domingo, marzo 24, 2013



Somos mamíferos que vivimos en manadas, esa es nuestra naturaleza. Para sobrevivir el hombre necesitó convertirse en un organismo social. Su debilidad física no le permitía vivir solo como el tigre. Pero una vez que se forma un grupo ocurre que la supervivencia individual y la continuación de la especie depende de la sobrevivencia del grupo. Los organismos sociales subordinan sus necesidades al grupo, esta subordinación se inscribe en el código genético. Muchos comportamientos indispensables para la vida se inscriben en el código genético, tal vez la mayoría. Por eso nos entendemos, cuando alguien hace algo entendemos qué está haciendo porque reconocemos el patrón de comportamientos debido a que también lo poseemos. Amor, odio, envidia, celos, amistad, etc., algunos de los muchos patrones de relacionamiento con los que nacemos. No existen emociones buenas o malas, existen patrones de comportamiento desplegados en las distintas situaciones, el problema se da cuando se despiertan las respuestas equivocadas a una situación. Si mi grupo está en guerra con otro por los recursos, matar a miembros del otro grupo no está mal, es necesario para sobrevivir, pero matar a alguien de mi grupo por perder los estribos, está mal, porque pongo en peligro la existencia de mi grupo. ¿No se han dado cuenta que siempre que un niño está en peligro surge un impulso incontenible a protegerlo aunque no sea nuestro? Este comportamiento está codificado en nuestros genes, debemos proteger a los niños del grupo para sobrevivir.

Ahora bien, un tema que fascina a los filósofos es el de la ética, supongo que esta fascinación nace de una necesidad real en un mundo que está por caer en el abismo. A estos filósofos les gustaría encontrar racionalmente algún sistema de ética que resultara evidente a los ojos de todos y que por su evidencia los convenciera de seguirlo. La gente no actúa así, la gente actúa a partir de pulsiones que la movilizan. Podrán escuchar decir a estos filósofos que ante una situación que demande un comportamiento ético, consultan en su interioridad su código ético para decidir qué hacer. Es más, hasta pueden decirnos que el objetivo de su accionar es el bien y el actuar de acuerdo a la ética. Confunden un medio con un objetivo, peor aún, convierten un medio en objetivo. La ética no es un fin en sí misma, es un medio para mantener la coherencia e integridad del grupo.

Veamos, ¿cuales son los comportamientos éticos? Aquellos que involucran a los demás. Los comportamientos en solitario no son éticos. Estoy solo y quiero comer una manzana, voy al refrigerador tomo la única que queda y me la como. Ese no es un comportamiento ético. Pero si en lugar de estar solo estuviera con alguien y me entran ganas de comer la manzana, voy al refrigerador y veo que queda sólo una, ahí debo pensar si está bien que me la coma o debo compartirla o, tal vez, dejársela para quien está conmigo. La presencia del Otro convirtió la situación en un problema ético.

Siempre que se está con otros lo que hacemos se convierte en una cuestión de ética pues repercute en los demás. La ética, entonces, no es nunca una cuestión individual, es una cuestión del grupo. Si necesito dinero y sé que Pedro lo tiene, robárselo es una opción, y al considerarla no me planteo que es algo malo, pienso en las consecuencias de ser descubierto, si Pedro me importa como amigo puedo pensar en el daño que sufrirá y calculo si ese daño es aceptable, etc. El “bien” y el “mal” en abstracto no existen, nadie actúa según esos criterios puros, para cada uno de nuestros actos evaluamos las consecuencias negativas o positivas para nosotros. Claro, terminamos condicionándonos. La moral se condiciona durante el proceso de socialización de las personas. Una vez que estamos condicionados la presión del condicionamiento nos hace comportarnos de acuerdo a lo aprendido. Pero las inhibiciones que nos frenarían de hacer algo malo comienzan a desaparecer una vez que se comete un acto contrario a la moral. Quien nunca robó, puede que no robe nunca, pero si un día robó porque lo necesitaba, queda en un estado donde puede repetir ese comportamiento. Las cadenas de la moral una vez rotas no se vuelven a componer jamás. Posiblemente esto sea lo que está ocurriendo en el Mundo, las cadenas de la moral se van rompiendo una tras otra y ya no pueden recomponerse.

Finalizando, uno de los impulsos básicos con lo que llegamos a este mundo es el de la búsqueda de reconocimiento. Ser reconocidos por el grupo es imprescindible para sobrevivir. La mujer busca ser atractiva a los ojos de los hombres, porque si no es atractiva no será tenida en cuenta y quedará al margen de la sociedad y no podrá satisfacer sus deseos y necesidades. Un dato a tener en cuenta es que las prisiones están llenas de personas feas. El motivo es fácil de entender: a los lindos se le abren las puertas de la vida. Una mujer linda siempre podrá cotizar su belleza y podrá sobrevivir mejor que una fea que a ningún hombre le interese. De aquí que el reconocimiento sea tan importante, porque quien no es reconocido por el grupo queda marginado y completamente indefenso. Quienes no son reconocidos de alguna manera cargan con una vergüenza constitucional fácil de advertir, difícilmente miren a los ojos de quienes están cerca, tratarán de pasar inadvertidos, como si no existieran, porque en realidad no existen.

