viernes, enero 04, 2013



Resulta curioso que este tema se plantee, tanto filosóficamente como psicológicamente, porque o somos libres de elegir o no lo somos. Salvo que no lo seamos y no nos pudiéramos dar cuenta de ello o, que existieran momentos donde no estuviéramos seguros de haber podido realizar una elección de forma racional. ¿En qué situaciones sentimos que nuestras elecciones no son confiables? En aquellas cargadas de gran intensidad emocional y ¿cuáles son las situaciones de gran carga emocional? Las más importantes en nuestras vidas, aquellas donde se juega lo más valioso para nosotros, donde nos arriesgamos completamente.

Entonces, si en las situaciones más importantes no somos libres, ¿cómo podemos hablar de libre albedrío? Parecería que el libre albedrío funciona cuando debo elegir la pasta de dientes pero no tanto cuando debo elegir algo más importante. Sin embargo, a pesar de que en las situaciones con gran carga emocional se nos dificulta mucho elegir correctamente, no quiere decir que no podamos hacerlo, es más, hasta podemos aprender a hacerlo. Hay personas que aprenden a realizar elecciones correctas y que experimentan disponer del libre albedrío, en cambio, hay otras que no han aprendido, posiblemente debido a que no ejercen con suficiente frecuencia el libre albedrío en la toma de decisiones. No toman decisiones, no eligen, viven sin elegir en cosas importantes para su vida, sólo eligen reaccionando a su medio y en cosas de poca relevancia. Los primeros son los líderes, los segundos son quienes siguen a los líderes debido a que ellos no tienen confianza en sí mismos, posiblemente porque cada vez que se la jugaron en una elección les fue muy mal, ahora están paralizados esperando que otros elijan por ellos.


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