jueves, diciembre 13, 2012



Se está poniendo de moda en las entrevistas a las personas con un rol político que las preguntas sean antes examinadas por el entrevistado cosa que no ocurra nada que lo sorprenda durante la entrevista. ¿Por qué tanto cuidado a la sorpresa? Porque la verdad tiene una cualidad esencial: emerge durante un estado de sorpresa y desconcierto. Una vez que se le escapa a alguien lo deja en un estado de desequilibrio tal que todo intento por negar lo que se le ha escapado sólo contribuye a confirmarlo.

La mejor forma para conocer la verdad es el diálogo improvisado y, especialmente aquel cargado de emoción, debido a que la emoción intensa contribuye a la emergencia de la verdad. La verdadera verdad es aquella que emerge en un discurso sorprendiendo a los presentes y, especialmente a quien la produce. Sí, la “produce”, porque la verdad es producida por aquel a quien se le escapa.

Todo esto es conocido desde siempre, de ahí que los interrogatorios policiales se realicen de forma de crear confusión en el indagado no dándole tiempo para pensar, cosa que cometa equivocaciones que revelen la verdad que se está buscando.

Pero como ya saben, los gobernantes cuidan mucho de no ser sorprendidos para no quedar expuestos y que revelen esa verdad que tanto nos ocultan. Cada mensaje enviado es cuidadosamente preparado cosa de que el efecto que provoque sea el esperado. De cualquier manera la verdad siempre emerge de alguna manera, algún funcionario comete un desliz que luego es confirmado con un descomunal intento de desmentirlo. Mientras más se esfuerzan los gobiernos en sostener sus mentiras, mayores equívocos se producen. No se puede mentir siempre acerca de casi todo, la verdad encuentra la forma de salir a la luz, no se pueden mantener controlados a millones de personas. Es más, cuando un discurso se mantiene exactamente igual en boca de todos los integrantes de una fuerza política, podemos estar seguros que ese discurso es falso. La verdad nos sale siempre al paso sorprendiéndonos. Es más, es bueno crear ese estado de atención relajada en espera de que nos salga al paso. Si no nos sale al paso, algo la está conteniendo y debemos estar aún más alertas. Pero por sobre todo debemos desconfiar del discurso único, porque EL DISCURSO ÚNICO SIEMPRE ES UNA MENTIRA.

Quien quiera mentirnos se cuidará mucho de no exponerse al azar. En cambio, quien desee acceder a la verdad buscará el diálogo desestructurado, las situaciones donde predomine el azar, para crear las condiciones donde ésta puede emerger. Este criterio es especialmente útil para quienes busquen su propia verdad. El hombre sincero se expone a la improvisación para conocerse y manifestarse.

La esencia de un tratamiento psicoanalítico consiste en conducir al paciente a producir una palabra verdadera que lo libere.


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