la corazonada. Pero así está el mundo con gente que apuesta a actuar sin pensar seguidos por sus impulsos. Tendencia que encontramos hasta en el ajedrez, de ahí a que el juego cuya esencia sería el pensar, se ha degradado al ajedrez relámpago, donde se mueve más por impulso que por pensamiento, ya que el tiempo que se dispone para pensar es de unos pocos segundos por movida.

Todo el mundo elige una imagen de sí en la que le gustaría convertirse. No está mal, es el famoso “ideal del yo” freudiano. Si no fuera así, viviríamos en la selva, y no podríamos confiar ni en nuestra sombra. Todo el mundo quisiera ser más de lo que es, posiblemente quienes crean que no podrán, sean quienes eligen ser lo que son, profundizando sus rasgos más antisociales.

Ser auténtico no implica ser un cretino. Pero muchos así lo creen, y por eso se empeñan en serlo, porque no pocas veces son premiados por ello. El antihéroe se ha puesto de moda.

lunes, octubre 02, 2017



Cada vez que alguien quiere convencerme de que existe alguna cualidad en el hombre que lo distingue de los animales me resisto a aceptarlo. Muchos sostienen que aquello que nos distingue es la inteligencia. Pero no lo acepto porque nos diferenciamos en cuestión de grado, nada más. Hay especies que tienen cultura como nosotros, hay especies que emplean herramientas, todas las especies disponen de alguna forma de lenguaje (hasta los árboles se comunican a través de señales químicas), hay especies que poseen un alto grado de abstracción siendo capaces, no sólo de manejar conceptos sino símbolos. La inteligencia que poseemos sólo se diferencia de la de las especies inferiores en grado. Pero sí hay algo que puede ser sólo humano: el deseo.

Todas las especies poseen apetencias y necesidades que satisfacer, pero el deseo es un componente humano y sólo humano. Claro, puedo equivocarme, pero no es posible concebir el deseo en las especies inferiores, pues parecen actuar sólo bajo el signo de la necesidad. Pero el deseo humano no tiene objeto. Algunos filósofos y psicoanalistas franceses apoyados en la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel han sostenido cosas como que: el deseo es el deseo de ser deseado. En la obra de Hegel hay un capítulo que trata sobre la dialéctica del amo y el esclavo, donde se transmite la idea de que el amo está preso del esclavo porque lo necesita para ser reconocido en su ser. Sin duda que la energía que alimenta todo deseo nace del narcisismo o de la necesidad de ser reconocido. Sin embargo, este componente de búsqueda de reconocimiento no explica la naturaleza completa del deseo. Otra idea manejada por los psicoanalistas lacanianos es la de que el deseo no tiene objeto. Esta idea sí me parece más acertada, porque creo que todos la hemos vivido de alguna manera. Hemos perseguido algo que deseamos, pero al alcanzarlo descubrimos que no nos llena tal como habíamos anticipado. Posiblemente ni siquiera hayamos anticipado algo. Perseguimos algo sin saber porqué, sólo necesitamos hacerlo. El camino se vuelve más importante que la meta. Pero además, el deseo mantiene esclavizadas a las personas de forma tal que la razón queda completamente anulada. Tenemos dos ejemplos concretos, uno de hace cerca de un año y otro de hace un día. El Brexit en el Reino Unido y el Referéndum independentista catalán. El Brexit es uno de los mayores errores políticos del Reino Unido, no hay forma de explicar qué movió a esa gente a votarlo, al punto de que ahora no saben como llevarlo adelante. Pero un fuerte deseo nacionalista los llevó a embarcarse en el peor error histórico de sus vidas. Lo mismo pasa con el independentismo catalán, el nacionalismo exacerbado los empuja en una dirección, que alcanzada los conduciría al peor escenario posible para ellos. Pero el deseo ha tomado el control sobre esta gente y nada puede detenerlo, es más, tratar de detenerlo sólo lo fortalecería.

