miércoles, enero 09, 2013



Poseo una gran capacidad para captar al toque la esencia de cualquier persona, habrá cosas que puede que no conozca de ellas, pero a medida que las conozco no me sorprenden en lo más mínimo, todo cae dentro de lo esperado. Posiblemente este fenómeno coincida con lo que Sartre llamó “cosificación”. Es como decirnos “esta persona es así” y difícilmente nos encontramos con algún dato que nos desmienta, y si nos desmiente no nos sorprende. La persona en sí misma no nos interesa.


Para los defensores del humanismo leer esto que acabo de escribir puede sonarles terrible, desconsiderado. Pero es así, hay personas que no me interesan y no poseen nada, absolutamente nada que pueda inclinarme a tratarlas. Estas personas que adoptan posturas o POSES que defienden idealismos tontos como la creencia en el AMOR como fuerza mágica a cultivar para solucionar todos los males de la humanidad, que tienen fotos en su Facebook de la Madre Teresa o de Gandhi, me parecen completamente falsas, inauténticas. Queremos a quienes queremos, no elegimos a quien querer, y quien diga lo contrario es porque finge sentimientos que no posee. Como ocurre con los Hare Krishna con esas sonrisas idiotas que llevan como caretas adheridas a sus caras. No me gusta fingir lo que no siento y creo que enseñar a hacerlo sólo sirve para cultivar tontos en serie.

Sin embargo, existen personas distintas, con un mundo interior superdenso, inconmensurable, que nos sorprenden con cada palabra que nos dirigen. Estas personas no sólo poseen un conjunto impresionante de experiencias de vida sino que han sabido cultivarlas. Han vivido mucho, han estado en muchos lugares y han hecho muchas cosas, han aprendido e integrado a su ser un conjunto enorme de conocimientos. Transmiten la impresión de poseer un mundo gigantesco concentrado dentro del límite de su piel. Son tan complejos que no nos es posible adivinar sus intenciones a partir de sus gestos. Podemos comprender los gestos básicos de quienes nos rodean, porque son los que nosotros también empleamos, pero estas personas excepcionales se nos escapan, no podemos cosificarlas, no podemos atraparlas en una idea. Su mirada es impenetrable, inescrutable, una ventana a un universo desconocido.

Mientras más grande se nos presenta una persona, más grande resulta ser su mundo interior. Los pequeños actos exteriores no reflejan la intensa actividad interior que se encuentra tras estos. Me atrevería a decir que las personas comunes y corrientes sólo son lo que se ve exteriormente, que se consumen en gestos básicos por cosas elementales. Mientras que los seres excepcionales desarrollan el máximo de su actividad en lo interior. Se me presenta la analogía de los jugadores de ajedrez donde tras unos 40 ó 50 movimientos simples como lo son mover unas piezas de unos pocos gramos se encuentra una tremenda lucha asesina y silenciosa que nadie puede contemplar porque se realiza dentro del escenario de la mente de estos poderosos pero silenciosos contendientes.

Las personas simples son aquellas sin secretos, aquellas que son lo que vemos, que piensan haciendo o, que actúan casi sin pensar. El mundo interior es el que media en las personas excepcionales entre un impulso y el acto correspondiente. En las personas básicas toda la energía producida se consume en movimiento, a veces en movimiento sin sentido o, con el único propósito de descarga de la tensión interna. Las personas excepcionales no actúan para descargar las tensiones sino que las procesan, las median a través del mundo interior y del plomo de estas extraen el oro pulcramente refinado en el horno alquímico de la interioridad. De esta manera, esa poca actividad exterior que percibimos, posee una cualidad muy distinta a la de las personas básicas, la diferencia radica en la eficacia de estas acciones. Con poco esfuerzo exterior se logra más. Cada acto por pequeño que sea tiene efectos profundos en la marcha de lo real y de sus vidas.

Los grandes hombres lo son por dentro más que por fuera. Cuando los miramos a los ojos sentimos como si estuviéramos ante un abismo insondable. Son lo más cercano a la sabiduría que podremos encontrar.


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