martes, junio 27, 2006



Debí agregar “de vida”. Casi todos los libros de filosofía comienzan con un intento de definir el concepto de filosofía, la mayoría parten de la etimología de la palabra, por lo que la idea central consiste en el “amor a la sabiduría”. Amor a la sabiduría no es lo mismo que amor al “saber”, es más amplio y así debe ser. Aunque a lo largo del tiempo la actividad filosófica fue apuntando al saber, éste –gracias a la filosofía– ha ido quedado en manos de la ciencia. La filosofía fue la madre de todas las ciencias actuales, y todo lo que sea producción de conocimiento sistemático –verificable y contrastable– queda en su ámbito, por lo que la filosofía vuelve a su cometido inicial de tratar de acercarse a la sabiduría.
La pregunta ahora podría orientarse hacia el tratar de entender en qué consiste la sabiduría. La sabiduría consiste en el arte de saber emplear el conocimiento según criterios éticos: empleo del saber hacer, formas que orienten sobre el cómo vivir de la mejor forma posible, etc. Quienes no se han enredado en los laberintos interminables de las parrafadas filosóficas, poseen intuitivamente esta noción de filosofía y de sabiduría, por este motivo del filósofo se esperan cosas que no se esperan del científico. El científico produce conocimiento de objeto, un conocimiento que aumenta el dominio técnico sobre los fenómenos, pero qué hacer con este conocimiento, es ya otra cosa.

Intuitivamente las personas esperan de la filosofía un camino de vida, una orientación para saber qué hacer en la vida para vivir de la mejor forma posible. Por otro lado, los grandes filósofos, los constructores de modelos y sistemas, han hecho esto, construir una visión del mundo, del hombre, de la humanidad, y un criterio para determinar los valores sobre los que se debe vivir. Un sistema filosófico orienta sobre qué es bueno y qué es malo, qué conviene alcanzar y qué hay que evitar.

Tal vez por este motivo la actitud del científico –al menos en los comienzos de su práctica investigativa– y la actitud del filósofo, parten de posiciones opuestas: el filósofo parte del todo como marco que encuadra los fenómenos, y considera cada fenómeno desde este marco; en cambio, el científico se concentra fundamentalmente en las partes pequeñas, en los fenómenos aislados; analiza, profundiza, obtiene conocimiento verificado y contrastable del objeto de estudio, para luego realizar una síntesis cada vez más amplia de su saber.

El científico busca saber de objeto para controlarlo, el filósofo busca, fundamentalmente, criterios para actuar. La pregunta que guía al científico es: ¿cómo controlar este proceso para tener mayor poder y dominio sobre él y poder utilizarlo tecnológicamente? En cambio el filósofo que aspira a la sabiduría tiene esta otra pregunta como guía: ¿qué hacer, cuáles son los criterios que me pueden guiar para actuar de la mejor forma posible, aquella manera que me produzca el máximo de felicidad?

A pesar de que ambos investigadores poseen distinta orientación, de alguna manera tienen algo en común, algo que todos los investigadores y realizadores tienen. Casi todos los investigadores parten de un elemento primario, una causa primera, de la que luego podrá deducirse todo lo demás, construirse el edificio de la ciencia o tratar de desarrollar el sistema filosófico que dé cuenta de todo el ser. (Conviene destacar que esta aspiración al sistema, a pesar de existir en todo filósofo, hoy se ha abandonado.)

Cada filosofía posee una idea esencial de la que se deduce y construye todo el sistema, cada teoría científica, también. Claro, cómo podría ser de otra manera cuando en el saber se buscan aquellas causas primeras que den cuenta del todo.

En el psicoanálisis el objeto de estudio es el inconsciente, es el elemento primario a partir del cual se construye toda la teoría psicoanalítica. En el marxismo la idea primera consiste en la lucha de clases, este conflicto primero explicaría todos los fenómenos sociales según ellos. En la filosofía de Schopenhauer la voluntad era la causa primera, en Platón la idea. En Nietzsche la voluntad de poder.

En el campo de la ciencia no importa demasiado por donde se comience la investigación, desde cualquier punto se puede ir expandiendo el saber –la ciencia se mueve en el eje análisis-síntesis–. En cambio, en el saber filosófico sí tiene mucha importancia, porque el enfoque inicial coloreará todo lo que luego se deduzca. Bueno, en la ciencia ocurre algo de esto, pues las ideas primeras pueden convertirse en los paradigmas que guiarán al investigador haciéndole tener ciertas preferencias, sin embargo, en la ciencia no es tan grave como en la filosofía este proceder.

Tomar como elemento determinante del comportamiento social del hombre la lucha de clases, conduce al antagonismo, al ver como buenos a unos por ser los explotados, y malos a los otros por ser los explotadores. En la visión del movimiento feminista también se parte de una visión antagonista de las relaciones entre hombre y mujer. Partir de la premisa que el conflicto es la base del comportamiento social conduce a filosofías de lucha, reivindicativas, de tratar de someter y, a veces, hasta de destruir al otro. En el desarrollo de estas filosofías que toman el conflicto como causa primera, puede apreciarse cómo se puede llegar a distorsionar la forma de ver la realidad.

