lunes, mayo 12, 2014



Un clásico argumento cinematográfico es aquel que se desarrolla a partir del equívoco en torno a la apariencia de una persona y lo que es en verdad. En una película policial se muestra a un chico que vive en un barrio pobre perteneciendo a una pandilla y, donde todo lo acusa como responsable de algún delito sólo por estar cerca de donde ocurrió y por su apariencia física. Claro, lo que se quiere sancionar en este cliché argumental es el prejuicio que todos tenemos con respecto a la apariencia de una persona. Al final, resulta que el verdadero criminal era aquel que no lo parecía, alguien bien vestido, con apariencia de inocente. La enseñanza o moraleja de este cliché que se repite una y otra vez en todas las series y películas policiales es aquel que dice: no juzgues a las personas por su apariencia, sino por lo que verdaderamente son. Muy bonito todo esto, pero la realidad no siempre se parece a la ficción, y si te cruzas en la calle con alguien con aspecto amenazante de seguro que es un delincuente que puede asaltarte y matarte.

La apariencia revela el ser de las personas. Buena parte de la apariencia se construye a lo largo del tiempo en forma inconsciente y revela, no sólo el ser de las personas sino su historia. Tras toda cirugía plástica de rostro no sólo se eliminan las arrugas, se trata de eliminar la historia. Las caras estiradas de muchas personas, parecen caras de plástico porque se quedaron sin historia, sin expresiones.

Claro, todos construimos una máscara social, o tratamos de hacerlo, lo que conseguimos es una solución de compromiso, donde se resaltan algunas cosas y se trata de ocultar otras, pero para quien tiene buen ojo clínico poca cosa puede ocultársele. Freud decía que aquello que quiere evitar decir alguien lo terminará revelando en algún dibujo inconsciente que realice o en una melodía que tararea. Los movimientos inconscientes terminan revelando siempre lo que se quiere ocultar.

Tenemos algún control sobre nuestra apariencia, con el paso del tiempo aprendemos a vestirnos de la forma en que queremos ser vistos. Hay personas que dedican mucho tiempo a crear una imagen, otros se preocupan menos, son más espontáneos y menos cuidados. En estos últimos es cuando la apariencia coincide más con ellos mismos.

Resulta curioso este punto, en nuestra cultura, tal vez en todas, se valora mucho la capacidad de alguien para crear una imagen de lo que le gustaría ser. Sabemos que una dama al maquillarse trata de crearnos una ilusión, pero si lo logra lo apreciamos. Es más, se considera un fino arte a esta capacidad que puede alcanzar grados de sofisticación muy elevados. Estas personas poseen un ojo muy desarrollado para advertir en pequeños detalles los secretos más profundos de quienes los rodean. El esfuerzo que realizan para ocultar los propios a través del maquillaje, vestimenta, gestos, postura, habla, los dotan de la capacidad de leer en otros lo que a su vez ocultan. Las reuniones sociales se convierten en eventos donde se libran intensas batallas por descubrir lo que cada uno oculta, todo a partir de la apariencia. Existe un impulso innato en nosotros en poner al descubierto a quien miente, es un impulso muy visceral.

Estamos programados genéticamente, como la mayoría de los organismos vivos para conocer a quienes nos rodean a partir de sus gestos y apariencia. De ahí a que muchas especies consuman una cantidad importante de recursos biológicos para crear apariencia. Las aves para seducir, un gusano que cuando se lo asusta adopta la forma de una serpiente venenosa para que los depredadores no los ataquen, etc.

La apariencia y los actos siempre nos revelaran el ser de las personas y sus intenciones. Algunos serán más directos, otros habrán aprendido a aparentar, pero en este último caso en los movimientos involuntarios captaremos las intenciones. Es más, hace poco leía un estudio donde se contaba que los bebés de pocos meses reconocen las emociones e intenciones básicas de la gente que los rodea.

No estoy diciendo nada que no se sepa, así que algunos se estarán preguntando para qué escribo este artículo. La respuesta es simple: habrán escuchado esa frase a la que apelan quienes son descubiertos en sus intenciones a partir de algún dicho o acto espontáneo que dice “vos no me conoces, así que no te formes juicios acerca de mí”. Cada vez que alguien salta con esta frase estoy seguro de que he acertado en mis conclusiones. Escribo este artículo para las personas que viven con esa frase en sus bocas. También para quienes no reconocen las señales de engaño de quienes los rodean. Muchas personas luego de una separación por infidelidad admiten que tuvieron infinidad de señales que sistemáticamente se negaban a sí mismas. También ocurría que el otro siempre esgrimía excusas muy elaboradas por cada señal que emitía de forma inconsciente.

