viernes, julio 03, 2009

Miedo, Inhibición

Todos los trastornos del comportamiento que no sean de origen orgánico tienen una única fuente: el Miedo. Todos los trastornos del comportamiento consisten en alguna forma de inhibición, en una forma de tratar con lo que se teme. Se puede temer a un peligro real o a un peligro imaginado, cuando el temor se sale de cauce es cuando se vuelve potencialmente peligroso. El miedo justo es necesario para la vida pues nos conduce a adoptar las precausiones necesarias para enfrentar los problemas que se nos pueden presentar. No existiría previsión sin temor, es más, a veces es necesario incentivar el miedo para forzar a una persona a que haga algo por resolver sus problemas. Pero cuando el temor es imaginario, cuando se anticipan peligros potenciales en forma incontrolada se termina en la parálisis existencial, en la depresión, en las crisis de pánico, etc.

martes, junio 30, 2009

¿En qué consiste la Metafísica?

El SER es una Idea, como lo es la NADA, la metafísica consiste en tomar las ideas como lo real y lo real como una manifestación de la idea, mientras que el pensador serio investiga lo real ayudándose con ideas para representarla, el metafísico estudia las ideas como lo puede hacer el geómetra con sus figuras.

Claro, un triángulo perfecto o un círculo perfecto jamás se encuentran en la realidad, por lo que el geómetra experimenta disgusto por lo real que sólo constituye una versión imperfecta de la idea, idea que debería ser perfecta.

El metafísico parece no darse cuenta que las ideas son construcciones del hombre para representar los objetos con los que interactuamos y toma esos símbolos como entes reales.

martes, junio 23, 2009

La valoración de una situación

Quienes me leen desde hace algunos años están acostumbrados a que presente ejemplos tomados del juego de ajedrez para ilustrar mis pensamientos. Al igual que Gary Kasparov en su último libro Como la vida imita al ajedrez, creo que los juegos de estrategia representan un aspecto muy importante de la vida.

Tanto en el ajedrez como en el GO, un rasgo que determina la habilidad de un buen jugador es su capacidad para realizar valoraciones de la posición. Supongo que muchos de ustedes conocen personas que poseen una gran inteligencia para algunas cosas pero donde esa inteligencia no se refleja en el estado total de su vida. Un matemático puede elevarse a niveles insospechados en sus abstracciones matemáticas pero no ser capaz de percatarse que lleva los cordones de los zapatos desatados y pisárselos a cada rato provocando una caída tonta. Un filósofo puede hablarnos por horas acerca del SER y la NADA presentándonos argumentos increíblemente complejos y al rato mostrarnos que no es capaz de distinguir una gallina de un pato. Podría extenderme por horas en ejemplos como estos pero lo importante a destacar es que existen personas que poseen una gran inteligencia para algunas cosas pero que en el vivir cotidiano o fuera del área de manifestación de la inteligencia de la que hace gala parece ser un tonto. Un ejemplo claro de lo que digo se dio cuando algunos investigadores descubrieron que las personas que poseían un mayor Coeficiente Intelectual en sus estudios universitarios no eran necesariamente quienes más adelante destacaban en sus vidas ni en sus carreras, por lo que debieron desarrollar el concepto de inteligencia emocional, concepto que medía las aptitudes de las personas para su relacionamiento, aptitud a veces más importante que la inteligencia requerida para resolver problemas abstractos.

Kasparov fue el más grande jugador de ajedrez, pero además fue uno de los más grandes estrategas ajedrecísticos, pues logró posicionarse como el mejor jugador sin ponerse en riesgo como lo han hecho otros jugadores de perder Elo arriesgándose en partidas reales de campeonato. Digamos que su gran habilidad consistió en elegir los desafíos que podía ganar y mejorar su imagen y rechazaba los que lo colocaran en riesgo de perder Elo y donde poco ganara con ganar. Su riqueza proviene de lo obtenido en los enfrentamientos que tuvo en la arena ajedrecística, pero también y más aún, en la venta de publicidad con su imagen. Por ejemplo, una de sus últimas empresas se encarga de vender tableros y juegos de ajedrez Kasparov, que poseen la característica que la altura de las piezas se encuentra en relación con el valor de la pieza en el juego. Así la torre es más alta que el alfil y el alfil más alto que el caballo.

