domingo, agosto 29, 2010



En un ámbito filosófico donde se trataba el tema del éxito proporcioné esta respuesta:

Se supone que en un ámbito de filosofía quienes participan del mismo se encuentran libres de falsas etiquetas y poses de las que la mayoría de las personas que no piensan gustan de mantener, pero aquí eso no ocurre. Evitaré criticar esto debido a que por lo menos quienes participan en este espacio poseen la intención de llegar algún día a entender algo, aunque más no sea para tener algo de qué hablar y mostrarse con algún nivel de penetración intelectual acerca de las cosas de este mundo.


Comenzaré por definir qué es un hombre emprendedor y de éxito. Un hombre de éxito es simplemente aquel que logra lo que se propone. Sólo eso. ¿Cómo puede alguien criticar esto? La respuesta viene por dos posibilidades, la primera por envidia, la segunda por no tener la más remota idea de qué significa ser una persona de éxito.

La persona emprendedora, la persona de éxito es aquella que simplemente posee intacta la capacidad de emprender proyectos  -no como los críticos de café que tanto abundan por aquí que miran el mundo desde la ventana que da a la pared del baño en el bar donde leen diarios de la semana pasada-, es la persona fuerte que no le teme al fracaso, que se levanta cada vez que se cae para volver a intentarlo hasta que al fin logra lo que se propone. Mientras que el hombre mediocre prefiere sostener un discurso contra el éxito porque se sabe un fracasado sin esperanza, fracasado porque teme arriesgarse.

El hombre de éxito es el que no teme al fracaso, por lo que se encuentra en condiciones para emprender cualquier proyecto que sienta que puede llevar adelante.

El hombre mediocre es envidioso, como lo han visto aquí, critica al sistema, critica al capitalismo, si estuviera en una sociedad comunista criticaría al comunismo, porque la función de su crítica es la de racionalizar y justificar su falta de capacidad emprendedora, su miedo terrible a la vida y, claro, la necesidad de colocar la culpa en otros por sus fracasos. Prefiere hundirse en sus miasmas y criticar a todo el que haga algo, porque si no lo hiciera no podría salir a la calle por vergüenza.

La crítica al éxito constituye un proceso defensivo para mantener un poco su autoestima. Si logra reunirse con un grupo de mediocres como él, no se sentirá tan solo y desarrollaran argumentos muy refinados de crítica al éxito y a los que lo persigan.

Así, llegarán a verse a sí mismos como grandes críticos al sistema, hasta como profundos filósofos, cuando no pasan de ser un grupo de inútiles cansados de la vida que no poseen.

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2 comentarios:

  1. Anónimo12:45 a.m.

    Sublime. En este tiempo desarrollaste una capacidad para describir las ideas que es envidiable. Me dieron ganas de debatir con vos sólo para leer un poco más. Te mando un abrazo amigo.

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  2. Gracias, amigo!

    Otro abrazo para vos!!

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