Claro, se han creado filosofías reestructuradoras donde se acostumbra afirmar que lo que importa es el interior de las personas, que una persona vale por lo que ES, ¿pero qué ES una persona? Hasta Heidegger dijo alguna vez que una de las estructuras básicas del hombre es la del ser-en-el-mundo. Esto quiere decir que se ES con otros y en la medida en que se es reconocido. Lo podemos ver en chicos nacidos en el seno de familias ricas que no se preocupan al actuar de lo que los demás piensen acerca de ellos porque tienen dinero y se pueden llevar a todo el mundo por delante. En cambio, personas pobres en situaciones precarias, que se ven en la necesidad de actuar siempre bien para forzar el respeto sobre ellas y que las quieran y reconozcan por ser buenas. Son buenas porque aprendieron a influir sobre la consideración que se tiene sobre ellas a través de ciertos comportamientos.

Todo lo que se haga dentro de un grupo humano está dirigido al grupo y comandado desde el grupo. El grupo se introyecta, se incorpora a nuestras decisiones. Cada comportamiento por insignificante que sea está dirigido al grupo. Quien se queda callado en una reunión de amigos está diciendo que no desea ser molestado. Como se dice en sistémica: no existe la no comunicación. No podemos no comunicar cuando estamos en grupo. No querer comunicar es una comunicación que dice no quiero ser molestado.

Hace poco escribí un artículo donde afirmaba que no tiene sentido por parte de los filósofos pretender un comportamiento ético debido a que en el mundo de hoy donde reina la desconfianza pretender que las personas se tornen ingenuos y actúen como si no se encontraran en el mundo donde nos encontramos sería un contrasentido. Dije que la ética se da en la dimensión del grupo, esto quiere decir que no existe ética cuando dos grupos están en guerra. No hay ética con quienes no se encuentran en nuestro grupo. Cuando salgo a la calle a veces debo saludar a algunos vecinos que sólo conozco de vista, nada me vincula a ellos, no me importa qué puedan pensar de mí, si es que piensan algo, porque lo que piensen no me afecta en nada. Muchos dirigentes políticos emplean una táctica muy vieja: inventarse algún enemigo para generar una movilización de masas. Un enemigo común unifica a la gente contra ese enemigo y se forma un grupo monolítico para defenderse. Desde la época de las cavernas los enemigos comunes unían a los hombres.

El gran problema en la actualidad es que anidó la desconfianza en el Otro, una desconfianza perfectamente ilustrada por el “dilema del prisionero”. Esta desconfianza rompe los vínculos y el Otro ya no pertenece a mi grupo sino que se convierte en un posible enemigo. En estas circunstancias pretender fomentar la fraternidad es algo ingenuo. La ética moderna ha cedido su espacio al Derecho, para que los grupos sobrevivan se legisla, se crean leyes que regulan las relaciones entre ciudadanos, porque las relaciones hoy son relaciones de ciudadanos antes que de amigos. Existen grupos que pretenden imponer la solidaridad, sin darse cuenta que no se puede imponer que Pedro y Pablo sean amigos. Las relaciones actuales, salvo las de los círculos más íntimos, son relaciones pautadas y que responden al Derecho. Si mi vecino no arregla su vereda y tropiezo con una baldosa rompiéndome una pierna al caer, lo demando para que se haga cargo de los daños. En cambio, en una relación nacida de un vínculo más estrecho, el accidente habría empujado a mi amigo a hacer algo para reparar el daño, si nada hiciera sentiría culpa. Pero la culpa no nace entre desconocidos, por lo que debe aparecer la ley para garantizar que las personas actúen de cierta manera.

De cualquier manera siempre se olvida esto, se pretende encontrar algún camino para que la gente sea buena y ética. Es tan errado este camino como pretender que María y Juan se amen. En el comportamiento del ciudadano no hay que preocuparse por la ética sino por el Derecho. Pero esto no entra en la cabeza de la gente, creen que debe existir algún camino para convencer a las personas de que sean buenas y amen al prójimo. Mientras tratan de recorrer ese camino condenado al fracaso pierden la oportunidad de hacer cosas que sí funcionen.

Como ciudadanos experimentamos también una presión similar a la ética, pero de otra índole y genera culpa también, de ahí a que la mayoría se sienta inclinada a actuar según la ley. Por ejemplo, puede que no me importen mis vecinos, pero sí su opinión sobre mí si quiero dedicarme a la política. Tal vez en un cirujano no importe su don de gentes si es el mejor cirujano del mundo, en la ficción el Dr. House podía comportarse como lo hacía porque su talento lo protegía. Pero, quienes no poseen talento ni dinero deben buscar otros caminos para ser reconocidos, ser bueno es uno de ellos. La persona que es buena trata de ser querida, busca ser querida y volverse útil de alguna manera. Observen el siguiente fenómeno, conocen a una persona buena que busca ser querida, pero ustedes no son influenciados por esa sutil presión que ejerce a través de su comportamiento, notarán que un enojo incontenible nace en esa persona, pues inconscientemente capta que su manipulación no funciona.

Ser reconocidos es esencial para la vida, y de la necesidad de reconocimiento nace el comportamiento ético, no de supuestos valores eternos inscriptos en tablas de piedra.


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