Muchos recordarán la historia de Boby Fisher, tal vez el más grande jugador de todos los tiempos, con una inteligencia superior a la de Einstein, pero que fuera del terreno ajedrecístico parecía un niño de 7 años incapaz de resolver los problemas menos complicados de la existencia.

En ciencias podemos encontrarnos con los investigadores más diversos, grandes investigadores en matemáticas, semiconductores, algoritmos de programación, etc. Pero probablemente estos investigadores no sean grandes realizadores, en cambio, tenemos el perfil del ingeniero formado en todas estas áreas pero que debe realizar una obra. El perfil de ingeniero es integrador de muchas disciplinas, es creador. Debe tomar elementos de muchas disciplinas e integrarlas creativamente en la obra que desee realizar.

En el terreno del ajedrez, como ocurre con muchos deportes, se encuentran los analistas capaces de encontrar las variantes más ocurrentes que imaginarse pueda, pero que a la hora de jugar su fuerza de juego no supera la de un aprendiz adelantado.

¿Qué falla con estos analistas, qué les falta para igualar a un campeón de ajedrez? ¿Qué le falta al investigador científico que posee una destreza increíble para arrancarle sus más tenaces secretos a la naturaleza pero que puede que sea incapaz de crear una obra compleja? Lo que les falta a estos expertos parciales es algo que en ajedrez y en el GO se le conoce por capacidad para valorar una posición o situación.

Esa aptitud que se llama intuición y que descubrimos en algunas personas, una especie de comprensión total de una situación, una especie de comprensión inconsciente, porque el sujeto sólo se da cuenta de las cosas con un golpe de vista, golpe de vista que le permite orientarse en la situación, es la aptitud que hace la diferencia. Esa intuición depende de la experiencia, un jugador de ajedrez va desarrollando su capacidad para valorar las distintas posiciones de juego a partir de mucho jugar. En cambio, el analista que parece poseer tanta inteligencia para comentarnos un juego y darnos a conocer todo lo que el mismo jugador no vio, desarrolló su destreza para el análisis a partir del análisis de partidas y no tanto por jugarlas.

Esto puede explicarnos por qué un filósofo puede parecernos un gran conocedor de la vida con sus impresionantes análisis y no ser capaz de resolver los problemas cotidianos. Se aprende algo a través del análisis pero se aprende más jugando al ajedrez. Se aprende algo analizando las situaciones existenciales, pero más se aprende viviendo, porque al vivir se desarrolla la aptitud inconsciente para valorar las distintas situaciones.

La capacidad para abstraer es esencial para desarrollar la aptitud de realizar valoraciones complejas de situación, pero cuando esa capacidad está acompañada de la experiencia, pero cuando no lo está esa capacidad para abstraer tiene el efecto inverso, la de confundir y perder al pensador en laberintos infinitos, como ocurría con Borges, debido a que esa capacidad no ha sido nutrida con el material vital imprescindible para permitirle brillar con eficacia real. La abstracción es imprescindible para despegarnos del momento y para proyectarnos en un eje temporal, pero si no está enraizada en una rica experiencia puede ser contraproducente, las filosofías más ridículas se han construido con grandes argumentos y poca experiencia. Claro, sin capacidad para la abstracción no podemos procesar eficazmente nuestra experiencia.

En síntesis: valorar una situación implica poder captar todos los elementos que la componen junto con nuestras posibilidades de realización y ponderar así, las mejores líneas de acción.

El charlatán es aquel para quien todos los caminos son posibles y aparentemente con igual dificultad, pero con dificultad mínima. Para ser más claro, el charlatán es aquel para quien todo es posible y casi sin esfuerzo. Le llegan infinidad de ideas ante cualquier asunto, curiosamente se queda sin ideas ante sus propios problemas. Claro, es entendible, siempre es más fácil arreglarle la vida a los demás.

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Un amigo me hizo un comentario a este artículo y yo le respondí:

Así es, mi estimado amigo!

