miércoles, octubre 30, 2013



No creí verme en la necesidad de realizar esta aclaración, pero la confusión reinante es de tal magnitud que me veo obligado a hacerlo. La ciencia pretende obtener conocimiento de objeto, sin sujeto. No está mal esta pretensión, le ha funcionado muy bien con muchas ciencias y la tecnología que hoy disfrutamos señala que el enfoque funcionó. Al menos en algunas áreas del saber. Sin embargo, la física cuántica pone en duda que el sujeto investigador pueda eliminarse de la ecuación del conocimiento.

Pero están las ciencias que pueden objetivar su objeto, la química, la física, algunas ramas médicas, pero no todas. La subjetividad no puede eliminarse completamente del acto médico. Pero cuando tratamos de enfrentar las llamadas dolencias psíquicas y psicosomáticas, nos encontramos que el problema no está en un objeto que pueda ser objetivable, sino en el sujeto que sufre. No podemos objetivar al sujeto, no podemos convertirlo en objeto. Los enfoques cientificistas pretenden objetivar de alguna manera el sujeto para aplicarle el método científico. Como es imposible hacerlo deben dar un rodeo, por ejemplo, eliminar al sujeto y tratar pura y exclusivamente con la conducta exhibida. A veces funciona, pero no siempre.

La gente que pide ciencia tradicional para tratar estos problemas piden un imposible: tratar el lado mecánico de las personas, enfocar a la persona como un mecanismo biológico. Tratar de reparar la máquina biológica y olvidarse del sujeto. La psicofarmacología pretende recuperar el equilibrio -supuestamente perdido- de los componentes que intervienen en la actividad cerebral, y deprimir o excitar funciones psíquicas según las necesidades. El sujeto termina siendo completamente olvidado, no importa si su dolencia tiene PLENO SENTIDO dada su situación existencial, si se puede alterar químicamente el ánimo del paciente, se lo trata para que se adapte al sistema. No importa que el sistema esté mal y sea el responsable del sufrimiento del sujeto, si puede alterarse su química cerebral y hacer que deje de sufrir. Se hace y punto. Si un chico no tiene ganas de hacer los deberes y le rompe las bolas a los padres, una dieta de Ritalin de por vida y asunto resuelto. Todo bastante rápido, como se exige en la actualidad a todo acto médico para considerarlo efectivo.

Sin duda que hay trastornos que se benefician del uso de medicamentos, pero no sólo de estos. También es cierto que los enfoques tendientes a la modificación de la conducta y a la adquisición de nuevas destrezas, a veces funcionan con cosas puntuales. Sin embargo, muchos terapeutas comportamentales cuando pasan por situaciones conflictivas o muy dolorosas, prefieren consultar a terapeutas que los escuchen. Porque muchas veces la gente se enferma por no poder hablar.

Aquí existe un problema filosófico que la mayoría de las personas son incapaces de entender, el que sufre es el sujeto, y el sujeto no puede ser objetivado, no es una máquina biológica. La psicosomática es la prueba de ello, no es posible tratar al sujeto como objeto. Se requiere de otro enfoque completamente distinto, que no deja de ser científico por ello, pero que demanda de una epistemología muy particular. No es posible desarrollar técnicas que puedan ser validadas como se hace cuando se desarrolla un medicamento. Sí es posible encontrar algunas leyes con respecto a la modificación del comportamiento, aprendizaje, etc. Pero no con respecto a cómo un sujeto responderá a una intervención. Porque la respuesta de cada persona dependerá de cómo sea su realidad personal. Sin conocer el mundo interior de una persona no podemos saber cómo reaccionara a una intervención.

Sé que muchos no entenderán lo que digo, que no hay forma de quitarles a Popper de la cabeza, lo peor de todo es que tampoco lo entienden a él, pero recuerdan que consideró seudociencias a las ciencias del espíritu, porque no pueden ser investigadas como se investiga aquello que puede ser generalizable. El sujeto no puede serlo. De aquí que muchas terapias psicológicas se acerquen al arte antes que a la rigidez mecánica de los fenómenos de la física. Pero esto no quiere decir que no sean actividades científicas, lo son, porque pueden desarrollarse criterios generales orientadores. En el caso del psicoanálisis, la experiencia del inconsciente permite al analista saber dónde está parado en cada momento, y sabe cómo intervenir para conducir el tratamiento. Pero entender todo esto no es fácil, no es fácil para quienes lo complejo es descartado a priori. Buscan la pastillita o el tratamiento cortito. Claro, se quejan de que el psicoanálisis o las terapias dialógicas duran mucho, pero con gusto toman la pastillita, aunque deban tomarla toda su vida. Es más, el psiquiatra antes de recetarla le aclara al paciente que demorará mucho tiempo en comenzar a funcionar, luego le dice que deberá tomarla por mucho tiempo también para que se operen cambios duraderos. Basta esta aclaración y la materialidad de la pastilla para que con gusto se sometan a este tratamiento. Claro, no se le dice de los efectos secundarios, como un posible suicidio. No importa, eso es ciencia dura para estos duros del seso.

Adelanto que varios de estos señores lentos me volverán a mencionar a Popper como si no hubieran leído nada de lo que escribí. Es entendible, no es gente capaz de entender, se aprenden algunas fórmulas sencillitas y luego la disparan contra todo lo que podría parecer un blanco para ellas. Sí señores con pocas luces, esto es seudociencia, chamanismo, y todas las boberías que quieran decirme. No entienden lo que Popper no entendió: que la psiquis no puede ser tratada como se trata una reacción química.


2 comentarios:

  1. Es un muy buen artículo. Felicidades. ¡¡Quizá debería leer esta web más a menudo!! :-)

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