sábado, marzo 24, 2012



El sentido de uno mismo -o mismidad- es el que nos proporciona un sentido de unidad y continuidad a lo largo del tiempo. Algunas personas lo pierden en algunos momentos de sus vidas, a veces para siempre debido a alguna lesión cerebral -recuerdo el caso de una persona que en un accidente se clavó un tubo de acero en la cabeza, sobrevivió pero su personalidad cambió completamente-. También disponemos del sentimiento del mundo, de un lugar, de una persona, como afirmaba Gabriel Marcel.


Parece que cuando queremos conocer algo primero tenemos el sentimiento de ese algo, o, lo que sería lo mismo, las cosas se nos revelan primero por un sentimiento que luego, si tenemos suerte, puede derivar en una idea y luego en un concepto. Todo nos llega primero como una sensación, luego un sentimiento más definido, luego como idea, finalmente, en algunos casos, llega el concepto. Por este motivo es que muchas personas pueden reconocer una noción cuando la presencian de alguna manera, pero cuando se les pide que la expliquen o definan, no saben como hacerlo. Por ejemplo, reconocen cuando una pieza de carpintería ha logrado su perfección, pero no saben explicar por qué. Cuando queremos definir algo lo primero que hacemos es consultar el sentimiento que tenemos de éste. Cuando nos preguntan cómo es Juanito, qué idea tenemos acerca de él, consultamos las sensaciones y sentimientos que tenemos sobre él, y, poco a poco nos llegan recuerdos, ideas, asociadas con él, y a partir de estas podemos decir cómo es Juanito. El sentimiento de Juanito es el que aglutina y le da unidad a todo lo que sabemos acerca de él, lo mismo ocurre con el sentimiento de uno mismo, nos proporciona la idea de nosotros mismos y organiza todos los recuerdos que tenemos acerca de nosotros o asociados a nosotros, nuestra historia personal se mantiene coherente gracias a este sentido. El autoconocimiento se vale del sentido de uno mismo para la autoexploración. El Yo o la noción que tenemos de nuestro Yo surge de este sentimiento. Por lo tanto cuando nos formulan la pregunta ¿quién eres?, sólo podemos responderla cuando el sentido de uno mismo es fuerte, claro, coherente. Posiblemente nos cueste responder a la pregunta por la complejidad de la idea que nos hace únicos, individuales, pero nuestra mismidad estará presente. Sostener esa pregunta en nuestra mente para poder responderla nos mantiene en contacto con nuestra mismidad.


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