En muchas empresas se contratan a grandes Asesores para que hagan un diagnóstico de la empresa y que desarrollen un plan para solucionar los problemas por los que se les consulta. Los Asesores realizan el diagnóstico y venden una solución, la empresa lo aplica, si sale bien es gracias al Asesor si sale mal es culpa de la empresa que no siguió al pie de la letra con los lineamientos sugeridos.

Ahora bien, algunas empresas van más lejos en lugar de contratar un Asesor o a una empresa de asesoramiento contratan directamente al Asesor para que se convierta, por ejemplo, en el gerente de Recursos Humanos o de Planificación Estratégica, de forma que no sólo asesore sino que además lidere el cambio esperado. Bueno, aquí es cuando se presentan los problemas, ese asesor como Gerente de RRHH o de PE resulta ser un completo inútil.

En mi país hace algunos años contrataron como Ministro de Educación a uno de los expertos regionales más reconocidos, asesor de aquí, asesor de más allá, analista de problemas de educación, etc., etc., etc. Todos pensamos que así tendríamos un superministro que lideraría los cambios relacionados con la educación, y, para asombro de todos, fue un completo inútil que no supo resolver los problemas más sencillos.

Tenemos el caso de los psicólogos, personas encargadas de ayudar a que las personas solucionen los problemas de sus vidas, pero donde ellos mismos no son capaces de solucionar los propios.

Todo esto tiene su explicación, cuando abstraemos una situación y la examinamos desde todos los ángulos posibles se nos aparecen cantidad de caminos a seguir, los más extravagantes son los preferidos debido a que así es cómo un pensador se muestra más ocurrente. Ese pensador se puede llegar a vanagloriar de poder encontrar en teoría soluciones que otros no ven, pero no se da cuenta que si los que están trabajando en la situación no la ven es por algo, y no porque no se les ocurre verla, sino porque reconocen al toque que no pueden llevarla a cabo.

El jugador de ajedrez no explora todas las posibilidades, intuitivamente reconoce a golpe de vista las líneas que mejor pueden llevarlo al triunfo y descarta sin analizar las que considera poco viables.

Posiblemente sea por estos motivos por los que en el campo del arte los críticos sean tan criticados, y en otras áreas los grandes analistas sean considerados como simples charlatanes, porque el rasgo común en el charlatán parece consistir, no en una falta de lógica y razón argumentativa perfecta, sino la incapacidad de valorar la viabilidad de las soluciones. Le falta ese sentido común tan criticado, pero que es el olfato con el que los grandes realizadores hacen lo que otros no pueden hacer: elegir el camino correcto.

A todo esto, como bien decís, existen muchas inteligencias y destrezas posibles en el hombre, cosa que hoy se estudian como inteligencias múltiples, dónde esas inteligencias se manifiestan muy elevadas por separado pero donde el poseedor a veces no puede integrar en la realización de una tarea.

Como el director de orquesta encargado de coordinar a tantos músicos e instrumentos distintos en la realización de una obra sinfónica, el realizador debe ser capaz de integrar todas sus destrezas en la realización de su obra.

martes, junio 16, 2009

Ciencia vs Filosofía

Cuando se conversa con personas interesadas en la filosofía y con estudiosos de ésta se descubre que en su mayor parte los filósofos menosprecian a la ciencia. Aceptan sus logros en materia tecnológica y de control de los elementos físicos del mundo, digamos su utilidad, pero consideran a los científicos como imbéciles que sólo producen conocimiento fragmentado del mundo que vuelve a este mundo más incomprensible. Según su criterio, estos pobres científicos se especializarían cada día más y en la misma medida se incomunicarían más con quienes se encuentran investigando a su lado -mientras más se profundiza en el conocimiento del árbol menos se consideraría el bosque en su conjunto-. Para el filósofo el científico es un tarado que penetra en un punto de la realidad, pero que mientras más profunda es esa penetración de menor tamaño es el objeto. Como si se pudiera estudiar el ojo de una persona independientemente de todo el organismo.

