martes, abril 02, 2013



Una persona llega a cuestionarse si goza de libre albedrío cuando comete siempre los mismos errores y no puede dejar de cometerlos. Es más, mientras más se esfuerza por no cometerlos, más los comete sufriendo aquello que en el psicoanálisis se llama “compulsión a la repetición”. Cuando a alguien las cosas le salen mal casi siempre, es entendible que se cuestione de gozar del libre albedrío, porque es su mente la que le engaña para forzarlo a cometer errores. No poder confiar en el propio cerebro para pensar correctamente, no confiar en las propias elecciones, mina considerablemente la confianza en uno mismo. Pero hay que tener en cuenta que este fenómeno no sólo destruye la confianza sino que parece darse cuando las personas la pierden. Con una alta confianza en sí mismo el organismo funciona mejor, más coordinado e integrado y, con éste nuestro cerebro; y cuando se pierde por alguna razón la confianza se cae en un círculo vicioso que conduce a perder el dominio de uno mismo. Me adelanto a quienes proclamen elevarse uno mismo la autoestima, como si dependiera de nuestra voluntad poder hacerlo. La confianza en uno mismo se construye pura y exclusivamente a partir de nuestros logros reales.


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