sábado, noviembre 09, 2013



Sí, sólo puede ser una pose. Uno es, fundamentalmente, en función de quien tiene delante y del momento. En nuestro entorno se encuentran personas con distinta significación para nosotros, aquellas cuyo vínculo sea más profundo serán las que despierten en nosotros el interés en ser auténticos realmente, tal vez un hijo que depende de nosotros para formarse. Pero sería muy ingenuo que alguien pretendiera ser auténtico con quienes no le importen. Claro, existe la máscara pública que pretende mostrar a quien la porta adornado con las máximas virtudes. Pero una postura ejercitada con todo el mundo será siempre una pose. Ser auténtico en todo momento implicaría que todo el mundo nos importa mucho, y no es cierto. También puede darse el caso que alguien sea auténtico con un completo desconocido, precisamente porque es un desconocido y puede abrirse sin consecuencias con él. Las figuras del cura o del psicólogo con quienes es posible abrirse y ser sinceros surgen de la imposibilidad de ser sinceros en otros ámbitos. Constituyen espacios restringidos para ejercitar la autenticidad y poder dialogar con uno mismo.

Cuando Heidegger realizó el análisis del dasein exponiendo la estructura de la autenticidad y su contraparte la inautenticidad, creía que la autenticidad era posible a pesar de que vivió su vida en la inautenticidad. La autenticidad no es posible porque implicaría que todas las personas o la mayoría nos importarían algo. Un filósofo que no recuerdo su nombre ahora dijo no hace mucho que vivimos en la sociedad de la desconfianza, es cierto, y agregaría que vivimos en una época donde no nos importa admitir que la mayoría de las personas no nos interesan. Es más, creo que pretender sostener lo contrario conduce al fingimiento.

Al crecer vamos desidealizando las cosas y poco a poco va quedando expuesto cómo es el mundo real en el que vivimos. Las relaciones son superficiales, los vínculos son débiles, las personas sólo son sombras de lo que les gustaría ser. Un carnaval de extraños y grotescos personajes que parecen más salidos de una pesadilla que de la realidad. Personajes débiles en su mayoría que adoptan la forma que cada momento les reclama sin mayor intención de perdurar como alguien que merezca ser recordado. Un reality show de malos actores, porque ni siquiera tienen la intención de actuar medianamente bien el papel que les ha tocado representar. Todo esto se ha etiquetado como posmodernismo.

Así que aspirar a la autenticidad en un reality show de mitad de semana resulta una aspiración muy ingenua. Nos encontramos todos representando una obra de muy mala calidad en un escenario con tablas flojas. Actores secundarios en un drama grotesco por su poca credibilidad. Hablar de valores como la “verdad”, la “autenticidad”, el “bien”, el “amor al prójimo”, etc., provoca fatiga, desgano.

La única autenticidad posible en esta trama decadente consiste en el encapsulamiento en uno mismo para mantener la integridad interior. Mantener un mundo interior lo menos contaminado como a la espera de tiempos mejores, y evitar ser arrastrado por las fuerzas desintegradoras del caos y la decadencia. En esto consiste la fuerza espiritual, en la capacidad para mantenerse íntegro en un medio decadente. Últimamente se le ha puesto nombre a este proceso, se le llama resiliencia. Recuerdo que alguna vez Unamuno dijo que a donde fuera llevaba su mundo interior. Quería decir que no dejaba de ser quien era allá donde estuviera. Pero de esta manera se crea una división: el ser para los demás y el ser para uno. En nuestro mundo interior mantenemos un personaje que no coincide necesariamente con el personaje exterior. Mientras más decadente el mundo que nos rodea más se incrementa la distancia entre estos dos personajes.

Para terminar quiero destacar un rasgo de la autenticidad, no se dirige a personas concretas, precisamente somos auténticos cuando nos dirigimos a un desconocido que jamás veremos nuevamente o con alguien que no está presente como persona concreta sino como función, un rol de escucha que promete no revelar jamás lo que oiga. Ese Otro imaginario a quien nos dirigimos en esos momentos es el único ante quien somos auténticos. Espero que no vayan a creer que es dios, ya que sólo es una estructura constitutiva, una impronta biológica.

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