El único conocimiento real del mundo es el conocimiento científico, pero los filósofos hablan como si hubiera otro más elevado. Claro, cuando se los aprieta un poco para que nos revelen ese “supuesto saber más elevado” pueden dar a entender que primero es necesario purificarse en el horno alquímico de la formación filosófica para poder vislumbrar las mieles de este saber tan elevado, o, hablarnos de cosas tan generales como espiritualidad, metafísica, holismo, ética, etc. Pero cuando nuevamente se los aprieta un poco más se descubre que no saben qué decir.

De las primeras cosas que hablan es del poder totalizador del conocimiento filosófico, y para las mentes jóvenes e inocentes resulta bella esta imagen, pero claro, para totalizar de alguna manera el conocimiento primero hay que tenerlo, y para asombro de los desprevenidos, podemos encontrarnos con que estos filósofos totalizadores no poseen conocimientos científicos relevantes. No saben por donde está yendo la ciencia en estos momentos. Su divorcio de la ciencia es prácticamente total. Pero esto es entendible, si los científicos al investigar el mundo deben especializarse cada vez más reduciendo su objeto de estudio, de forma que en la cabeza de un científico habría profundización en su objeto pero desconocimiento del resto de las cosas por lo complejo del mundo, ¿cómo podría un filósofo reunir en sí lo que no pueden reunir los propios investigadores?

Como no pueden reunir en sus cabezas el conocimiento total, terminan en la posición del sofista y del dar a entender que el camino del conocimiento pasa por el de la meditación filosófica, pero sin proporcionar muestras de ese trabajo que en verdad nos sorprendan, pues mucho del trabajo filosófico actual no pasa de ser meras caricaturas de lo que es el mundo real.

Si un científico fuera un estúpido que sólo sabe mucho de lo suyo y cada vez menos de lo que otros saben, entonces no se podrían construir naves espaciales, sistemas tecnológicos de complejidad creciente, etc.

La supuesta ceguera del científico que sólo sabe de lo suyo y cada vez menos de lo que sabe su compañero investigador cae por tierra con los logros tecnológicos cada vez más complejos. Para crear complejidad es necesario tener conocimiento de lo complejo.

Ahora bien, por el lado de la investigación científica nos encontramos con que los resultados tecnológicos desmienten la estrechez de miras del científico –porque hay que recordar que el término “holístico” proviene de la ciencia- pero por el lado del trabajo filosófico nos encontramos con que el filósofo se ha convertido en un simple sofísta, expulsado hace mucho tiempo de la producción real de conocimiento, por lo que sólo le queda la tarea de opinar y aparentar poseer algún rasgo que lo distinga del científico. Mientras que la tecnología justifica plenamente al científico, los trabajos filosóficos no justifican de la misma manera al filósofo. Esto lleva a que el filósofo se vuelva cada día más oscuro en sus textos, más críptico. Que en su discurso apele continuamente a la tradición filosófica donde sus opiniones estarían fuertemente sustentadas por textos que nadie conoce. Esto hace que el filósofo sea más incomprensible cada día y por ende transmita la sensación de mayor profundidad en su pensamiento. Se idealiza lo que no se conoce, y mientras menos se conozca realmente el pensamiento de un filósofo más se lo admirará. También se cultivarán nuevamente las ramas de la filosofía conocidas por hermenéuticas, pues los textos demandan ser interpretados para poder ser comprendidos. Así, el saber del filósofo se va acercando al dogma religioso provisto por los textos sagrados.

Mientras que la tarea del científico se vuelve más clara la del filósofo se vuelve más oscura, y mientras más oscura más misteriosa, y muchos desearían poder desarrollar discursos tan o más oscuros que el de esos grandes filósofos tan admirados de donde cada día se lee menos de ellos y se los admira más.

Poco a poco el filósofo se va convirtiendo en comentador, exégeta de textos, en ese especialista que nos acerca el saber que los grandes pensadores de la tradición nos han legado, pero que para poder acceder a éste necesitamos de la intervención de un especialista educado en el arte de comprender lo que los mortales no podemos comprender solitos.

