Representa un dato de la realidad completamente verificable que las potencialidades de una persona dependen en buena medida de la confianza real que posea en sí misma. Debo destacar “real”, pues las falsas confianzas pretendidamente autoinducidas a través de repeticiones autohipnóticas de frases asertivas no funcionan.Para funcionar a full en tareas de gran complejidad requerimos poseer la destreza adquirida de manera tal que podamos actuar como el director de orquesta en donde dirige a los músicos pero la coordinación entre ellos es relativamente inconsciente, como si sintonizaran todos con la melodía que se está desarrollando. Así es como actuamos en tareas complejas, con una parte de atención y de enfoque para dirigir el proceso, pero con una buena parte de nuestros actos desarrollándose en forma inconsciente. Pongo un ejemplo, mientras redacto este artículo soy relativamente consciente de la idea que quiero desarrollar, pero no soy consciente de mis manos tecleando sobre el teclado. Tampoco soy demasiado consciente de la ilación de las frases, aunque cuando alguna puede tomar un rumbo incorrecto lo siento y me corrijo -poseo el sentido estético que me permite sentir si una frase no suena bien al oído o al ojo lector-. Siento como un todo hacia donde me dirijo, aunque no estoy seguro de adonde llegaré.
Así actuamos en la mayoría de las tareas complejas, poseemos una idea general de hacia donde queremos ir y confiamos en que podemos lograrlo, luego nuestro organismo se encarga del resto, coordina nuestras destrezas de manera que se sincronicen como los músicos dirigidos por el director, en realidad cuando estamos coordinados actuamos con ritmo, como si una melodía se desplegara, una melodía que por momentos nos lleva como la corriente de un río lo hace con una barca.
Pero cuando algo nos asusta, cuando nuestros sistemas de alerta entran en acción, se rompe el ritmo, se corta la melodía, y ya no podemos actuar con eficiencia, cuando la confianza no existe. Esta distinción es importante debido a que cuando percibimos peligro y nos ponemos en alerta, si existe la confianza podemos actuar aún con mayor eficacia debido a la presencia de la adrenalina en nuestro sistema, pero si la confianza falta y se activan nuestros sistemas de alerta ocurre la parálisis y no se puede actuar correctamente.
Ahora bien, aquí es necesario destacar que la confianza no constituye un factor separado de la destreza, la confianza es la sensación que poseemos de nuestras capacidades reales. Si una persona no posee las destrezas necesarias para realizar una tarea de nada sirve hacerle creer que puede realizarlas. Es más, infundir falsa confianza conduce a un choque aún más doloroso con la realidad, choque del que será muy difícil salir. Pocas cosas afectan tanto la confianza como fallar donde creemos que no lo haremos.
Pero veamos porqué se toma el tema de la confianza como elemento que puede de alguna manera modificarse de manera de influir sobre el comportamiento de las personas. Una persona puede tener confianza en sí misma pero no disponer de las destrezas que la sostengan, por lo que la conducirá a que el fracaso sea aún más doloroso cuando falle. Ahí es contraproducente infundir confianza. Pero a veces se da el caso de personas con perfil bajo que poseen destrezas claramente verificables, pero que por alguna razón su confianza no se encuentra acompañando la destreza. La confianza es necesaria y debe reflejar nuestras aptitudes reales, debe informarnos de lo que podemos y no podemos hacer de manera que nos permita realizar elecciones y ponderaciones de situación precisas. Pero si ésta no refleja nuestras potencialidades reales entonces es cuando se hace necesario corregirla. Y aquí es donde aparecen los caros sistemas de autoayuda tendientes a elevar la confianza de las personas para que puedan alcanzar el cielo si se lo propusieran. Ningún sistema puede hacer que alguien haga lo que no puede hacer. No hay que elevar la autoestima de las personas, hay que ofrecer las oportunidades de aprendizaje que permitan aumentar las destrezas, pero cuando se posee el talento y la vocación para ello. Cuando se le ofrece a las personas el medio de desarrollar sus potencialidades la confianza vendrá solita al percatarse de sus logros, y a partir de logros reales construir una confianza realista. Un mal trance puede destruir la confianza, esto le ocurre a muchos deportistas que ante un mal desempeño se les destruye la confianza y luego no hay forma de levantarla, por lo que ese deportista no podrá funcionar con todas sus potencialidades a full. No existe halago, no existe nada que se le pueda decir al deportista para levantar su autoestima, salvo enfrentarlo a situaciones que la reparen. Recuerdo el caso de un ajedrecista español –no recuerdo su nombre- que no podía pasar la barrera de los 2700 Elo -la fuerza de juego de los ajedrecistas se mide en Elo, los grandes campeones del mundo rondan los 2800 Elo-, como si un enorme obstáculo se lo impidiera. Claro, competía en campeonatos de máximo nivel. Un día tuvo una idea para resolver su situación donde sospechaba que esto se debía a alguna trampa de la mente, decidió entrar a campeonatos de menor jerarquía donde tuviera experiencias de triunfo con más frecuencia. Así sucedió, en esos campeonatos destacó por sobre todos y su confianza aumentó, es más, se acostumbró a la experiencia de ganar. Luego volvió a los campeonatos de alto nivel y en poco tiempo sobrepasó la barrera psicológica de los 2700 Elo.