Pero así actúa el deseo en el hombre. Los hindúes persiguen la extinción del deseo considerándolo el culpable de todos los males de la humanidad. Pero sin deseo, morimos. Lo podemos apreciar en los grandes maestros hindúes, que parecen estar muertos en vida. Claro, algunos dicen experimentar una intensa felicidad fruto de la autorrealización. Pero creo que una felicidad vacía es un sinsentido.  Pero sí, las religiones nacidas en la India buscan la extinción del deseo y la muerte para detener la rueda de las reencarnaciones. Los hindúes no la han tenido fácil en su historia, que buscaran alguna forma de escapar de la vida puede entenderse. Curiosamente, sólo es posible perseguir algo así cuando el deseo se engancha en la idea de la muerte del deseo.

El deseo en esencia no tiene objeto, pero tratará de engancharse en objetos razonables. Cuando alguien persigue el dinero no decimos que el deseo lo mueve sino que es alguien ambicioso. El amor es, muchas veces, deseo concentrado.

Cuando el deseo se engancha a cosas reales, puede extinguirse al alcanzar aquello que busca y quedar en evidencia la esencia del deseo, en estos casos comienza a debilitarse al llenarse de realismo. Pero algunos han encontrado una forma de mantener el deseo vivo por siempre, la formula es muy sencilla: engancharlo a objetos fuera de este mundo. El gran éxito de las religiones pasa por haber encontrado la forma de enganchar el deseo en cosas fuera de este mundo, al resultar inalcanzables el deseo no puede sufrir el desgaste de la realidad.

¿Por qué la naturaleza ha puesto el deseo en nosotros? Porque sin éste la humanidad entera podía desaparecer. La mayor inteligencia nos brindó una ventaja adaptativa, pero también un terrible problema: la conciencia de nosotros mismos. Algunas especies inferiores poseen también autoconciencia, hasta pueden reconocerse en un espejo, pero en el hombre es demasiado aguda. Esto acarrea un gran problema. Camus, el filósofo existencialista dijo alguna vez que el verdadero y único problema de la filosofía era el de decidir si debíamos seguir vivos o suicidarnos. Posiblemente el pueblo que más ha desarrollado la mente parece haber sido el hindú, y justo ellos con esa gran autoconciencia o despertar, son los que defienden el morir en vida extinguiendo el deseo.

La autoconciencia puede resultar muy dolorosa, porque al despertar de las falsas ilusiones que sostienen la vida de la mayoría de las personas, se cae en un nihilismo difícil de sobrellevar. Posiblemente el número de suicidios en personas inteligentes sea muy elevado. Es más, muchos grandes filósofos han muerto así. Especialmente en Francia, la cuna del existencialismo.

Es un hecho comprobado de que la inteligencia no abunda en este mundo. Habría que preguntarse el motivo. Poseemos un grado de inteligencia tecnológico que nos permite adaptarnos mejor que el resto de las especies, al punto de habernos convertido en una plaga planetaria, sin embargo, como lo hemos visto en los ejemplos que he puesto de nacionalismo extremo, la irracionalidad domina al hombre. Es que si no fuera así, podríamos terminar suicidándonos como parecen querer los viejos hindúes. Si no existiera el deseo para arrancarnos de nosotros mismos y engancharnos en objetivos externos, muchos de ellos colectivos, no nos moveríamos por nada.