La figura del filósofo mientras más inútil se va volviendo con el paso del tiempo más misteriosa y admirada se vuelve. El filósofo, que hoy hasta se da el lujo de unir tradiciones como la oriental y la occidental, se ha convertido en una especie de gurú por el que las chicas lanzarían las húmedas bombachitas a su paso.

Ninguno de estos comportamientos es extraño, el hombre se ha caracterizado por buscar el misterio, lo desconocido, e idealizarlo. Cada época tiene su espacio de búsqueda de misterios. Se idealiza algún arquetipo hasta que se agota y se pasa a otro.

Muchos de mis lectores creen que yo idealizo a la ciencia, que la admiro y que por ese motivo critico las pretensiones de omnipotencia en el campo del saber de los filósofos. Para nada, simplemente soy un buscador de la verdad y me gusta destruir las falsas pretensiones. Pretensiones que siempre se alimentan del desconocimiento. Antiguamente el número de profesionales era mucho menor que en la actualidad, eso hacía que hubiera pocos ingenieros, pocos médicos, pocos arquitectos, etc., y sus figuras eran más valoradas y se creaba como una separación entre ellos y el resto de los mortales. La figura del médico proporcionaba tranquilidad, bastaba su palabra para comenzar el proceso de sanación. La figura del ingeniero infundía respeto, alguien que dominaba el conocimiento para construir grandes puentes, o máquinas de enorme complejidad. Sin embargo, hoy tenemos profesionales en todas las ramas a muy corta distancia de nosotros, podemos tener a varios médicos o ingenieros en la familia, arquitectos, químicos, abogados, etc. Podemos serlo nosotros mismos, por lo que el misterio desaparece y esas personas caen de su pedestal volviéndose simples personas que pueden destacar un poquito en alguna actividad, pero nada más. Hoy se puso de moda la carrera filosófica y todo lo relacionado con las humanidades. Da la impresión que los vagos buscaran un camino fácil para obtener reconocimiento y alguna forma de vivir. Así es como las carreras humanísticas se llenan de aspirantes creyendo que con sólo pensar un poco y escribir otro poco se puede alcanzar cambiar al mundo. Pero la mayoría de estos aspirantes terminan como profesores y nada más. Podrán escribir algún texto que no pase del comentario de viejos autores, podrán exhibir ese texto como un gran logro y quienes no los lean podrán admirarlo, pero no pasarán de ahí.

La gente no lee tanto a Nietzsche porque crea que hay algún conocimiento importante ahí, sino que lo lee porque se lo lee y considera importante, toda persona culta debería leerlo. Los textos filosóficos no son leídos por las grandes mayorías, de ahí a que la influencia de los textos filosóficos es prácticamente nula en la vida de las personas. Claro, aquí nuevamente el filósofo para defenderse dirá que las ideas que manejan las personas en forma habitual fueron antes desarrolladas por los grandes filósofos y así pasaron al acervo cultural de los pueblos, aunque estos no conozcan las fuentes originales. No es cierto. Basta con conversar con los profesores de filosofía para descubrir que ni ellos conocen verdaderamente el pensamiento real de los grandes filósofos, y que al igual que el vulgo, sólo conocen a los pensadores por caricaturas o clichés, a Sócrates por el famoso “sólo sé que no sé nada”, a Descartes por “pienso luego existo”, etc.

Desgraciadamente el filósofo actual ha quedado reducido a simple sofista que debe darse importancia de alguna manera, cosa fácil con quienes no saben de filosofía, y con un poco de habilidad retórica se podrá envolver a alguien con jueguitos de palabras y alguna ocurrencia.

El filósofo hoy no es un pensador comprometido, un pensador que tenga alguna influencia real en la marcha del mundo, por lo que se siente mal. El famoso librito “Más Platón y menos Prozac” que pretendió darle utilidad a la filosofía sustituyendo a la psicoterapia hizo creer a muchos que leyendo algún texto de filosofía se podían convertir en ayudadores profesionales, pero no, con filosofía no se sustituye a la psicoterapia formada en la ciencia. Porque la esencia de ese libro y de las pretensiones filosóficas pasa por hacerle creer a las personas que la psicoterapia consiste en levantarles el ánimo a las personas y darles un sentido a sus vidas, y que eso es lo que hace la filosofía, es más, creen que el filósofo es una especie de terapeuta social, pero no es así, esas creencias del colectivo están equivocadas y parten del desconocimiento de la ciencia del comportamiento.

