viernes, agosto 09, 2013



Alguna vez dije que muchas personas viven en mundos de caricaturas debido a su incapacidad para formarse una idea realista acerca de las cosas; estoy comenzando a creer que todos vivimos en un mundo de caricaturas, pero porque cada día que pasa más siento que las personas son caricaturas, actores de segunda en dramas de tercera. Observen cómo se generan los dramas cinematográficos, la esencia de un guión pasa por la complicación de una situación, que en sí misma podría no tener complicaciones, por el error cometido por algunos de los protagonistas al no encontrarse a la altura de la misma. La resolución del drama siempre consiste en lo mismo: el protagonista que originalmente no estuvo a la altura de la situación en un ejercicio de conversión y determinación, hace lo correcto, se llena de propósito y energía y hace lo correcto, lo que debe hacer, y todo termina bien. Pero en la realidad esto no ocurre, las personas no terminan haciendo lo que deben hacer, no lo hacen porque no pueden, porque son débiles, mediocres, no están a la altura de lo que la vida requiere de ellos. En definitiva alguien mediocre es quien poco se diferencia de la  caricatura de una persona. Posiblemente porque no existan modelos a seguir y se haya puesto de moda el antihéroe. Antiguamente las personas poseían una mayor integridad moral, eran más fuertes y no dudaban en hacer lo correcto. No todo el mundo, claro, pero al menos sí había algunos que podían servir de modelos. Hoy no se encuentran, la decadencia es la norma. En un mundo de mediocres, de caricaturas, a nadie podemos tomar en serio, ni a nosotros mismos.


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