Cuando un grupo de personas están dominadas por un deseo se vuelven completamente irracionales. Lo vemos en los fundamentalismos religiosos y políticos de todo tipo. Las personas inteligentes con capacidad para pensar por sí mismos, quedan excluidos de estos movimientos y de casi todo. Pensar por uno mismo implica hacerlo en contra del grupo, que generalmente sostiene principios irracionales como fundamento. A veces son buenos estos principios, pero ello no quita que sean irracionales en su esencia. La democracia parece ser un principio bueno, pero consiste en un sistema de gobierno donde los menos inteligentes determinan el futuro de los pueblos. No voy a decir que haya que acabar con la democracia, pero como puedo pensar por mi mismo y me importa poco cómo caigan mis palabras, sí me atrevo a decir que hay que mejorarla de alguna manera, una de las mejores formas de hacerlo es con una excelente educación y, enseñando a pensar por uno mismo en lugar de adoctrinar, como ocurre en países con fuerte tendencia nacionalista.

En fin, creo que la naturaleza nos dio inteligencia para sobrevivir, pero como se le fue la mano nos dio el deseo para neutralizarla. Siempre que nos encontremos bajo el dominio del deseo podemos estar seguros de que nuestra inteligencia estará bloqueada. Pero sin deseo, podemos terminar muertos en vida. Encontrar el justo equilibrio resulta muy difícil, lo que explica el dolor de vivir de tantas personas.



El problema de aprender de la experiencia es que con cada aprendizaje se muere un poco.

domingo, septiembre 03, 2017



Todos hemos pasado por la experiencia de que aquello que creemos que le da sostén a nuestra vida se derrumba como un castillo de naipes. Claro, luego de un tiempo y superado el duelo levantaremos otro, pero esta vez, si somos medianamente inteligentes, lo haremos con la conciencia de que estamos levantando otro castillo de naipes. Luego de dos o tres derrumbamientos, aceptamos en el fondo de nuestro ser, que la realidad es ilusoria, que aquello que consideramos importante, lo es sólo para darnos importancia a nosotros mismos. Perseguimos grandes causas para valorar nuestros actos y darnos importancia. Lo vemos claramente en los jóvenes, aferrándose a grandes causas humanitarias para sentir que lo que hacen es importante, y si lo que hacen es valioso, ellos también lo serán.

Este impulso jamás muere del todo, pero con la edad, se relativiza. Pero aún así, se mantiene para darnos sustento. La famosa “autorrealización”, no consiste en otra cosa que hacer algo que consideramos de valor. Sostenemos la falsa creencia de que nuestra “obra” nos define, y si llegamos a dejar algo de valor, nosotros seremos valiosos. El componente “narcisista” de la personalidad es necesario para darle sostén a la vida de las personas, sin esta energía no habría obra, no habría cultura, no habría nada.

Pero cuando tomas conciencia de este proceso y, junto a éste, dejan de importarte las personas, cuando no te importa qué puedan pensar de ti y sientes que te gustaría vivir en una isla alejado de todo el mundo, cuesta frenar a los vientos que puedan derrumbar tu castillo de naipes.

Mucha gente lo hace, gente que puede hacerlo, claro. Y para hacerlo se necesita no estar preocupado por el dinero. Si la gente no te importa, si lo que piensen de ti menos, y si además, no necesitas a nadie porque eres independiente, deberás encontrar un lugar para vivir donde no hayan vientos fuertes.

Es como vivir sabiendo que se está algo muerto, pero sin importarte ello. Hace unos días vi en un periodístico entrevistar a un político famoso, pero ya algo retirado de la política. Debe tener unos 75 años o más. Se lo veía bien de salud, sin embargo, en un momento va a decir algo como: “si me da el tiempo de vida podré presenciar tal cosa”. Pero interrumpe su frase a la mitad para agregar, que si se le terminara el tiempo no lo consideraría algo tan nefasto, todo lo contrario. Claramente se percibía un deseo, nada oculto, de poder descansar.