Hace muchos años conocí a alguien, a los pocos días de interactuar con ella supe todo lo que se podía conocer sobre ella y podía prever lo que haría en el resto de su vida. Claro, una y otra vez saltaba con la frase que dice “vos no me conoces…”, pero ignoro esa frase. Estas personas creen que son inocentes mientras no se les pruebe lo contrario. Yo no necesito probar nada, capto su esencia al toque, y me guío por ella, no por lo que quieran hacerme creer. Menciono este caso debido a que a lo largo de los años esa persona una y otra vez fue haciendo lo que esperaba que hiciera y cuando se lo señalaba inventaba excusas muy complejas. Siempre podía justificarse. Eso motivó que escribiera un artículo hace años donde desarrollaba la siguiente idea: “cree en repetidas explicaciones quien desea ser engañado por estas”. Es lo que ocurre frecuentemente, al final, cuando ya no hay forma de sostener una mentira se reconoce que hubieron infinidad de señales muy claras que lo alertaban, pero que se negaban porque no se querían aceptar.

Podés aceptar una explicación, pero no dos, menos tres. Es más, con estas personas descubres que en ellas se ha convertido en hábito dar explicaciones frecuentes sobre las verdaderas intenciones de sus actos. Posiblemente luchen interiormente contra una imagen de sí mismos que se les aparece y que no les gusta. Claro, todos tendemos a vernos mejor de lo que somos, pero algunos han desarrollado mecanismos de defensa muy elaborados.

Todos tenemos secretos, no hay nada malo en ello, la cuestión pasa por las intenciones verdaderas que alguien guarda hacia ti, intenciones que no siempre son conscientes para quien las alberga. La persona que mencioné no era consciente de lo que haría en el futuro, yo lo veía, ella no.

En fin, con este artículo pretendo desmontar un mecanismo de defensa de quienes creen que pueden mantenerse ocultas cuando todo el mundo capta su verdadero ser. La falsa creencia de que no somos conocidos es verdaderamente insostenible., y si te encuentras con alguien y te parece que es distinta a como quiere mostrarse, ten por seguro que estas en lo cierto, especialmente si vive dando explicaciones por sus comportamientos.


2 comentarios:

  1. Queria saber si el asunto de la apariencia tambien se puede llevar a otros escenarios: Por ejemplo algunos gobiernos compran tanques de Guerra que son basicamente sen#uelos de plastico. O ya ne el pasado en China un gobernante queria aparentar que tenia un ejercito y construyo en ejercito de terracota.
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    Es claro entonces que la pariencia muy elaborada es un ejercicio para engan#ar al otro, o rival.
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    En las relaciones industriales por ejemplo cuando un vendedor llega a donde el cliente, aparece con su mejor sonrisa y con un vestido que hace ver muy elegante.
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    Muchas personas han aprendido a camuflarse y aparentar una pertenencia a una clase social mas alta que la verdadera con el fin de sobrevivir.
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    Asi como el gusano que aparenta ser mas venenoso para sobrevivir, el aparentador en el caso humano, a su modo tambien elige esa estrategia para sobrevivir.
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    En las peleas de boxeo algunos dicen que ganaron la pelea en el instante en que los dos peleadores Deben mirarse cara a cara .... el que hace la expesion de mas confianza y agresividad en cierta forma ya tiene un poco ganada la pelea si el rival se intimida con esa postura de apariencia agresiva.
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    Asi que la apariencia en cierta forma es lo contrario a la espontaniedad o lo natural.
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    Quizas sea valido, quizas a veces baste aparentar tener valor para en realidad no acobardarse ante un evento... es como si el aparentar de repente tambien fuera la via para encontrar aquello que no se tiene naturalmente.
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    El debilucho que aparenta ser bravucon y asume ese papel como que de repente se encuentra encarnado en ese actor y termina viviendo toda su vida con aires de valenton y pendenciero. Es decir llega un momenta en la vida en que la apariencia se vuelve el estado natural del aparentador.
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    Saludos

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    1. Así es. Casi todos los organismos vivos parecen conocer la relación entre apariencia y sobrevivencia, hasta las plantas parecen saberlo. Muchos enfrentamientos entre animales se da sólo en el campo de la apariencia con gestos de fiereza, gana el que se muestra más malo.

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