lunes, mayo 06, 2013



Comencé a escribir por accidente. Por motivos de trabajo muchas veces debía escribir informes, cartas, textos de la más diversa índole. Comenzaba a escribir a partir de una idea que quería expresar y mientras escribía nuevas ideas me llegaban terminando el texto muchas veces expresando lo opuesto a lo que había pensado expresar en un comienzo. A muchas personas les ocurre esto, sin embargo, también me ocurría que un 90 % del texto final contenía conocimientos nuevos, que ni sabía que tenía, se me ocurrían durante la escritura. Tampoco digo nada nuevo, los escritores conocen este proceso, la magia de la escritura. Pero este fenómeno pone en evidencia algo de lo que ya varios filósofos nos han advertido, el lenguaje habla a través de nosotros, somos hablados y para saber qué pensamos y sabemos debemos hablar, con nosotros mismos o con alguien para que ese saber pueda emerger.

Escriban dos o tres páginas sobre lo que quieran y se asombraran de lo que emerge.

Las implicaciones de este fenómeno son claras: nuestra relación con el mundo, las personas y las cosas está mediada por el habla. Hablar acerca de algo puede alterar la relación con ello, hacernos VER con mayor precisión y luminosidad.

Hagan la prueba, cuando estén con alguien planteen este experimento: soliciten a esa persona que por 10 minutos les hable acerca de otra. Al terminar de hablar la primera habrá descubierto cosas acerca de la segunda que no tenía idea que ya sabía. Es más, hasta es posible que la relación con la segunda persona cambie a partir de ese momento.

Muchas veces digo que escribo para saber qué pienso, pero este fenómeno va más lejos, la realidad se me manifiesta cuando la percibo directamente, pero se me revela más luminosa y profunda cuando hablo o escribo acerca de ella. Especialmente cuando escribo. Esto me lleva a creer que con sólo pensar acerca de algo no basta para entenderlo, las personas viven a veces cavilando por horas, días, meses sobre algunos problemas sin dar jamás un paso y, a veces, basta con escribir lo que se está pensando para encontrar la solución o que el pensar pueda superar el bloqueo y continuar avanzando.

Espontáneamente la gente habla acerca de sus problemas con la expectativa de que emerja alguna solución o una nueva forma de contemplar el problema, muchas veces la encuentran, pero no cuando sólo practican el monólogo interior en la modalidad del cavilar.

Conocemos interactuando con las cosas, a este proceso se le llama experiencia, pero a veces queda confinada en el cuerpo, en una fuerte experiencia corporal. Para que la experiencia libere todo su saber se requiera de la verbalización de la misma. Así que también conocemos hablando acerca de las cosas, pero no sólo hablando.


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