Este constituye un ejemplo muy ilustrativo de cómo la confianza puede ser dañada y de cómo pueden aparecer obstáculos que sólo son psicológicos. Pero se debe tener en cuenta que lo importante en un primer punto es la potencialidad real y luego la confianza subordinada. Los vendedores de sistemas de autoayuda hacen trampa para ganar dinero, invierten los términos y le hacen creer a las personas que las potencialidades son secundarias y que lo importante es la confianza que podría modificarse y con ella luego aumentar las potencialidades que serían infinitas. No, no son infinitas. A estos vendedores de espejitos de colores les encanta transmitir ideas falsas como las que dicen que sólo empleamos un 10 % de nuestro cerebro, cosa imposible de comprobar hoy. O que los logros requieren de un 9% de inspiración y talento y el resto de transpiración. Una forma de definir el talento es la de poseer la capacidad de realizar tareas complejas sin esfuerzo. Tomen a un Maradona en su mejor momento donde era invencible e inigualable, traten de entrenar a un jugador de menor nivel hasta que alcance un desempeño similar, no podrán. No existe esfuerzo que sustituya el talento. Claro, para algunas tareas no se requiere talento y el esfuerzo puede ayudar. Pretender que alguien siga una carrera para la que no posee talento innato puede conducirlo a un fracaso tan rotundo que su autoconfianza jamás podrá recuperarse. Lo peor de todo es que la pérdida de confianza se transferirá a otros sectores de la vida. Alguien que fracase en el área de su vida que considera más importante -con la que se encuentre identificado- sentirá que es un completo fracaso en toda su vida.
La confianza es indispensable para los grandes logros, pero el talento, el poseer las potencialidades necesarias es imprescindible. Y no puede separarse la confianza de las potencialidades reales como hacen los vendedores de falsas ilusiones.
Cuando se pierde la confianza pero se dispone de las potencialidades, se puede recuperar la confianza como lo hizo el ajedrecista español que mencioné: enfrentando situaciones con menor dificultad que aumenten las posibilidades de triunfo, y una vez que se reaprende a ganar o a alcanzar lo que se propone, entonces se encontrará espontáneamente en condiciones de enfrentar situaciones más difíciles. Será un mal camino de aprendizaje comenzar con grandes dificultades, es conveniente comenzar con dificultades menores para adquirir experiencia y confianza. Exigir mucho a los niños es un camino equivocado, hay que saber administrar las dificultades. No es con sangre y dolor que se aprende, con sangre y dolor se aprende a sufrir, nada más, y a experimentar desagrado por hacer aquello que provoca dolor.
Destaco al final de este artículo que esos consejos tontos que siempre se dan tratando de animar a las personas cuando han perdido la confianza, no sirven de nada, menos recomendar la reprogramación de las frases interiores por frases de índole positiva del tipo “Yo Puedo”. Estas frases logran el efecto contrario porque chocan contra la imaginación de la persona que no cree que sean ciertas.
Los tontos creen que todo pasa por ser positivos y decirse continuamente “Yo Puedo”. Sin potencialidades esas frases sólo reflejan lo tonto que se puede llegar a ser.
Destaco: REPETIRSE MENTALMENTE FRASES POSITIVAS QUE NO SEAN REALES, QUE NO CONCUERDEN CON LA EXPERIENCIA, NO CONDUCEN A QUE SE CAMBIE EN LA DIRECCIÓN SEÑALADA POR LAS FRASES, SINO QUE PRODUCEN EL EFECTO OPUESTO DE REFORZAR LA CONVICCIÓN DE QUE NO SON CIERTAS.
Como se puede apreciar en la imagen primera, si un gato se cree un león y se enfrenta a un dogo argentino de seguro que el dogo diseñado para matar un puma o cazar jabalíes se lo comerá crudo. La confianza debe ser realista y corresponder con nuestras reales capacidades.

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