martes, agosto 06, 2013



Nuestros actos poseen intencionalidad, nuestra conciencia es intencional, percibimos según nuestras intenciones. Participamos del mundo, nos vinculamos emocionalmente, no racionalmente. La razón está subordinada a nuestras emociones, porque valoramos emocionalmente las distintas situaciones. Algo me “interesa” por algún motivo, para satisfacer una necesidad o un deseo. Nos movemos por preferencias y evitando aquello que nos provoca dolor o desagrado. El famoso principio del placer del que hablaba Freud en sus comienzos. Claro, luego escribió “Más allá del principio del placer” donde agregaba algunas acotaciones muy importantes a tener en cuenta, pero que yo obviaré en este momento.

En principio podemos aceptar que nos guiamos por preferencias evitando lo que nos desagrada. Esto quiere decir que construimos el mapa del mundo en función de éstas. Recuerdo aquellas cosas que son significativas para mí, no las que son irrelevantes. Pretender acceder a la verdad a partir de la simple lógica sólo puede aceptarlo un chico muy ingenuo. La lógica no puede orientarnos en el mundo, ya que el mundo lo constituimos a partir de nuestras intencionalidades. Es más, los aparatos sensoriales se han desarrollado a partir de nuestras necesidades. El ojo del águila se formó a lo largo de millones de años para ver a la distancia y desde las alturas a su presa y poder cazarla. Si tratáramos de examinar nuestro mundo según la lógica pura, no podríamos orientarnos, no sabríamos por donde empezar. Si no sabemos qué queremos, no sabemos donde encontrarlo ni cómo hacerlo. Sin una intencionalidad clara y fuerte, el mundo se derrumba ante nosotros, porque simplemente no podemos guiarnos, no sabemos qué es importante, qué es valioso y qué no lo es.

Claro, la claridad en nuestro pensamiento depende de que nuestro organismo funcione bien y pueda distinguir qué busca. Es sábado por la noche, momento privilegiado para pasarlo con una bella chica, iré a algún lugar nocturno donde encontrar alguna con la que me gustaría pasar la noche. Para que todo esto se dé, debo SENTIR el deseo de hacerlo, la intención debe ser clara, de esta manera puedo orientarme en el mundo, sabré donde se encuentran las chicas que busco, sabré dónde están los lugares nocturnos donde encontrarlas, podré reconocer una linda chica entre muchas, seré capaz de valorarla a partir de unos criterios que se habrán formado a lo largo de mi vida, etc. Como se darán cuenta, el elemento organizador del campo de percepción es mi intencionalidad, aquello que busco, que deseo, que necesito, aunque también interviene todo aquello que por alguna razón evito, posiblemente debido a malas experiencias.

Si no sé qué deseo, sin SENTIR con claridad qué necesito y deseo, no puedo percibir con claridad. Las preferencias me orientan a la hora de elegir y saber qué hacer, también a la hora de percibir. ¿Por qué veo a una chica hermosa? Porque la estoy buscando, sino pasaría al lado mío sin que me enterara de ello. Nos damos cuenta de aquello que nos afecta de alguna manera. Lo que no nos afecta ni interesa, pasa al fondo en el campo de percepción. Supongo que la mayoría de los que me leen conocen la psicología de la gestalt y su teoría que habla del fondo y la figura. Una figura comienza a destacarse en un campo cuando es importante para nosotros. Supongamos que llego al lugar nocturno, pero que no tengo interés en pasar la noche con una chica bonita, y supongamos que estoy hambriento y sediento porque hace horas que no como ni bebo. Al llegar al local nocturno posiblemente no me dé cuenta donde están las chicas bonitas, pero sí capte al instante dónde están los alimentos y las bebidas. El campo se constituirá en función de mis necesidades. Una vez que sacie mi apetito y que ya no tenga sed, puede ocurrir que una nueva gestalt surja, puede que ahora sí me dé cuenta de las chicas hermosas que están en el local.

Percibimos a partir de nuestra intencionalidad, constituimos el mundo a partir de ésta. Elegimos a partir de ésta. La lógica sólo nos sirve a la hora de elegir cómo satisfacer nuestra intencionalidad. Por ejemplo, no empleo la lógica para elegir una chica, la elijo porque me gusta, puede que ni sepa por qué me gusta, pero al verla me doy cuenta que está acompañada de un tipo que mide 2 m de altura y pesa 120 kg, me doy cuenta del peligro de acercarme a ella, así que abandono la intención de acercarme. La lógica no puede ayudarme a la hora de elegir lo que quiero, porque lo que quiero depende de cosas que puede que desconozca. La razón puede orientarme para encontrar la forma de obtener lo que quiero.

Sin embargo, el mundo cobra relevancia en función de lo que quiero obtener y de lo que quiero evitar. El CAMPO DE PERCEPCIÓN se organiza en función de la intencionalidad, y si ésta cambia, cambia el mundo para nosotros, comenzamos a percibir de otra manera y otras cosas.

Los actores sociales lo saben, lo saben inconscientemente, saben que para movilizar a las personas las razones sirven de poco si no pueden mover sus emociones. Los actores sociales apuntan su discurso a las emociones de las personas.

Sin embargo, quedan ilusos que pretenden convertirse en Spock o en Data. Personas, generalmente de poca edad, que creen que pueden guiarse en el mundo a partir de la razón. Que pueden determinar su comportamiento a partir de una lógica pura sin contaminación emocional. Siempre he sospechado que en estas personitas existe algo de retardo mental. Hoy, ni siquiera en el campo de la economía se acepta que los actores económicos actuarán racionalmente.

Supongo, que quienes se interesan por la filosofía, cuando son jóvenes quieren marcar la diferencia con quienes los rodean y es cuando adoptan la pose de Spock, tratar de actuar y guiarse en el mundo a través de la lógica pura. Estos son los que “se quedan mirando el dedo”, como siempre digo aludiendo al caso del Maestro que señala la luna con el dedo y el alumno tonto que se queda mirando el dedo. ¿Por qué se quedó mirando el dedo? Porque no buscaba la luna, porque no sabía que la luna era importante para el maestro, porque no sabía qué quería ni qué es importante.

Continuamente vemos personas que son incapaces de orientarse en el mundo, estas son las personas que tratan de aplicar la razón en su sentido más puro, pero sin saber qué se quiere, el mundo no tiene sentido, porque el sentido parte de nosotros, nosotros lo creamos y depende de nuestra participación emocional en el mundo.

Posiblemente quien no sea capaz de orientarse en el mundo no participe realmente en él. Esto nos diría porqué los chicos que buscan orientación en la filosofía no sepan cómo orientarse, porque son chicos marginados, perdidos, que no saben lo que quieren y esperan que a partir de un cálculo lógico puedan determinar qué es importante y qué deben hacer.

Difícilmente alguien haga algo que no quiera hacer, por más argumentos racionales que le presenten. Pero quien crea que con argumentos racionales se hará que alguien haga algo, se equivoca. Para que alguien haga algo hay que hacer que quiera hacerlo.

Para entender en qué consiste la verdad es necesario entender que el mundo de las personas se organiza en función de lo que quieren por un lado y rechazan por otro. Buscamos lo que queremos y nos alejamos de lo que rechazamos. El mundo intencional es emocional. Por este motivo podemos encontrar más verdad en el arte que en la filosofía, porque el filósofo construye su mundo con argumentos racionales mientras que el arte se construye a partir de sensaciones.

En síntesis: no existen verdades fuera del mundo humano, todas parten de la vida de las personas, especialmente de sus historias en sociedad. Verdad e Historia están sumamente unidas, diría que no pueden existir separadas.


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