viernes, agosto 10, 2018



Porque la inmensa mayoría de las personas que ingresan a estos, carecen de iniciativa y pretenden ser movilizados desde el exterior. Entran en modalidad reactiva esperando que algún estimulo les haga reaccionar. No poseen dirección propia, no tienen objetivos, no poseen capacidad para el esfuerzo orientado en alguna dirección. Esta actitud puede operar en un grupo con intereses culinarios, en uno sobre viajes, pero jamás en uno que demande esfuerzo y tenga por tema el crecimiento en alguna disciplina del saber. Por este motivo la época de oro de todo grupo dura mientras la novedad genera movimiento, y termina cuando la novedad acaba y llega el momento de ponerse a trabajar en serio. Las cosas que podemos llevar a cabo con esfuerzo mínimo están muy limitadas.

No hace mucho tuve un grupo especializado en un tema que, como todos, comenzó con un fuerte impulso inicial para detenerse al poco tiempo cuando el periodo de juego terminó para, de una vez, ponerse las pilas y comenzar a trabajar en serio. Una amiga me recomendó crear actividades para motivar a la gente, pero yo no estoy para entretener a la gente, si no se encuentran motivados por sí mismos, no voy a motivarlos yo desde fuera. Es más, esa gente sin dirección, que busca entretenimiento, no me interesa, si le dedico tiempo a un espacio del conocimiento, es para aprender también yo.

No creo mucho en la motivación como camino educativo. Por ejemplo, una materia donde muchos estudiantes fracasan es en las matemáticas. El motivo es fácil de entender: demanda esfuerzo. Por supuesto, la culpa de que los estudiantes no aprendan será siempre de los profesores que no han sabido entusiasmar a los chicos. Pero es que hay chicos cuya falta de motivación se debe a que no toleran el esfuerzo.

Sin duda que a los niños hay que presionarlos y obligarlos a hacer cosas que no quieren debido a que si no se los obliga no las harían. Pero la niñez comienza a terminar alrededor de los 10 años, no a los 70. aunque en algunos países los padres deben acudir a la justicia para que obliguen a sus hijos de 40 años a que abandonen el hogar paterno y se independicen.

Que alguien no tenga iniciativa ni capacidad de esfuerzo, está bien para ellos, siempre y cuando no exijan obtener lo mismo que aquello que llegan a obtener los que sí poseen estos atributos. No señores, que un chico de 15 años no aprenda matemáticas no es culpa del profesor, es culpa del chico que no quiere esforzarse porque prefiere jugar con su ordenador. Porque no podemos vivir motivando a la gente sin talento para que se esfuerce más para alcanzar lo que se supone que busca, si es que busca algo. Quienes no poseen iniciativa ni capacidad de trabajo, quedarán por el camino. Ocuparan puestos de trabajo acordes a sus capacidades y actitudes, y un lugar en el tejido social acorde a lo que pueden ofrecer, porque así es el contrato social, y así debe ser. No se puede premiar la falta de iniciativa.

Jamás la culpa de que los alumnos no aprendan será de los profesores, salvo que los profesores no posean los conocimientos requeridos ni capacidad para exponerlos. Pero si un alumno necesita atención personalizada para entender lo que la mayoría entiende, mejor que busque un área distinta del conocimiento para desarrollarse. Necesitar de una atención personalizada para el aprendizaje debería ser síntoma de que se va por mal camino con ese chico. Es cierto que hay cosas que todo el mundo debe conocer para ser socializado, pero pretender que ese chico culmine una carrera a través de una atención personalizada es un equívoco mayúsculo.

Un profesional en cualquier actividad, debe ser alguien con iniciativa para poder llevar adelante su profesión, así que la eliminación de quienes no la poseen, en periodos tempranos de los estudios, será lo mejor. Los recursos educativos deben destinarse a quienes poseen las aptitudes para asimilarlos y llevarlos a la práctica. Creo que a nadie le gustaría ser atendido por un médico que necesitó el doble de tiempo que el resto de los médicos para recibirse, porque de seguro que para entender qué le ocurre a una persona enferma le llevará también el doble, si es que llega a acertar.

Pero es que este enfoque no tiene nada de malo, no todos tienen que llegar a ser ingenieros, médicos, arquitectos, empresarios, etc. Pero si quieren llegar a serlo, no pueden depender de la motivación externa, sino de la interna, mejor llamada “iniciativa”.

Y esto es lo que falta en los espacios públicos dedicados a actividades que demanden un poco de esta cualidad. Porque la gente está dispuesta a comprometerse con casi cualquier cosa, hasta que llega el momento de tener que hacer algo, y ahí es cuando entra la depresión como causa de absentismo.

Pero es que esta modalidad de actuar de forma reactiva termina por conducir a quienes desearían que algo ocurriera, a participar tratando de provocar la participación de otros proponiendo falsos estímulos. A falta de voz propia, pretenden generar la participación a partir de textos-obras ajenos. Por ejemplo, en un grupo de literatura propondrán un texto de algún autor famoso para ser comentado. Si en verdad se generaran comentarios con esta técnica, se podría aceptar, pero como no funcionará, se colocarán otros textos para la consideración y comentarios de los demás (porque ni quien propone estos ejercicios se toma la molestia de comentarlos, para él, su tarea termina con la intención de hacer algo). Al final, el grupo terminará lleno de textos o frases para el comentario sin que nadie comente nada. Pero esto no acallará al administrador, que insistirá e insistirá, con un camino que no funciona, porque no sabe qué otra cosa hacer. En grupos de filosofía los administradores mandarán al grupo infinidad de frases diarias, información de eventos relacionados con el tema, memes graciosos, etc., procurando motivar a cadáveres que aún no recibieron su certificado de defunción a que participen. Claro, ¿cuál sería la alternativa? No hay alternativa.

La gente que entra a un grupo de filosofía lo hará para jugar el famoso juego de mostrarse ocurrentes con alguna frase humorística en torno a la forma de quien exprese alguna idea propia. Si siguiéramos a estos ocurrentes durante un lapso de algunos años, notaríamos que no hay cambios, sólo buscan no sentirse tan solos con estos jueguitos dialécticos. En un grupo de literatura las expectativas son aún menores, como mucho nos encontraríamos con algunos autistas que escriben textos sobre su vida diaria esperando que con el paso del tiempo alguno termine poseyendo cualidades literarias, pero no son conscientes que la forma no basta para elevar un texto a texto literario, sino que el contenido también contribuye a ello. En fin, no importa la temática, el destino siempre será el mismo.

Los espacios públicos en las redes sociales están diseñados para la diversión, jamás para el trabajo orientado a un objetivo. La gente que entra a estos espacios sólo buscan liberar tensiones, pero jamás podrán ir más allá del comportamiento reactivo debido a que carecen de iniciativa. Podremos encontrarnos con internautas que pretendan llevar la revolución socialista, o la antisocialista, o la vegana, o la que sea, pero que lo harán sin salir de la comodidad de sus habitaciones, porque carecen de iniciativa para llevar adelante cualquier intención de cambio, o de lo que sea.

Por este motivo, mucha gente que ingresó hace algunos años a estos medios con intención de llevar adelante distintos proyectos de crecimiento personal, van abandonando las redes desilusionadas de sus habitantes, simples sombras en busca de un destino. (Casi escribo zombis, pero me arrepentí, pues quien me leyera pensaría que poseo una visión muy negativa de la especie humana)


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