lunes, septiembre 09, 2013



En un artículo anterior (Arte y Belleza) mencioné uno de los rasgos que convierten una obra en arte: su capacidad para atraparnos. También dije que la belleza en el arte se da cuando la idea logra ser representada a la perfección, al punto de sentir que se presentificaba ante nosotros. Recuerdo un cuento Zen donde un Maestro pintaba un dragón sobre una blanca tela, con el último trazo el dragón abrió los ojos y despegándose de la tela partió en vuelo.

El arte nos atrapa cuando capta la idea y, fundamentalmente la vida. El artista sobresaliente logra animar la idea de vida y eso es lo que nos sorprende. Cuando nos encontramos frente al retrato de alguien que conocemos y sentimos la presencia del conocido en el retrato una emoción muy particular nos embarga. Destaco, al pasar, que cuando nos conmueve una obra de arte el tiempo se convierte para nosotros en todo presente.

Sé que difícilmente nos pongamos de acuerdo con respecto a definir en qué consiste el arte, menos aún en qué se diferencia el buen arte del que no lo es, sin embargo, a partir de las emociones que despierta en nosotros podemos hacernos alguna idea. Porque el arte nos llega cuando despierta fuertes emociones en nosotros. Especialmente el buen arte, así podemos distinguir lo que simplemente nos entretiene de aquello que nos encara de alguna manera.

Captar la vida, captar una idea. Las estatuas clásicas que muestran a un guerrero cabalgando insisten en mostrarnos al caballo en movimiento, el viento agitando sus clines. En cambio, los artistas menos virtuosos evitan este tipo de complicaciones.

Los antiguos pintores poseían más destreza que los modernos, que temen enfrentar lo complejo de la vida a la hora de representarla, prefieren lo simbólico, la combinación de colores y formas, muchas veces al azar y, que apenas nos inspiran una leve sensación de extrañeza, y nada más. Algunos no saben ni dibujar. Sí, por si no lo saben existen artistas plásticos con cierto renombre que no saben dibujar. Las nuevas tecnologías ofrecen infinidad de medios para lograr las formas más extrañas y bonitas, pero difícilmente alguno de estos artistas sea capaz de captar un momento de la vida de una persona.

Ciertamente que animan ideas, pero ideas geométricas, matemáticas, ideas que encuentran durante el proceso de deriva creativa en el proceso de confección de la obra. Recuerdo en este momento un pintor uruguayo que explicaba cómo componía sus cuadros, decía que comenzaba a pintar en forma desordenada y a raspar la superficie, hasta que poco a poco alguna forma comenzaba a emerger y, a partir de ese momento su tarea se convertía en poner al descubierto la idea que comenzaba a definirse.

Los tiempos cambian y en el arte todo es explorado.


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