sábado, octubre 19, 2013



En el existencialismo sartreano se expresa la idea de que el hombre no tiene una esencia fija y que puede construirse una propia a partir de sus actos y elecciones. Una completa mentira cuyo único propósito es del hacer responsables a las personas de sus actos y, especialmente de sus no actos. El argumento que se escucha en filas de esta corriente es el de que nadie puede decir “hice esto porque así soy yo”, en lugar de asumir la responsabilidad de los actos propios. Es una filosofía que pretende empujar a los ciudadanos a la acción política con una pequeña trampa lingüística. Mis actos no me definen, porque puedo actuar en contra de mi naturaleza.

Encontramos todos los días personas que fingen ser lo que no son, ¿cómo lo hacen? Con apariencia y actos que pretenden mostrar virtudes que no poseen. En cada elección presidencial vemos al candidato de turno recorriendo el país, interesándose por las personas -claro, en ese mes-, besando niños, etc. Ingenuo quien crea que le interesan verdaderamente los niños, es todo teatro de mala calidad.

¿Un asesino es quien mata o quien tiene inclinaciones para hacerlo? En el Uruguay hubo un asesino serial como el de las películas, igualito. Un tipo de gran inteligencia que sabía disimular su naturaleza muy bien ante los ojos de sus conocidos. En algún momento comenzó a matar, creo que mujeres. Luego de un buen tiempo lo descubrieron y está preso hasta el día de hoy. Él poseía una naturaleza de asesino, lo sabía, y por eso aprendió a disimularla tan bien. Es más, bien podría haber ocurrido que nunca hubiera pasado al acto de matar, pero su naturaleza sería la misma. Los actos sólo confirman su naturaleza, no la definen. Mil actos de caridad no me hacen una persona caritativa.

Resulta entendible que personas idealistas nieguen que el hombre tenga una naturaleza determinada genéticamente, porque piensan que si así fuera de poco serviría lo que se haga para cambiarla. Las personas malas estarían condenadas a ser malas siempre y no podrían ser educadas para que no lo fueran. Desde una mirada ética supongo que sería desilusionante esta condición. Pero la realidad es la realidad y punto. Los ingenuos pueden vivir sus mentiras, las viven en solitario, porque si deben enfrentarse con la realidad para cambiarla se hace necesario contemplarla tal como es.

Se han hecho muchos estudios de los gemelos univitelinos y se ha descubierto que la crianza afecta muy poco la personalidad de los hermanos, criados separados poseen casi la misma personalidad, los mismos gustos, etc. En cambio, los mellizos bivitelinos criados en un mismo ambiente pueden terminar siendo muy distintos. Otros experimentos han revelado que lo que ocurre en la niñez no afecta demasiado en la construcción de una personalidad, cosa que el psicoanálisis sostenía.

Bueno, no podemos cambiar una naturaleza, pero podemos reforzar o extinguir ciertos rasgos de la personalidad. La educación lo hace, las leyes lo hacen al sancionar con penas dolorosas a quienes incurren en delitos. Pedro puede querer matar a todos sus vecinos, pero teme ir preso y se contiene. La mayoría desarrolla la capacidad de inhibición de los impulsos sancionados por la colectividad.

Es más, esto que cuento lo podemos ver en los perros. Los perros se seleccionan por varios rasgos, especialmente los de trabajo, el carácter es uno de esos rasgos. Un perro desequilibrado no sirve para la monta debido a que transmitiría sus genes, es cierto que podemos educarlos, pero hasta cierto punto. Los doberman eran famosos por su desequilibrio psíquico, muchos enloquecían en algún momento de su edad adulta, yo vi un caso. Pero podemos ver algo más. No todos los perros son de raza, algunos son resultado de cruzas aleatorias. En esos casos podemos descubrir que poseen un carácter determinado, pero que pueden inhibirlo cuando están presentes sus amos. Por ejemplo, un perro ovejero, que cuando están los amos cuidan las ovejas y que cuando el amo no está matan a una para comerla. Muchos perros nos engañan o saben que algo no se puede hacer, pero lo hacen cuando nadie los ve. Es más, algunos hasta muestran señales de culpabilidad. Tenemos entonces la naturaleza real del perro y una segunda naturaleza fruto de la inhibición de ciertos rasgos indeseados. No podemos permitir esto en perros de trabajo, de ahí a que la selección preste una atención muy particular al carácter de los animales. Podemos dejar a los niños con un boxer y sabremos que no importa qué le hagan los niños el perro jamás les hará daño. Eso no pasa con el rotwailler que está diseñado para otras tareas. No podemos confiar en la educación para la cría de perros. Agregaría que en los humanos tampoco. Quien salió mal no tiene arreglo.

Así que cada persona es lo que es, pero puede fingir ser lo que no es. Las personas de mundo distinguen al toque la verdadera naturaleza de las personas. La persona que trata de ser lo que no es presenta un rasgo fácilmente detectable: una conciencia del otro muy fina, una autoconciencia también muy fina, porque necesita de este radar interno para saber cómo actuar delante de los demás y no ser descubierto. No ser descubierto en su verdadera esencia. En cambio, la persona que es lo que es, tiene una menor autoconciencia y una menor conciencia de los demás, que es casi lo mismo. Como no necesita disimular, no le importa ser observado. Está relajado ante los demás, mientras que el que quiere aparentar está tenso por el temor a ser descubierto.

Alguien puede fingir su verdadera naturaleza durante toda una vida y, por eso, no cambiarla. En el fondo siempre será quien es. (Aunque no lo sepa) Por este motivo no creo en las rehabilitaciones o cambios repentinos de personalidad hacia el bien, como fingen algunos presos. Como mucho aprenderán a inhibir sus tendencias delictivas. Aunque existen casos donde la necesidad lleva al delito. Aquí sí puede haber salvación debido a que la persona se vio empujada por la necesidad a delinquir.


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