Pero existen ideas fuerza que las personas manejan sin cuestionar jamás, simplemente las toman como evidentes en sí mismas. La idea fuerza del progreso continuo, no se cuestiona, se acepta como evidente, siendo que constituye una idea fuerza muy nueva. Las repercusiones por adoptar esta idea como evidente conduce a que las personas cuando no sienten que están progresando continuamente, sienten que están involucionando como personas; siempre se debe ir hacia adelante, siempre se debe estar progresando, sino se estaría retrocediendo. La ciencia debe conducir a progresos tecnológicos continuos, las empresas deben superarse y crecer y crecer. ¿Qué es evolucionar para el hombre? La verdad es que la respuesta a esta pregunta puede dar miedo, ¿dónde terminar el progreso científico? Vivir por una idea así, sin cuestionarla, es muy peligroso.

Buena parte de la tarea filosófica consiste en tomar conciencia de aquellos debates que se suscitan en las distintas sociedades, y llevarlos a su límite. Primero tomar conciencia de ellos, luego conducirlos a su máximo desarrollo intentando llegar a una solución. Pues esta tarea no pueden realizarla las personas comunes por falta de formación y entrenamiento en el arte del debate.

Retomando la idea primera de la filosofía como camino, lo destacable consiste en mostrar cómo cada sistema o visión filosófica se forma a partir de una idea básica, un modelo que sirve para orientarse en el mundo. Muchos pensadores son conscientes de esto por lo que llaman a sus filosofías a partir del modelo que emplean. Los marxistas hablan de lucha de clases y su materialismo dialéctico parte de esta idea primera. A la filosofía de Nietzsche se la conoce a partir de ideas como la voluntad de poder y el eterno retorno. Existen filosofías hedonistas, trágicas, idealistas, etc.

Dependiendo de lo que se desee alcanzar, será el modelo elegido. A mí me gusta tomar como modelo el ajedrez para orientarme en el mundo. A veces se toma un modelo para algunas cosas y otro para otras. Cada modelo es una simplificación de la realidad, pero, además, cumple una función heurística. Por ejemplo al tomar el ajedrez como modelo para algunas actividades, puedo transferir cosas que sé acerca del ajedrez a otros ámbitos. Este es el motivo por el cuál los filósofos y grandes pensadores, tienden a elegir sus modelos, para transferir lo que ya saben acerca de ellos a ámbitos donde no se conoce tanto. El modelo también cumple la función de transferir emociones, sentimientos, que empujen a actuar. En el caso del marxismo, tener presente la lucha de clases organiza el conjunto de emociones que empujará al luchador social, sentirá la fuerza de su gesta en su interior al reflexionar sobre su situación social.

Bueno, en este escrito sólo quería destacar que el modelo elegido por el filósofo para orientarse en el mundo, no se desprende tanto de los fenómenos del mundo, sino que se lo lleva a éste desde otro lugar, a los efectos de transferir actitudes en forma inconsciente al actuar. Al ser este proceso en buena medida inconsciente, corre el riesgo de engañar al filósofo, no dejarle ver que está viendo lo que quiere ver. Cosa que es entendible, pues el qué hacer, nace fundamentalmente de nuestras preferencias. La elección del modelo cumple la función de sintonizar a las personas en una forma común de ver y actuar en el mundo. Marx creó una filosofía que tenía el propósito de cambiar el mundo, otras filosofías tienen el propósito de adecuarse a lo que ocurre, etc.

Cuando se busca una filosofía, se tiene en cuenta el para qué de esa filosofía, de aquí que la mayoría de las filosofías no son otra cosa que ideologías, cosa que, por otra parte, no está mal. Crearse una filosofía o ideología útil para actuar, no está mal, es la forma que inconscientemente tienen las personas para darse ánimos en el vivir y actuar.

Cada filosofía tiene un propósito, una idea directriz, y un sostén ideológico. Claro, aquí alguien puede preguntar sobre la objetividad del saber filosófico, entonces; repito, las filosofías tienen otra función, la de orientar en el vivir y la de crear las impulsiones necesarias para actuar. Marx eligió la lucha de clases como idea primera porque buscaba inducir a las clases trabajadoras a que tuvieran criterios para tomar conciencia de clase y supieran cómo actuar. Es más, para que fueran empujados a actuar. La ideología feminista es apta para la lucha, pero no para el amor, pues difícilmente una mujer que vea al hombre desde una perspectiva feminista, podrá amarlo.

Una ideología está compuesta por un cúmulo de ideas interconectadas que tienen el propósito de animar y empujar a las personas en una dirección, y, por sobre todo, de persuadir.

El ideólogo no sólo busca convencer a los demás, por sobre todo busca convencerse a sí mismo, con su ideología busca darse ánimos, animarse en una dirección concreta.

El filósofo busca animarse en una dirección y animar a las demás personas en la misma dirección. Se filosofa con esa intención. Encontrar un sentido a la vida es eso, animarse en una dirección. Para este propósito son buenos los modelos, en especial cuando pueden adoptar la forma de caminos.


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