miércoles, marzo 07, 2012



Habitualmente se piensa que uno de los rasgos que distingue al hombre de otras especies inferiores es el habla, un lenguaje simbólico muy complejo que permite la comunicación y la transmisión de información acerca de nuestro mundo -el habla permite compartir nuestro mundo interior, nuestras experiencias-. Quienes así piensan sospechan que los organismos de especies inferiores viven en una especie de soledad incomunicativa con respecto a otros miembros de su especie, y que la poca comunicación que mantienen es a través de algunos gestos muy básicos, y nada más.


El habla, como cualquier destreza que posea un organismo, tiene el propósito de adaptarnos mejor al medio para así sobrevivir, constituye una ventaja adaptativa. Es más, el habla permite el pensamiento complejo a través de símbolos que, a su vez, nos permite construir una cultura muy compleja, nos vuelve autoconscientes no sólo como individuos sino como sociedad. Posiblemente sólo los hombres posean historia, especialmente gracias a la escritura. Pero aún sin esta, los pueblos pueden construir alguna forma de historia que se cuentan de generación en generación, aunque con ciertos adornos, claro. (La historia permite ubicarnos temporalmente, los pueblos que sólo posean transmisión oral no pueden ubicarse con precisión en el tiempo, para ellos existe el ahora y el antes, un “antes” que abarca todo el tiempo anterior que puedan recordar.)

No voy a mencionar las tremendas ventajas adaptativas y evolutivas que el habla y el empleo de símbolos ha acarreado a nuestra civilización, pues están a la vista. Lo que me interesa destacar es que el habla no apareció de la nada, sino que surgió a partir del lenguaje de las emociones, lenguaje que compartimos con especies inferiores. Especies distintas son capaces de comprenderse a partir de los gestos, que constituyen los signos de este lenguaje, por lo que pueden captar emociones e intenciones primarias. Mientras mayor la inteligencia de una especie, con mayor claridad podemos captar las emociones e intenciones en el cuerpo a través de los gestos y en el rostro de los miembros de esa especie. Algunas especies son muy expresivas con su rostro, otras no tanto.

Supongo que habrán escuchado o leído acerca de monos que han aprendido el lenguaje de los signos empleados por los sordo-mudos, o que han aprendido a emplear palabras o símbolos representados sobre una pizarra u ordenador para comunicarse con sus cuidadores. El motivo por el que han aprendido estos lenguajes simbólicos es porque la base para este aprendizaje se encuentra en ellos, y esa base no es otra que el sistema encargado del lenguaje emocional.

Algo que muchas veces se ignora es que el lenguaje emocional que se expresa corporalmente puede alcanzar grados de complejidad y sutileza muy finos. Posiblemente no permita la construcción de una cultura como la nuestra con un marco histórico de miles de años gracias a la escritura, pero tal vez sí una cultura algo parecida a la de pueblos sin escritura, especialmente en especies sociales. El lenguaje de los delfines, por ejemplo, es muy rico en matices expresivos.

Habrán notado un fenómeno notable en personas que mantienen un vínculo muy estrecho entre sí, el de la telepatía. La aparición de la telepatía entre personas señala un vínculo muy estrecho, se adivinan el pensamiento, las intenciones. Este fascinante fenómeno se da a veces entre una mascota y su dueño, donde la mascota si posee un nivel alto de inteligencia capta las intenciones de su amo. Muchos animales captan la intención de las personas a través de muchas señales, tanto visuales como olfativas. Claro, lo que fundamentalmente captan estos animales son las emociones intensas, y dependiendo de la inteligencia del animal, algunas sutilezas de la emoción.

Nuestro ser más profundo se revela fundamentalmente en el lenguaje de las emociones debido a que éste no es fácilmente controlable. Nuestras intenciones se revelan en este lenguaje. Algunas personas con el paso del tiempo pueden aprender a controlar la expresión inconsciente de emociones, a inhibirlas más que controlarlas, pero difícilmente puedan cambiarlas. La mentira siempre se revela por micromovimientos que el ojo entrenado puede detectar.

Lo que pretendo destacar es que muchas veces se infravalora la riqueza de este lenguaje en especies inferiores, pues sin duda que en especies sociales alcanza matices de discriminación muy finos, pues gracias a éste pueden transmitir información acerca de donde se encuentra el alimento, cómo llegar a éste, sobre peligros, etc. Las abejas con sus vuelos indican el lugar donde se encuentra el alimento, la distancia a la que se encuentra, etc. Lo mismo ocurre con las hormigas. Es más, hasta las plantas se comunican entre ellas a través de señales químicas. Si los organismos de una especie no pudieran comunicarse entre ellos difícilmente podrían sobrevivir. Hasta las levaduras y las bacterias se comunican entre ellas a través de señales químicas, pero posiblemente a través de otras formas que aún no conocemos.

Creer que sólo nosotros poseemos la capacidad de comunicarnos es algo ingenuo, es más, algunas especies inferiores disponen de un lenguaje simbólico primitivo, hasta son capaces de manejar cantidades y transmitirlas.


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