viernes, mayo 18, 2018



¿Poseemos una esencia que nos caracteriza o podemos cambiarla? Supongo que la educación en los primeros años de vida puede formar en valores a las personas, pero tengo dudas acerca de que la naturaleza de alguien pueda cambiar, porque implicaría que dejara de querer las cosas que quiere y sentir lo que siente. Nuestra esencia, si es que existe, está compuesta por un conjunto de impulsos que comandan nuestros actos. Algunos de estos impulsos podrán debilitarse con el paso del tiempo, pero no cambiar.

Claro, podemos pensar que una persona está definida por sus actos, no, no es cierto, ya que puede mentir, disimular, enmascarar, sus verdaderas intenciones. El único asesino serial del Uruguay, antes de ser descubierto, pasaba por ser una buena persona, muy educada y culta. Si no hubiera sido descubierto y hubiera dejado de matar, posiblemente hubiera tenido una vida donde nadie se hubiera  dado cuenta de lo que en verdad era.

Hay personas que son buenas por naturaleza y otras que no, pero las que no, pueden haber aprendido valores y descubrir que para sobrevivir y progresar en nuestra sociedad, es necesario actuar según esos valores, aunque no se sientan identificados con ellos. Actuaran y hablaran como si esos valores guiaran su vida y exigirán a los demás que también los cumplan. Es el juego de las máscaras sociales. Pero podemos a veces intuir que no son buenas personas. Esperamos que un médico se preocupe por su paciente, algunos lo harán, otros fingirán hacerlo, otros no fingirán.

Creo que nuestra esencia no puede cambiar, salvo el cambio debido al desgaste orgánico, accidentes, enfermedades, que pueden alterar en algo nuestros impulsos de base. Pero lo que sí hacemos con el paso del tiempo es aprender. Las personas pueden aprender a mostrarse de ciertas formas más aceptables, aprenden a engañar, a seducir, a ocultar su verdadero ser. Los políticos son especialistas en el arte del engaño y la seducción.

Es más, fue un político del Uruguay quien dijo que no se cambiaba, sino que se redondeaban las aristas como con el canto rodado. Las piedras redondean sus partes salientes por la acción del clima, los golpes, rodamientos, etc. Se pueden aprender destrezas sociales y parecer más maduro y sociable. Pero en el fondo se sigue queriendo lo mismo.

Hay personas buenas, pero son muy pocas. Pero existe un motivo por el que esto ocurre. La naturaleza parece poseer una idea para cada especie, pero muy pocos miembros de la misma están a la altura de ésta. Le lleva muchas generaciones a la especie alcanzar la idea que está manifestándose. Con el hombre ocurre lo mismo, hombres y mujeres ejemplares existen muy pocos, por eso son ejemplares y los modelos a seguir, el resto de los mortales parecen ser simples intentos fallidos de humanidad.

La inmensa mayoría de las personas, aún aspirando a realizar la idea que la naturaleza pueda haber impuesto en nosotros, no poseen la vitalidad necesaria para estar a la altura de la misma. Yo mismo no la poseo, y a esta altura de mi vida ni me interesa.

Se me ocurre, además, que así como existen dos sexos, existen dos modalidades éticas: bueno y malo. Nuestra especie necesita de los dos sexos para sobrevivir, pero puede que necesite de hombres y mujeres buenos y malos también, pero dentro de cierto equilibrio. Por este motivo es que se nace hombre o mujer (no voy a entrar en temas de identidad sexual y sus variantes) y bueno o malo. Porque alguien que nace bueno no puede volverse malo, aunque puede que en algún momento actúe mal por debilidad. Alguien malo no puede ser bueno, porque sencillamente no le interesa, pero puede actuar bien por conveniencia. Tal vez deba realizar una corrección en este punto y cambiar la terminología de bueno o malo, por altruismo o egoísmo. La especie necesita de ambos impulsos para sobrevivir, pero desgraciadamente al nacer la ecuación que nos define en esta área se mueve con 0 y 1, esto quiere decir que predominará una de estas tendencias. Quien nazca siendo egoísta no podrá cambiar jamás, porque esa es su naturaleza, y quien nazca bueno, tampoco, porque esa es su naturaleza.

Pero es posible aprender, que no implica cambiar. Un león podrá ser domesticado, pero seguirá siendo un león.

Desgraciadamente, poseo la destreza innata de ver la verdadera naturaleza de las personas, y carezco de las competencias sociales que me permitirían tolerarlas, o disimular lo que veo. Nada altera más a alguien que sentir que no puede esconderse del ojo del Otro, porque las personas invierten una cantidad impresionante de energía para sostener las máscaras sociales.

Creo que lo que más me molesta de las personas, no es tanto que escondan sus intenciones, sino que la mayoría pueda ser engañada tan fácilmente. Lo vemos en política. Los malos gobiernos que se perpetúan en el poder porque logran engañar a las masas. Los venezolanos se dieron cuenta de que el chavismo los llevaba al precipicio cuando ya se estaban cayendo por éste. En Uruguay vamos por el mismo camino pero la mayoría no se percata de ello, y cuando se percate ya será tarde. Ya es tarde me parece.

Esta es la verdadera destreza que poseo: saber hacia donde van las cosas. Pero la inmensa mayoría de las personas sólo se dan cuenta de que van por mal camino cuando hace tiempo que cruzaron la línea de no retorno.

No, no se puede cambiar lo que las personas son, sin embargo, así como la mayoría gasta tanta energía en sostener sus máscaras sociales, hasta cuando son descubiertos, otra mayoría gasta la misma o más energía en tratar de cambiar a los demás, cuando eso no es posible.

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