Las personas menos inteligentes pueden mantener por más tiempos las falsas ilusiones, todas lo son. Son los eternos jóvenes, son los que dicen tonteras del tipo: si te sientes joven lo eres. Lo vemos en esos artistas que cuando comienzan a aparecer las primeras arrugas comienzan con las cirugías plásticas. Ayer leí una nota donde se contaba que Sean Connery había reaparecido en un evento deportivo (como espectador, claro). Vi la foto, está muy viejo, tiene 87 años y le cuesta caminar, un amigo lo acompaña y lo ayuda a moverse. Este hombre supo cuando retirarse. No resulta infrecuente que los artistas ingleses acepten que tienen fecha de caducidad, y que se retiren a tiempo. Los norteamericanos no, Silvester Stallone sigue boxeando con su Rocky y seguirá haciéndolo hasta los 100 años. Claro, dirán, pero si su cuerpo le da, es excelente que lo haga. Pero no pasa por ahí la cosa, pasa porque una persona de 70 años persigue lo mismo que cuando tenía 18. Una cosa es sentir que se tiene energía, otra muy distinta querer a los 70 lo que se quería a los 18. Quedarse congelado en el tiempo no es bueno. Pero en fin, si alguien quiere y puede, que lo haga, mientras su castillo de naipes resista, da lo mismo.

domingo, julio 16, 2017



Las emociones crean nuestra realidad.

sábado, junio 24, 2017



Mirando hacia el pasado lo que ha sido Cuaderno creo que el hilo conductor de la mayoría de los artículos ha sido el de denunciar falsas creencias fruto de la incapacidad de las personas de pensar por sí mismas. Muchas veces he dicho que el mundo está como está, no porque hayan unos malos responsables de ello, sino que la causa se encuentra en las mismas personas que, cuando actúan en grupo parece que siempre se equivocan. He dicho también alguna vez que para pensar por uno mismo es necesario hacerlo contra los grupos en los que nos encontramos. Pensar por uno mismo es casi siempre hacerlo en contra de los demás y romper con los lugares comunes.

Un grupo se caracteriza por poseer una identidad que le da sentido, lo que implica un pensamiento unitario aceptado por la mayoría, porque quien lo cuestione (salvo que sea el líder) pierde la razón de continuar en el mismo. Todo gran grupo siempre se ha caracterizado por negar la libertad de pensamiento, porque ejercerla pone en riesgo la existencia del mismo. Los grupos religiosos la tienen fácil con el recurso a la fe, donde se debe aceptar el dogma y punto, sino, serán excomulgados. Cuestionar el dogma implica perder la fe, y perder la fe se castiga con la expulsión del paraíso.

Pero esto que ocurre en los grupos religiosos ocurre en casi todos los grupos. Sólo el líder puede interpretar los dictados de Dios e incentivar algunos cambios de dirección, que siempre lo beneficiará a él. Se habrán dado cuenta del sarcasmo, supongo. Pero es ley que toda dirección marcada por los líderes curiosamente los benefician primero a ellos. Basta con ver lo que ocurre con los gobiernos populistas.

Sin embargo, lo que ocurre con los grandes grupos ocurre con los pequeños. No digo nada que no se encuentre ya dicho en las primeras páginas de cualquier manual de sociología. Lo que posiblemente no sea tan evidente pase por lo inconsciente de este proceder, fundamentalmente en las personas más básicas, las que primero se mueven y luego piensan, o no.

Pensar por uno mismo siempre será un riesgo, riesgo al rechazo. Será más conveniente buscar la aprobación de los demás antes que la desaprobación. La vida de muchas personas depende de ello. Un grupo ofrece pertenencia e identidad, a veces hasta propósito. Arriesgarse a perder todo esto encontrándose en una posición vulnerable no parece buena idea. Por ello, la mayoría de los grandes pensadores de la historia, han comenzado a expresar su pensamiento desde la distancia. Primero se alejan del mundanal ruido, luego se independizan, de manera que no necesiten de la aprobación de nadie para subsistir, luego piensan y más tarde exponen su pensamiento. De cualquier manera, siempre he sentido que tras un pensador filosófico se encuentra la pulsión de muerte empujándolo.

