jueves, noviembre 07, 2013



La “psique” nace por la necesidad de crear “sentido”, “comprensión”. La psique es una función de la comunicación. Todo organismo que requiera comunicarse con los miembros de su especie necesita de una psique capaz de crear un mensaje y transmitirlo. Si pudiera existir un organismo que no necesitara comunicarse con los miembros de su especie, no necesitaría de una psique. Mientras más complejas las relaciones sociales de ese organismo más desarrollada será su psiquis. De aquí a que una de las funciones más elevadas de nuestra inteligencia sea la de comprender y expresar esa comprensión de alguna manera para que otros nos entiendan.

Dicen los entendidos que el cerebro humano evolucionó para poder manejar las relaciones sociales de un grupo no mayor a 150 personas. Este número es aproximado porque no lo recuerdo con exactitud, sin embargo es de este orden. Entonces, resulta entendible que la mayoría de las personas se encuentren perdidas en comunidades de muchos millones de personas. No estamos hechos para vivir en grupos tan grandes, el cerebro colapsa, no sabe qué hacer, la mayoría de las cosas se le escapan. Los gobernantes sabiéndolo, se aprovechan de esta dificultad de comprensión para controlar la opinión pública a partir de mensajes tendenciosos.

La juventud se queja de la opresión del sistema. Tienen razón, para ellos representa algo inabarcable, inentendible, o se someten y encajan de alguna manera en el mundo o se convierten en rebeldes sin causa.

Muchos problemas por los que la gente consulta a los especialistas en la salud mental en la actualidad, no son problemas completamente definidos, más bien, su cualidad es la indefinición. Pérdida del sentido de la vida, depresión, vacío existencial, sentirse mal pero sin saber por qué, etc. La constante en todos estos cuadros es la confusión. Alguien lleva una vida exitosa, todo le sale bastante bien, ha logrado reconocimiento social, pero llega a los 50 años y siente que su vida no tiene sentido. No sabe porqué, no comprende. Claro, hoy todo esto se arregla con antidepresivos. Porque la confusión es tan grande que pueden ser convencidos fácilmente que sus problemas se deben a una insuficiencia de neurotransmisores.

Supongo que conocerán a muchos con estos cuadros, tal vez ustedes mismos lo presenten. Traten de comunicarse con alguna de estas personas, pregúntenle qué les sucede, qué les pasa. Notarán que son incapaces de expresarse con un mínimo de coherencia. La psiquis no le funciona, la tarea básica de la psique que consiste en entender y entenderse, no funciona, no saben expresarse, no saben qué sienten.

Claro, la vida de las personas no tiene espacios de diálogo para este tipo de problemas, es más, no se habla de estas cosas porque se quedaría en evidencia. Nos encontramos en la época de la autoayuda, la autosuperación, quien no haya alcanzado el éxito es un fracasado. Casi nadie lo alcanza, pero al menos han aprendido a mantener el semblante del optimismo, las buenas vibras, la actitud positiva, los consejos que siempre dan pero que ellos no pueden cumplir, etc. Da lo mismo abrazarse a la autoayuda o derrumbarse en el sofá, la psique no les funciona, no saben qué les pasa, qué hacer. Pero reconocen que la mayoría está tan perdido como ellos y temen hablar de esto. Es un tema tabú. Un secreto lleno de nada, nada que angustia, porque consiste en la pérdida del sentido.

Estas cuestiones sólo la tratan los académicos en filosofía, las tratan con toda la pomposidad y erudición de la que son capaces, pero sin entenderlas verdaderamente. Éstos no son temas intelectuales, son temas que incumben a las tripas, a nuestro ser más profundo. Estos académicos sólo son trabajadores de la educación filosófica. Sumos Sacerdotes de una religión muerta. Tratan de mantener viva la tradición, pero no son verdaderos continuadores de la misma. No importa, cada tanto aparece de entre las filas de estos catequistas de la razón algún pensador creativo que sí entiende, que está vivo y puede tomar la posta que algún verdadero exponente de la filosofía le ha dejado encendida en algún templo cercano.

Nos encontramos en la época de la “técnica”, esto lo han denunciado muchos grandes pensadores, posiblemente quienes me estén leyendo en este momento no sepan de qué hablo, pero podrán enterarse consultando en algún buscador de filosofía. La técnica ha llegado a todas partes, también a los profesionales de la salud, a quienes se les educa para aplicar algún procedimiento validado, no para conversar con las personas. Conversar asusta porque al abrirse en un diálogo queda al descubierto su falta constituyente. Las técnicas están destinadas para suprimir el síntoma y permitir al paciente reintegrarse nuevamente a la trama de la vida, que sea feliz sin saber por qué. Que tenga refuerzos positivos que alimenten su autoestima construida sobre la nada. Otra sombra inconsciente de sí misma, pero que no moleste, que no se queje, que se calle, que calle el síntoma.

No debo ser tan severo con estos técnicos, no es culpa de ellos, el orden social se mueve solo, no se sabe hacia dónde, y está prohibido preguntar, pero se mueve y hay que ayudarlo a que se siga moviendo, porque si se detiene la gente protesta.

Un mundo sin sentido donde está prohibido preguntar por el sentido de este mundo. Un mundo de gentes zombies, que no saben que están muertos. Tal vez el éxito de las películas de zombies se deba al hecho que resuena en la gente este estado porque de alguna manera es cómo se sienten. Estamos en un mundo lleno de gente muerta en vida.

No está del todo mal este estado, porque todos estamos tocados por la muerte, es nuestra compañera desde que nacemos. Creo que es necesario sentir lo muerto en nosotros para liberarnos, para recuperar el gusto por la vida. Si se niega esta parte que muere en nosotros retorna de alguna manera en lo real. Después de todo el zombie no sólo es un muerto en vida, es alguien que no puede hablar, porque no tiene nada que decir.


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