domingo, febrero 10, 2013



Muchas veces he escuchado en boca de los lectores de la filosofía que ya casi todo está dicho, esto les justifica para el uso indiscriminado de los textos filosóficos para expresarse, pues, según ellos, ese filósofo ya ha expresado sus ideas mejor que ellos mismos. Para colmo de los colmos, se creen pensadores. Un pintor se expresa a través de su pintura, nos muestra cómo ve al mundo, cómo es su mundo, jamás se expresaría a través de los cuadros de otros pintores. Es más, mil pintores pueden pintar el mismo objeto y las mil pinturas llegar a ser muy distintas, porque en cada pintura está el objeto representado y el pintor. Lo mismo ocurre con un pensador con voz propia, sus textos reflejan al objeto de sus meditaciones y lo muestran a él y a su mundo. Sólo son similares los textos de quienes no poseen voz propia, los eternos repetidores de citas, los que creen que pensar consiste en buscar algún texto que supuestamente refleje lo que piensan. La inmensa mayoría de las personas hablan por boca de otros, sólo permiten que a través suyo circule aquello que circula por boca de la mayoría. La voz propia está reservada para muy pocos.


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