Todo ocurre como si quien desafía el statu quo reinante estuviera cometiendo un acto de suicidio, público, claro, pero suicidio al fin. Hay personas que andan por la vida con un blanco en la espalda y un cartel que dice: mátenme.

Con esta introducción fácilmente puede entenderse la estupidez universal que parece gobernar en este mundo. O se sigue la corriente o se pagan las consecuencias. De esta manera, los menos inteligentes, que siempre serán la mayoría, marcarán el rumbo del mundo en beneficio de sus líderes, que sólo estarán preocupados por su propio beneficio, confiados en que las ovejitas lo seguirán, porque para ellos será el pasto del cielo cuando la causa triunfe.

miércoles, mayo 10, 2017



He visto que, principalmente en las redes sociales, la comunicación se emplea de tres maneras distintas predominando la primera de ellas.

Uno de los usos más frecuentes de la comunicación en las redes sociales es el de la descarga. La gente descarga su frustración en las redes. Es como una función terapéutica sin serlo, porque la descarga expresiva alivia sólo momentáneamente, construyendo un estilo de expresión que se vuelve adictivo y tóxico. Una descarga alivia momentáneamente, pero al no resolver los problemas que alimentan la frustración y puede que hasta llegue a aumentarla, exigirá repetirla una y otra vez, cada vez con más frecuencia e intensidad, convirtiéndose en una forma de comunicación habitual. Lo peor de todo es qué, como no son pocas las personas fuertemente frustradas en el mundo y que comparten fuentes afines de dolor, la interacción en esta modalidad de descarga se multiplica y realimenta cada vez más. Contra un novi@, contra un patrón, contra un político, contra lo que sea. Porque una vez que la frustración crece irá sumando objetos que la puedan sostener.

La segunda modalidad sería la más sana, aquella donde el fin de la comunicación es la comunicación en sí misma, donde pueden compartirse desde intimidades hasta intereses comunes. En este tipo de comunicación las personas se involucran personalmente, pues son comunicaciones de tú a tú. En el primer caso la comunicación es de mí hacia todo lo malo que hay en el mundo, porque tiende a despersonalizarse el objeto de frustración generalizándolo. Pepita se pelea con su novio y en la modalidad de descarga expresará lo malo que son los hombres, cómo engañan a las mujeres, etc., en lugar de hablar directamente de su novio. En la modalidad de descarga el objeto malo se generaliza, Pedro se convierte en los hombres, Juan el político en los políticos, María la doctora en los doctores, etc.

La tercera forma resulta más compleja y se da en personas con personalidades psicopáticas capaces de tomar distancia de los vínculos y emplearlos manipulativamente sin involucrarse realmente en ellos. Son las personas con una personalidad seductora que se comunican para lograr algún propósito definido. Difícilmente expresen emociones que los desborden, porque no se comunican en la modalidad de la descarga. No necesitan descargar nada porque simplemente no viven reaccionando a las cosas, sino que mantienen el control. Pueden experimentar presiones que los llevan a resolverlas, son estrategas antes que llorones. Quien se expresa en la modalidad de descarga no resuelve problemas, sólo se queja de ellos como un niño esperando que alguien los resuelva. Ellos no pueden resolver nada porque viven en un estado de desvalimiento. Son víctimas permanentes.

La diferencia entre experimentar frustración y presión ante los problemas es muy importante. La frustración lleva a la queja, la presión a la resolución del problema que genera la presión. Es más, estos últimos encuentran la presión como fuertemente motivadora, los llena de energía para hacer cosas, el llorón, en cambio, sólo busca formas de escape o que alguien le dé ánimos y le palmeé en la espalda dándole la razón, porque es lo que espera. En la modalidad de descarga el comportamiento expresivo tiene dos propósitos: llegar a quien genera la frustración hiriéndolo de alguna manera, y que alguien les dé la razón. Se busca apoyo y aprobación.