El filósofo hoy ha quedado reducido a ser un mal sofista y peor opinador.

lunes, junio 08, 2009

La Verdad Absoluta

¿Cómo se distingue a un filósofo o pensador serio de alguien que se guía por impresiones generales en torno a las cosas pero sin tener la más mínima idea de lo que está hablando? Generalmente se distingue por un conjunto de temas que se abordan de la misma manera por parte de quienes no saben. Por ejemplo, cuando se habla de la realidad lo primero que esgrimen como acto reflejo es el pedido de definición acerca de qué cosa sea la realidad. ¿Para qué perder el tiempo tratando de esclarecer algún tema filosófico con quien necesita que se le defina qué cosa es la realidad? Si está tan perdido o desorientado, mejor que se dedique a cualquier actividad que no le demande una mediana capacidad para pensar, porque estará completamente perdido. El otro cliché se da cuando se aborda el tema de la verdad. Sin pensar lo primero que dicen es que “la verdad es relativa”. Lo segundo que se dice sin pensar es que “la verdad absoluta no puede ser conocida”. Estas frases que se repiten una y otra vez por quienes no tienen idea de lo que están hablando, es lo que me ha motivado a escribir este artículo. Porque para hablar de algo por lo menos hay que tener una cierta idea de lo que se está hablando, y estas personas demuestran que no saben ni siquiera qué cosa es la verdad, pero a pesar de no tener idea de lo que sea la verdad, creen que están en condiciones de proporcionar afirmaciones absolutas, y más absolutas mientras menos saben acerca de ella.

Quien hable de la verdad absoluta ya nos está dando a entender que no sabe de qué está hablando. Para comenzar la verdad sólo incumbe a lo conocido, no tiene sentido hablar de poseer la verdad de lo que no se conoce, porque la verdad concierne a aquello que se dice acerca de lo conocido. Por ejemplo, en este momento es de noche, esto es verdad y fácilmente constatable. La verdad concierne a la adecuación de lo dicho acerca de un fenómeno con respecto a ese fenómeno. Las verdades más inmediatas son las descriptivas, las que simplemente pasan por una constatación del estado o características de algún objeto. Pero luego vienen aquellas verdades más complejas en el sentido que hacen referencia a características de un objeto ideal o fenómeno y que se conoce por una teoría. Una teoría explica un fenómeno o conjunto de fenómenos, y a veces va mucho más lejos de lo que está ocurriendo ahora de manera que puede explicar cosas que ocurrirán en el futuro si se dan ciertas condiciones para ello.

Disponemos de la tecnología gracias a que poseemos conocimiento científico acerca de una gran cantidad de fenómenos, ese conocimiento nos permite construir computadoras, naves espaciales, dispositivos de lo más variados, etc. En eso consiste la verdad, en conocer acerca de algún fenómeno, conocimiento que nos permitirá controlarlo según nuestros deseos. El control que logramos es una de las pruebas de nuestro conocimiento acerca de los fenómenos involucrados. Conocemos sobre electricidad, electromagnetismo, semiconductores, química, biología, etc.

Claro, a veces ese conocimiento no es total. Por ejemplo, cuando estudiamos la naturaleza de la luz nos encontramos con algo muy extraño, a veces la luz se comporta como partícula y otras como onda. Por este motivo existen dos grandes teorías acerca de la naturaleza de luz. A veces debemos emplear una de estas teorías y en otras ocasiones la otra. Esto sólo quiere decir que el conocimiento que tenemos de la luz es insuficiente por ahora para construir una teoría que dé cuenta de todas sus características, pero algún día tendremos un mejor conocimiento y estaremos más cerca de formular una teoría acerca de la luz.

