viernes, diciembre 09, 2011



Cuando era joven me gustaban las tramas cinematográficas de corte psicológico donde un investigador sometía al protagonista de la serie o película a un conjunto de pruebas con cierto peligro para su vida cosa de poder estudiar el comportamiento del sujeto ante el peligro y, de paso, generar algún tipo de aprendizaje ético en quien pasaba por las pruebas.

Se abusó por años de esta trama, en Lost tenemos uno de los últimos ejemplos con Benjamin Linus y sus infantiles pruebas conductistas. Pero ya estoy aburrido de estos guiones que se repiten una y otra vez donde se rapta a una o varias personas se las coloca en algún ambiente aislado que simula un pueblo, una isla, una caja, un cubo, un hotel, etc., sin que se les diga porqué han sido raptados y colocados ahí, para luego generar situaciones de peligro donde deberán hacer cosas para salvar su vida, que habitualmente no harían en su medio habitual y, de esta manera, el investigador poder estudiar los comportamientos generados de corte reactivo ante situaciones extremas. En la mayoría de los casos la prueba presenta una situación donde se deberá tomar una decisión ético-moral para salvar la propia vida traicionando los principios del involucrado, es más, hasta pudiendo provocar la muerte de otra persona para poder salvar la propia. En síntesis: llevar al sujeto al límite, enfrentarlo a una situación de vida o muerte donde deberá realizar una elección que puede provocar la muerte de otros para salvar la propia vida. Variando este esquema se generan casi todas las tramas.



La trama es interesante cuando se presenta una vez, tal vez dos con alguna complejidad añadida, pero la cosa cambia cuando se abusa de ella repitiéndola como un calco. En la mayoría de los casos el resultado de estas pruebas no tiene un valor real para quien las crea, salvo el de observar y aprender. Que alguien se tome tantas molestias para realizar una prueba psicológica extrema con personas vivas y contra su voluntad, sólo para descubrir cómo responderían, no tiene demasiado sentido. Capítulo tras capítulo se introducen elementos que chocan con el sentido común, con lo esperado, sólo para crear misterio y que el televidente quede enganchado esperando que en algún momento todos estos hilos cierren en un sentido con sentido, valga la redundancia, pero no, muchas veces terminan los ciclos sin que se cierren todos los hilos o que se lo haga de forma apresurada en unos pocos minutos del último capítulo dejando miles de cabos sueltos. A veces se llega al penúltimo capítulo y no hay señas de que se esté terminando el ciclo, para que en el último capítulo en los 20 minutos finales se fuerce el final de forma apresurada -porque hay que terminar- y donde se percibe que en la intención del guionista sólo se encontraba estirar y estirar la serie sin ni siquiera saber cómo la iba a terminar. Un mal final puede estropear hacia atrás toda una serie y provocar una sensación de frustración y engaño. Lo peor es que cuando aparece una nueva serie del mismo estilo ya no podemos verla con buenos ojos porque tememos ser engañados nuevamente. El esquema de cada capítulo es simple introducir algún elemento que jamás se podría dar habitualmente en la situación, por ejemplo, la aparición de un oso polar en un parque de clima cálido. Ante esta aparición el espectador se sorprende porque jamás esperaría algo así, se pregunta cómo ha llegado este animal aquí, qué función cumple en la trama, etc. Pero luego de un tiempo, el espectador comienza a esperar lo inesperado y ya no se sorprende. El misterio deja de existir porque un misterio consiste en algo que queremos saber, y ya sabemos porqué aparecen estos elementos raros en la trama: mantenernos enganchados a través de bombardearnos con cosas que sólo sorprenden por lo inesperadas y raras.

Creo que el arquetipo tras este personaje se encuentra en la mente colectiva de la población, pues cuando las personas se encuentran con algún psicólogo, siempre fabulan con que están siendo estudiados por él, que todo lo que dice y hace tiene algún propósito encubierto para provocar algún tipo de reacción y así, estudiar y analizar el comportamiento. Como es frecuente que este temor se presente es lógico que haya sido capitalizado por el cine para sus guiones.

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