martes, octubre 19, 2021



La psicología del comportamiento resulta tremendamente eficaz en el tratamiento de muchos trastornos del comportamiento. Sí, he sido un poco redundante, pero lo que pretendo expresar se entenderá mejor a partir de una analogía. La medicina se ha vuelto tan compleja que ha debido parcelarse para poder dar cuenta de tanto saber, la forma de hacerlo es a partir de la especialización, hay expertos en lo tocante a la salud bucal, hay expertos en la salud de nuestros ojos, hay expertos en la salud de nuestro corazón, hasta hay expertos en hombros y rodillas. El dentista hace muy bien su trabajo, pero posiblemente no conozca la relación entre la salud bucal y otras partes del organismo como un todo. Me ocurre algo extraño (o no) tanto el café como el té me irrita un poco la vista al tomarlo. Ambos son irritantes para el organismo, por lo que esta reacción no tiene porqué causar extrañeza. Sin embargo, una vez le conté este efecto a un oftalmólogo y me dijo que era imposible que eso ocurriera. Evidentemente ocurría, pero ese especialista no tenía la mínima idea del proceso a través del cual ocurría. Pero eso no quitaba que fuera un excelente oftalmólogo.

Un psicólogo del comportamiento encara un problema psicológico aislando el síntoma, descomponiéndolo en una secuencia encadenada de conductas como respuesta a algún estímulo, y en esta secuencia aisla las conductas que deberá modificar, extinguir o agregar. De seguro que al hacerlo resolverá el problema. Posiblemente sea una de las psicoterapias más efectivas. Pero ¿qué se deja de lado en este enfoque?

Repito, es una terapia muy efectiva y, por sobre todo: rápida.

Sin embargo, hay quien dice que es una forma de terapia deshumanizada debido a que descuida el componente humano-espiritual del problema. Sí, lo hace, es un enfoque que toma a la persona como una organismo-máquina que reacciona a los estímulos. Pero funciona. Watson afirmó una vez que si le daban un niño podía convertirlo en lo que quisiera, ingeniero, médico, carpintero, soldado, etc. Tal vez sea cierto y sí, posiblemente la psicología del comportamiento sea sólo una psicología del aprendizaje y su función sea la de corregir estrategias conductuales erróneas y enseñar nuevas más eficaces.

¿Qué queda fuera de este enfoque? Muchos dirán la mente. Tal vez, pero me gusta ser más preciso en mis análisis, lo que queda fuera de este enfoque es el componente expresivo del síntoma.

Para el conductista está la persona y el entorno, la conducta estará condicionada por el entorno y será resultado de un aprendizaje. Para un conductista el entorno incluye a todo el medio en el que se encuentra la persona sin preocuparse demasiado en diferenciar su composición.

Supongan que se encuentran en una cena con cierta persona, hablarán, comerán, beberán, etc. Existe un comportamiento de relación evidente: hablar uno con el otro. Comer y beber pueden hacerlo solos y, muchos creerán que no habría diferencia constatable entre hacerlo solos o en compañía. Cuando nos encontramos frente a alguien comenzamos a comunicarnos con esa persona. Como bien han dicho los creadores de la terapia sistémica: no puede existir la no-comunicación cuando nos encontramos frente a otra persona. Basta con que dos personas se encuentren en un espacio próximo para que comience la comunicación. Lo pueden notar cuando están solos en el Supermercado examinando unos productos y de repente se acerca otro comprador. No importa que se dirija y hable con ustedes o sólo esté cerca, sus cuerpos se comunicarán expresando alguna molestia, esquivándose, etc.

Bien, volvamos a la cena, cuando nos encontramos con alguien nos comunicamos con todo el cuerpo, no podemos evitarlo, si comemos y bebemos, ambos comportamientos podrán descomponerse en el fin de cada uno y en un componente expresivo. No comeremos de la misma manera solos que con Ana o Pedro. Pero tampoco comeremos de la misma manera frente a Ana o a Pedro, porque el componente expresivo estará determinado por quien tenemos enfrente.

Todo comportamiento posee un componente expresivo y estará definido por aquel a quien se encuentre dirigido, que puede estar presente o no. Puedo estar enojado con Pedro y con ganas de matarlo, estando frente a él expresaré por cada poro de mi cuerpo el enojo, pero estando sólo, puede que también lo esté haciendo y que rompa algo por el enojo.

La psicología del comportamiento no se interesa particularmente por el componente expresivo del comportamiento, aunque sí analizará la cadena de estímulos que me llevó a romper algo descubriendo que Pedro fue el origen de mi enojo.

Por supuesto, una respuesta acorde con el estímulo no demandará una terapia, las respuestas rígidas e inadecuadas son las que llevan a terapia. Un componente de estas terapias que poco se conoce es que, al ser una psicología del aprendizaje, puede que parte de su accionar pase por enseñar formas de enfrentar situaciones por carecer el paciente de estas destrezas, como ocurre con la educación sexual.

Pero queda la pregunta: ¿qué estoy expresando al hacer algo cuando lo que estoy haciendo no tiene la intención consciente de expresar algo? Cuando camino solo por la calle ¿estoy expresando algo? Sin duda, puede que me encuentre expresando todo mi ser y, entre los mensajes que le envío a quienes pasan cerca se encuentre el de “aléjense”.

Las terapias del comportamiento son efectivas, resuelven problemas, y quienes han pasado por estas se encontrarán en mejores condiciones para continuar con el proceso de sus vidas siguiendo tan ignorantes de sí mismos como al llegar a estas.

¿En qué consiste crecer? O ¿qué necesitamos para crecer? Nos encontramos en un mundo con personas capaces de realizar infinidad de tareas pero con un rasgo común: no tienen la mínima idea de hacia dónde van o desean ir. Si le preguntas a alguien qué quiere te responderá que querrá encontrar el amor, tener salud, viajar y comprarse muchas cosas. Claro, esto es lo que quiere todo el mundo, todo el que vive en un mundo de caricaturas. Estas son las personas que expresan lo que suponen que deben expresar y querer. Personas que sólo han aprendido a reaccionar a su medio y que las terapias del comportamiento pueden corregir cuando la reacción no es funcional. Un tonto que llegue a una de estas terapias con un problema será un tonto con el problema resuelto al salir, pero tan tonto como llegó.

Un rasgo que define a quienes viven en mundos de caricatura es el de carecer de voz propia, el grupo habla a través de ellos.

Supongo que ya van captando hacia donde me dirijo: si en lugar de enfocarse una terapia en el componente conductual de un síntoma lo hiciere en el componente expresivo se le daría a la persona la posibilidad de liberar la palabra apresada en el síntoma y, a partir de ésta crecer como persona a través del cultivo de la voz propia. Creando un clima que favorezca la expresión, la persona podrá explorarse y comprenderse mejor e integrar los aspectos fragmentados de su vida en una gestalt con sentido. A través de un espacio que favorezca el diálogo la persona podrá crecer, no sólo solucionar problemas acotados, pero por sobre todo desarrollar la voz propia y, cuando tome una decisión, lo hará con todo su ser, no por imitación a los palurdos que tiene cerca. Sin voz propia, sin criterio propio, sólo queda una opción: imitar a otros.

Las terapias del comportamiento solucionan problemas y son de las mejores para ello, pero no promueven el crecimiento, el desarrollo de la voz propia, el entendimiento.




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