sábado, octubre 05, 2013



A pesar de todo lo que he escrito sobre el tema, no dejan de preguntarme qué es la verdad, especialmente quien me conoce por primera vez. Tal vez deba colocarme en la piel de quienes hoy comienzan por el camino de la filosofía y aplaudir que intuyan que ahí se encuentra algo importante a conocer. Ya he escrito mucho sobre el tema, pueden encontrarlo en este blog, sin embargo, me gustaría hoy destacar un rasgo de la verdad que me interesa y, que permite establecer una diferencia entre la verdad científica y la filosófica al día de hoy, y que la acerca a la verdad que se nos presenta en la poesía. Digo al día de hoy debido a que esta distinción se fue forjando en los últimos 150 años a medida que se fue profundizando la distancia entre la ciencia y la filosofía.

A muchos les gusta Nietzsche, les fascina, posiblemente más que cualquier otro filósofo moderno que no pueden ser entendidos por quienes no conozcan la jerga filosófica. A Nietzsche se lo entiende, sus libros se venden en los estantes de libros para todo público, están al lado de los de autoayuda, bestsellers, etc. Nietzsche no se inventa un lenguaje filosófico personal para trabajar su pensamiento, hace lo que hace el poeta: confía en su emoción, en su intuición, y deja que estas lo guíen. Nietzsche se EXPRESA. Deja que la verdad que lo anima encuentre el camino para salir a la luz y que pueda llegar a los demás.

Esta es la verdad que a mí me interesa, ni la verdad científica ni la verdad matemática, ni la verdad lógica, me interesan. La única verdad que interesa es aquella que irrumpe en la expresión de las personas. Ahora en este preciso momento estoy escribiendo este artículo, me anima la verdad que está ahora emergiendo. Soy consciente de lo que escribo, poseía una idea general de lo que quería escribir antes de comenzar, pero luego es la verdad quien me va guiando, una verdad que siento con fuerza y que, para mí, representa la certeza de que voy por buen camino.

Los hombres no se mueven por las verdades matemáticas, aunque las tengan en cuenta a la hora de moverse, lo hacen por las verdades que presienten o sienten. Al menos quienes han cultivado la voz propia. No considero en este artículo al hombre masa que sigue al que está al lado, quien a su vez sigue al que está a su lado, me dirijo a quien siente en sus tripas la verdad y, aunque no sea capaz de definirla, sabe escucharla y actuar en consecuencia.

Esta es la verdad del hombre sabio, porque es sabio por su integridad, integridad que surge de la verdad que lo anima. Porque la verdad no surge de los métodos, surge de las tripas. Acaso ¿no experimentan la sensación de que cuando alguien pretende demostrar que tiene razón, les está mintiendo? Nuevamente, creo que fue Nietzsche quien señaló lo que acabo de escribir.

Hay un libro que se llama ¿Qué es la filosofía? Deleuze y Guattari son los autores y dicen algo interesante, al menos para mí, remontándose a la etimología del término filosofía como amor a la sabiduría, llegan a que el filósofo no es quien posee la sabiduría, sino no la buscarían, es el amigo de la sabiduría, quien la busca, quien trata de alcanzarla. Por ello, muchas veces los filósofos a lo largo de la historia han estudiado la expresión de los grandes poetas y literatos por su contenido de verdad. Pero si antes el filósofo era el amigo de la sabiduría, quien la buscaba, hoy es el científico quien debe buscarla y no el filósofo, el filósofo actual debe ser quien es sabio y su sabiduría se expresa en sus textos, de la misma manera que la verdad se expresa en las obras de los verdaderos artistas.

Esto me permite afinar mi idea, podemos reconocer filósofos sabios como Nietzsche o Kierkegaard, cuyas obras nacen de una emoción muy intensa portadora de la verdad, y que por ello se acerca tanto a la poesía, es más, ambos han escrito literariamente más que filosóficamente, y filósofos como Heidegger o Sartre, que pretenden deducir a partir de métodos algo rebuscados algunas verdades. Sartre dijo que Nietzsche no era un filósofo profesional, que no dominaba la técnica que la filosofía de hoy demanda. En realidad Nietzsche era portador de verdades mientras que Sartre no. Muchas de sus deducciones son algo rebuscadas. Por esto Nietzsche llega a muchos más que Sartre, de quien apenas recuerdan algunas frases sueltas.