Las personas que se relacionan en la segunda modalidad se vinculan de tú a tú, buscan amistad, compartir intereses comunes, etc. Las que se relacionan en la tercera modalidad, emplean las redes sociales como medio operativo, son profesionales que dan a conocer sus servicios, empresas, etc. Se vinculan desde un rol antes que como personas concretas, salvo que su personalidad sea el medio para alcanzar lo que buscan. por ejemplo, un escritor que desee dar a conocer su trabajo, un político su gestión, etc.

Terminando el artículo no pensaba decir más nada del primer estilo, ya que constituye un estilo patológico que sólo genera más problemas que soluciones. Las redes sociales no cumplen propósitos terapéuticos. Revelar intimidades entre amigos es una cosa, revelarlas a gente desconocida en las redes, no. Es más, luego estas intimidades podrán ser empleadas en contra de quienes las revelen. En general representan a personas con pocas destrezas sociales enojadas con el mundo, que se comunican de esta manera tanto en las redes como en su vida cotidiana con quienes las rodean. Terminan convirtiéndose en lo que se conoce como personas tóxicas, pues, o se entra en su juego acompañándolos en sus quejas eternas, o se entra en conflicto con ellas al tratar de hacerlas entrar en razón. De cualquier manera su toxicidad termina por aislarlos cada vez más de quienes los rodean o, terminan rodeándose de personas semejantes.

lunes, marzo 27, 2017



Un comportamiento ético es aquel que se basa en principios y se lleva adelante aún cuando hacerlo puede perjudicarnos. Es esencial este punto, porque hay quienes justifican un comportamiento no ético porque creen que hay un motivo o razón para ello. Tú confías en alguien cuando sabes que se comportará como debe aún cuando ello le perjudique. Hacer lo que nos conviene lo hace todo el mundo, pocos son los que hacen lo que se debe hacer aún cuando ello los perjudique.

Alguien que hace algo reprobable esgrimiendo una razón de conveniencia es alguien en quien no se puede confiar. Lo curioso es que mucha gente actúa de esa manera justificando su comportamiento como excepción debido a las circunstancias. Lo peor de todo es que muchas de estas personas gustan de enarbolar continuamente la bandera de la ética.

No es de extrañar ese comportamiento, el psicoanálisis ha mostrado cómo las personas que viven señalando a los demás sus errores y hablando de lo buenas personas que son, son precisamente las que más fallas éticas tienen. Es más, hasta es tema recurrente en el cine. Un superyo crítico siempre antecede a un comportamiento no ético. Se le conoce como hipocresía. En los ambientes religiosos es donde más vemos este tipo de cosas. Gente que ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Siempre que alguien defensor de la ética pretenda justificar un comportamiento no ético porque no le convenía, díganle que la ética se basa en principios y no en conveniencias personales. Y por esto es por lo que el comportamiento ético es tan difícil de encontrar, porque no conviene a la mayoría, y la mayoría hace sólo aquello que le conviene.

Un comerciante sabe que si vende un producto fallado, debe reponerlo y compensar al comprador aún a costa suya, porque sino su nombre quedará marcado para siempre y los clientes perderán la confianza en sus productos. De poco le servirá defenderse con que no le conviene resarcir a su cliente por el producto fallado, porque la gente espera que actúe de forma correcta y garantice sus productos.

Así es con todo el mundo. Se espera que las personas hagan lo que deben hacer, especialmente cuando ello les perjudique, porque ahí es donde la ética queda plenamente justificada. También se espera que quienes no lo hagan por lo menos no sean tan hipócritas como para pasearse por el mundo con la bandera de la ética cuando ya han perdido la confianza de todos.

domingo, marzo 05, 2017



La esencia de lo inconsciente consiste en retornar.

viernes, marzo 03, 2017



Somos nuestra historia, por eso es tan difícil cambiar.

jueves, febrero 23, 2017



Sólo podemos odiar a alguien por no ser como queremos que sea.