El gran punto retórico del que se aferran compulsivamente quienes quieren defender el pensamiento mágico pasa siempre por decir que no se conoce todo, que la ciencia no lo conoce todo y que a veces debe corregirse, y que un día dice una cosa y unos años más adelante dirá una cosa distinta. Claro, estos clichés retóricos funcionan con quienes nada tienen en la cabeza, porque precisamente estas correcciones de la ciencia indican un acercamiento cada vez mayor en el conocimiento de los fenómenos, por lo que se profundizará en el conocimiento de la verdad. Los que pretenden emplear estos argumentos de catecismo para chicos de 7 años como argumento probatorio de que la ciencia es insuficiente y que quedan abiertas las puertas al misterio y las creencias de cualquier tipo, no se dan cuenta –o se hacen que no se dan cuenta- que una creencia es sólo una explicación, como lo es una teoría científica, pero que mientras una teoría científica se fundamenta en la experiencia y exploración de la realidad, la creencia simplemente se inventa a gusto del inventor. Tampoco se dan cuenta que la cosa no pasa sólo explicar un fenómeno, sino por disponer del conocimiento que nos permita controlar el objeto explicado.

Una teoría verificable que nos diga que una enfermedad como la gripe A es debida a un virus nos permite crear una vacuna y medicamentos útiles para curarla, mientras que una explicación que pudiera decir que es un castigo de los dioses porque nos hemos portado mal no nos permite hacer nada porque la enfermedad se debería a la voluntad de los dioses y ellos tendrían el control total.

Repito: la verdad concierne sólo a lo conocido y nos informa acerca de cuánto conocemos acerca de algo, no a lo desconocido, por lo que hablar de “verdad absoluta” es una completa tontera. Quienes introducen la idea de “verdad absoluta” como si la ciencia tuviera esa pretensión, cometen un error voluntario para conducir el debate sobre el conocimiento científico a un terreno que no es el de la ciencia. Pero además, quienes hablan de “verdad absoluta” demuestran que no tienen la más mínima idea de qué cosa sea la verdad, por lo que simplemente repiten como loritos los clichés que rondan por las cabecitas de quienes no saben de lo que hablan.

Tampoco tiene sentido decir que la “verdad es relativa”, porque lo que se dice acerca de un fenómeno puede ser verdad o no, o, puede que lo que se diga sólo sea una aproximación verificable en algunos pocos casos. A medida que se investigue más se sabrá más. El gran error de los relativistas es que confunden hipótesis heurísticas con posesión del conocimiento. Las hipótesis son ciertas guías para investigar un fenómeno, nada más. Y un científico tiene muy claro cuando trabaja con hipótesis heurísticas y cuando posee un profundo conocimiento acerca de su objeto de investigación.

Para sintetizar el tema de la “verdad” basta con decir que la “verdad" es una especie de medida de cuánto se conoce acerca de un fenómeno.

lunes, mayo 11, 2009

El mundo de las personas está formado por múltiples espejos en los que tratan de encontrarse. No lo logran. Y muchas veces ni les gusta lo que ven reflejado. Pero aprenden, aprenden a reflejar sus mejores ángulos, a crear efectos de reflejos bien calculados... y así, a veces, hasta alcanzan algo de felicidad.

martes, mayo 05, 2009

Cuando el encantamiento se rompe no puede ser restablecido, sin embargo, muchos requieren de tiempo para poder aceptarlo definitivamente, deben realizar un proceso de duelo.

domingo, abril 19, 2009

Borges dijo que somos tiempo, el motivo por el cual lo dijo era porque en esencia somos memoria.

viernes, abril 17, 2009

El sentimiento de Culpa

El sentimiento de culpa posee una particularidad muy interesante. Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando percibimos este sentimiento en alguien es que esa persona hizo algo por lo que ahora experimenta culpa. Pero no es así, las personas difícilmente experimentan culpa por lo que han hecho, aunque claro, manifiesten culpa para obtener el perdón por lo que han hecho cuando es reprobable.

El sentimiento de culpa comienza a formarse en la niñez, de esto no queda duda, es más, es un sentimiento cuya forma está determinada genéticamente. Se manifiesta en todos los pueblos, especialmente en pueblos donde han sufrido mucho por causas ajenas a ellos. La idea de "sacrificio" para expiar las culpas se encuentra en todos los pueblos.

