martes, octubre 12, 2021



Cuando era más joven (ese “más” atenúa la gravedad de la situación real) tenía el hábito de debatir con todos sobre cualquier cosa, pero como la necedad alimentaba a muchos de mis contrincantes tuve que desarrollar un estilo de debate que no cayera en la contra-argumentación infinita, debía ser cortante y el mejor camino para ello era la de caricaturizar la posición del otro. La idea era la de no permitirle a mi oponente escaparse por las ramas. Pero en algún momento descubrí que muchas personas sostenían opiniones muy fuertes sobre cosas que no conocían, lo que me condujo a no debatir con estas personas, porque sólo un necio opina sobre lo que desconoce completamente. Yo puedo suponer cosas sobre algo que desconozco, pero soy consciente de ello y no le doy más peso a mis dichos que el de “suposiciones transitorias”. (Ya deben estar sospechando que continúo con el tema de la verdad y de los lugares comunes en los que caen la mayoría de las personas). Por supuesto, nos encontramos en una época donde se trata de combatir toda forma de discriminación, las mujeres han creado el movimiento feminista para quejarse del patriarcado opresor, los bajitos están por crear un movimiento equivalente para quejarse de que los altos siempre los miran desde arriba, y hay quien me acusa de soberbia al evitar debatir con alguien que creo que no sabe de lo que habla. Pero me dicen ¿Y si quien no sabe de qué habla sos vos y no el otro? Y para terminar me cuentan el caso de los cuatro ciegos que palpan distintas partes de un elefante y uno al tantearle una pierna dice que es una columna, el que le toca la trompa dice que es una manguera, etc., por lo que cada uno tendrá una verdad distinta acerca de lo que es el elefante. No, ninguno sabe qué es el elefante porque accedió sólo a una parte muy pequeña del mismo. Si me encuentro en la selva, me cubren los ojos y me piden que a partir de la pata de un animal sepa a qué especie pertenece, difícilmente pueda responder.

Examinemos el ejemplo del elefante porque es muy instructivo y permite descubrir que se lo emplea erróneamente. Quien sólo toque una de las piernas del elefante no podrá decir mucho acerca de lo que tiene frente a sí, pero esta es precisamente la situación de los que dicen tener “su propia verdad” acerca de algo. A partir del conocimiento de una pequeñita parte de algo “suponen” qué es en su totalidad. ¿Qué deberían hacer los ciegos para conocer al elefante? Claro, primero tocar alguna de sus partes, pero no quedarse ahí, el que toca una pierna deberá bajar hasta la pata y luego subir hasta el cuerpo, recorrer el cuerpo, la cabeza, ver que la trompa es la continuación de su nariz, que tiene colmillos, orejas grandes, que tiene cola, etc. Una vez que cada uno de estos ciegos haya recorrido todo el cuerpo del elefante podrán hacerse una idea de lo que es un elefante, pero por sobre todo, los cuatro se harán una idea equivalente. Quien creía que era una columna descubrirá su error.

El gran problema en la actualidad pasa porque la mayoría de las personas se quedan con las primeras impresiones sin continuar examinando las cosas hasta formarse una idea verdadera acerca de las mismas. El ciego que sólo tocó la pierna del elefante tendrá su supuesta verdad “es una columna” y no le interesará descubrir si es verdad lo que ha supuesto, quienes sostienen que la verdad es relativa o que cada uno tiene su verdad, caerá en el mismo error que el ciego con la pierna del elefante. En realidad, todos los clichés o lugares comunes, caen en la categoría de la columna del ciego. La gente prefiere quedarse en estos lugares comunes para evitar pensar por sí mismos.

Volviendo a la acusación sobre cómo sé que quien no sabe de qué habla soy yo, porque recorrí el camino de los ciegos para conocer las cosas, primero creí que el elefante era una columna, luego vi otras cosas y al examinarlo en su totalidad descubrí que me encontraba frente a un elefante. Y cuando alguien quiere sostener que es una columna, sé en qué consiste su error: sólo conoce una pequeña parte de aquello de lo que pretende hablar.

El gran problema en la actualidad es que la inmensa mayoría de las personas caen en lugares comunes, el cliché es la sabiduría que manejan. ¿Para qué pensar si todo pensamiento es relativo?

Cuando alguien pretende argumentar su posición a partir de clichés es cuando me salgo del debate porque sé que no sabe de lo que habla, no ha ejercitado el cultivo de la voz propia, del pensar por sí mismo, el grupo estará hablando por su boca.



2 comentarios:

  1. Anónimo11:22 a. m.

    Saludos

    Estuve pensando en lo que indicas de los Cliches, en mi caso me he dado cuenta de lo mismo pero en el tema de los relatos literarios.

    Me doy cuenta que los autores cuando elaboran sus creaciones, siempre, ponen a los personajes en situaciones inverosimiles: Presentan un personaje que sale volando por el sistema solar, fantasmas, asesino en serie, agujeros negros, viajes en el tiempo, etc

    He dejado de leer un poco muchos relatos, porque apenas veo que saltan con el cliche de meterme en un mundo inverosimil y fantasioso como que ya le pierdo el entusiasmo.

    Sin embargo en muchos talleres literarios se alienta ese tipo de ejercicio: Se le pide al estudiante que cree un relato en donde un personaje sea un extraterrestre, por ejemplo.

    Y si uno lo ve bien la mayoria de la literatura es eso: Un cliche de fantasias.

    Incluso debo admitir que yo mismo cai en ese tipo de ciclo en donde lo mas facil que uno puede hacer es inventar moustruos y vampiros espaciales.

    Pero estoy por pensar que la literatura mas dificil es aquella en donde se refleja la realidad tal cual es, sin hadas, sin mounstruos del espacio.

    Sin embargo encuentro que con ello no se logra el mismo efecto en el lector: La gente quiere leer fantasia y no realidad.

    No se como vencer ese cliche

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    1. Sí, te entiendo, pero no es tanto la repetición de temáticas lo que convierte a un relato en un cliché, es la falta de experiencia de vida como para dotarlos de notas más realistas. Ocurre lo mismo que con quien cae en clichés por no saber de qué habla. Cuando tienes experiencia de vida y has aprendido a retratarla en un texto, da lo mismo sobre lo que escribas, será verdadero porque nacerá de emociones intensas. Lo real no está en el tema elegido sino en cómo se escribe. Posiblemente el escritor literario al comienzo deba caer en lugares comunes hasta que encuentre su voz propia. Con respecto a lo que la gente quiere hay que tener en cuenta que sólo puede elegir entre lo que hay, nadie soporta el cliché de la chica huyendo que tropieza y se cae, o el tipo a quien se le acerca un policía a interrogar y sale corriendo, pero es lo que hay.

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