domingo, noviembre 03, 2013



Vivimos en un mundo de semblantes, como en el mundo que Alicia encontró al traspasar el espejo, un juego de máscaras irreal la mayoría de las veces. Internet no inventó los avatares, sólo dejó al desnudo -como el espejo de Alicia- la realidad humana: juego de avatares cuyos hilos los mueve un desconocido. Un desconocido que no se conoce a sí mismo. Se busca el amor para tratar de encontrar a ese desconocido, es el viaje que Alicia trataba de hacer para salir del mundo del espejo, sin darse cuenta que no estaba en un mundo de maravillas, estaba en la verdadera realidad. En el amor se busca entrar en contacto con el desconocido que mueve los hilos de todos estos avatares grotescos. Lo grotesco sólo destaca lo irreal de cada avatar y de cada persona. A veces un avatar parece cobrar vida y se vuelve grotesco, un intento desesperado por alcanzar la vida propia. Pero el desconocido no existe, esa es la gran verdad verdadera que no se quiere aceptar, sólo eres ese semblante perdido entre miles asustándote de sombras e hilos que asoman entre las grietas de un decorado que se está desmoronando.


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