Profundicemos ahora en la conformación de este sentimiento. Un niño sufre una pérdida importante, o en su medio se produce una pérdida importante, como el niño se encuentra aún en la etapa del pensamiento mágico y se siente el centro del universo, refiere todo lo que pasa a sí mismo. De esta manera creerá que lo que ha ocurrido es por su culpa.

La idea del pecado original nació en el pueblo judío, y es entendible que el pueblo judío haya inventado la culpa -como habitualmente se dice en broma-, o su cultivo. Los judíos vivieron casi toda su historia en cautiverio o siendo rechazados por otros pueblos que los consideraban extranjeros y peligrosos. Es entendible que si debieron sufrir tanta persecución y esclavitud sintieran que algo habían hecho para merecer ese castigo. De aquí que debieron inventar la idea del pecado original para dar cuenta del sentimiento que los agobiaba tanto. Se encontraban tan agobiados que necesitaron de alguien que expiara la culpa de todos los hombres a través del sacrificio ejemplar de un solo hombre, como fue Jesús.

Estuvieron tanto tiempo en cautiverio y luego siendo perseguidos y exterminados, que no les quedaba otra alternativa que sentir que lo que les ocurría se lo merecían por algo muy malo que habían hecho. "El hijo pagará los pecados del padre". Algo así se lee en la Biblia.

Lo curioso con el sentimiento de culpa es que sólo existe una forma para aliviarlo, y es recibiendo algún castigo. Quien se siente culpable buscará la forma de ser castigado, hará algo, se colocará en situación para que ocurra. Y claro, si ocurre entonces se justifica el sentimiento de culpa y aumentará, por lo que nuevamente se pone en marcha el ciclo: culpa-castigo-aumento de culpa-castigo. En la psicología criminal es posible constatar cómo los delincuentes cometen errores tontos como para ser atrapados y castigados. Muchos delincuentes comienzan su andadura luego de que sus padres o su medio los ha humillado y hecho sentir culpables. Muchos padres tratan mal a sus hijos y la sanción verbal pasa por decirles que son malos, muy malos, que se convertirán en malas personas, que terminarán en la cárcel, etc.

Sí, el sentimiento de culpa está determinado genéticamente y es una respuesta al medio en las etapas formadoras de la personalidad cuando se producen fuertes pérdidas que el niño termina atribuyéndoselas a sí mismo, pues por su carácter autoreferencial y por su pensamiento mágico, no le queda otra. Este proceso se encuentra en todos los pueblos del mundo, reforzados en aquellos donde las condiciones ambientales lo estimulen, y la salida psicológica que han encontrado es la de crear dioses sádicos y vengadores y el camino del "sacrificio" para apaciguar a estos dioses. (Aclaración, aunque se sea ateo igual existe este sentimiento de culpa actuando de la misma manera, y, como no tiene demasiado sentido el sacrificio cuando se es ateo sólo queda ponerse en situación de recibir un castigo que alivie temporalmente el sentimiento de culpa, aunque más adelante ese sentimiento se incremente por la confirmación.)

El gran problema con estas personas cuando el sentimiento de culpa es tan intenso es que este sentimiento termina configurando su mundo. Muchas veces estas personas ni siquiera están enteradas de que se sienten culpables, pero a través de una sintomatología variada se puede captar este sentimiento. En síntesis, estas personas no pueden dejar de expresar este sentimiento tan intenso. Muchas veces un fuerte y persistente dolor de cabeza, articular, un repetido conjunto de accidentes que mantienen lastimada a la persona, etc., son una manifestación de este sentimiento y del castigo recibido, pues al sufrir se apacigua el sentimiento de culpa.

Repito: en la mayoría de los casos el sentimiento de culpa es completamente inconsciente, y sólo se detecta por cómo vive la vida la persona y por las cosas que le ocurren. Vidas muy accidentadas generalmente revelan la acción de un intenso sentimiento de culpa.

miércoles, abril 15, 2009

El valor de la Opinión pasa por permitir formar un Pensamiento Propio.