Noto que muchos filósofos modernos están animados de un exceso de racionalismo y que han desarrollado una técnica muy pintoresca para justificar su pensamiento, pero simultáneamente siento aquello que Lacan llamaba “palabra vacía” -que curiosamente él tanto sabía cultivar-. Cuando escuchen a alguien que se presente como filósofo y que al hablar o mientras lo leen, sienten que todo es pura cháchara, puedo asegurarles que eso es cháchara verdaderamente. Pretenden cubrir la falta de verdades con cháchara rebuscada.

La certeza de que alguien porta verdades cuando les habla está en la emoción que experimentan. Porque el filósofo o pensador estaba emocionado al hablarles. Los profetas de las distintas religiones comunicaban sus intuiciones en un lenguaje poético en el sentido que portaban verdades que los superaban y, a veces abrumaban. Lo notamos en la lectura de los mismos. No hablaban o escribían en lenguaje filosófico, no se expresaban rebuscadamente.

En un filósofo de verdad no debemos buscar la técnica, el oficio del que hablaba Sartre, debemos buscar EXPRESIÓN, la expresión honesta que surge de la pura verdad que lo desborda y lo conmueve. Esto no lo vemos en la ciencia debido a que es una tarea sometida a métodos de validación e involucra a un conjunto de operarios. Menos en los filósofos de pacotilla que reducen su tarea al comentario de textos y al ejercicio de procedimientos técnicos que les brindaría seguridad o autoridad a la hora de expresar sus resultados. No, el filósofo de verdad no habla por boca de otros transmitiendo verdades lingüísticas, habla por boca propia e iluminado por una intensa emoción que lo conmueve y lo convierte en un hombre único en ese momento.

Las demostraciones corren para la gente pequeña, para el mediocre, que a falta de fuerza vital y certidumbre debe tratar de convencer con puro gesto o POSE técnica. Un hombre de verdad se deja hablar por algo que lo anima y lo sobrepasa, curiosamente... ese es su verdadero YO.

De esta manera es como poco a poco la filosofía se va acercando al arte verdadero, aquel que nace de las más fuertes emociones. El filosofo verdadero se EXPRESA, expresa las verdades que intuye. Verdades que lo sobrepasan, que lo asaltan cuando menos lo espera y, por ese motivo, sabe que son ciertas. El mismo Nietzsche describió este proceso. La idea de "Así habló Zaratustra" le llegó mientras se encontraba en una montaña y lo escribió en unos pocos días. La idea del "eterno retorno" lo asaltó un día y ya no pudo quitársela de la cabeza cambiando su forma de ver las cosas. Poco diferenciaba la forma de trabajar de Nietzsche de la de cualquier artista creativo.

Así accedemos a la verdad, a través de la expresión, pero no sólo de los grandes filósofos y artistas, sino a través de las personas que nos rodean, debido a que la verdad siempre encuentra el camino para salir a la luz sobrepasando el decir de quienes hablan o se expresan de cualquier forma. Yo mismo accedo a ella escribiendo o hablando, pues al sobrepasarme me toca. Lacan decía que descubría al escribir y a mí me ocurre lo mismo y a todos los escritores les ocurre, me atrevería a decir que a todo artista. Por suerte la verdad siempre anda por ahí tratando de ser escuchada, basta con afinar el oído para reconocerla.

Por algo la autobiografía de Goethe se llamaba "Poesía y Verdad" y la mía "Escritura y Verdad".


2 comentarios:

  1. Hipermoderno10:31 p.m.

    Entonces al hombre-masa alguien debe mostrarle una verdad....o major conducirlo a la verdad, por eso surge el Guro, el sabio, el mesias que todo lo explica.

    mientras que el hombre-autorealizado es en si mismo una verdad.

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