sábado, noviembre 26, 2011



Quienes estamos interesados en las distintas formas del saber nos hemos encontrado con ese espécimen que podría llamar el “bicho raro”, cuya característica más relevante es la de transmitir la sensación de que su cerebro parece que no funciona bien, que forma sus ideas a partir de conexiones equivocadas, y que se vuelve tremendamente irracional cuando debate para defender estas ideas.


Mientras más se lo destrata, más irracional se vuelve, y más se radicaliza en estas ideas equivocadas. Cuando se le señala su desfazaje radical, su irracionalidad, se defiende con el viejo argumento de que es original y, posiblemente un adelantado a su tiempo, y que muchos grandes genios fueron considerados locos en su tiempo. Es cierto, pero la mayoría de los locos eran verdaderamente unos locos de atar sin nada de genialidad y sólo unos pocos -muy poquitos- fueron genios incomprendidos en su tiempo y verdaderamente habían desarrollado ideas originales. Las probabilidades de que un bicho raro se encuentre entre los locos de atar en lugar de entre los genios, es tan elevada que dudo pueda considerarse con seriedad esta posibilidad. Claro, el cine alimenta continuamente el arquetipo del bicho raro que es un genio incomprendido, pero lo que se representa en el cine no siempre está cerca de la verdad. El cine muestra lo que la gente quiere ver, y trata de alimentar las esperanzas de quienes se sienten interiormente excluidos. El cine vende sueños.

Posiblemente examinando cómo se forma el bicho raro podamos hacernos una idea del por qué se esfuerza tanto por ser distinto y por mantener posiciones desafiantes y provocadoras, como forma de compensar su profundo complejo de inferioridad. Un bicho raro es alguien que no encaja bien en el mundo, que no posee las destrezas necesarias para relacionarse con los demás e integrarse a los grupos. Carecen de lo que hoy se llama inteligencia emocional. Por este motivo son marginados por la mayoría, y también se automarginan por iniciativa propia porque se sienten avergonzados frente a los demás. Este rasgo es esencial para comprenderlos ya que constituye el rasgo esencial para entender cómo van profundizando más y más en una condición patológica grave.

Cuando una persona posee la destreza necesaria para relacionarse se encuentra inmerso en un mundo rico de relaciones y posibilidades, que además, favorece para que la persona explore un mayor número de situaciones significativas que lo enriquezcan y lo vuelvan aún más atractivo. La persona que sabe relacionarse sigue un proceso inverso al que es marginado, su mundo se amplía mientras que para el marginado su mundo se estrecha, hasta poder llegar a quedarse sin espacios vitales.

El mundo de la persona que sabe relacionarse le permite experimentar muchas situaciones que le proporcionan una perspectiva más realista de las cosas, mientras que el bicho raro sólo conoce dentro de su mente, desde lejos, por observación. Para peor, no puede contrastar sus teorías. De aquí que sean tan irreales y disparatadas. No son personas originales, son personas que simplemente se forman ideas sin poder conocer directamente las cosas de las que hablan. La persona sociable puede poner en práctica sus ideas y ajustarlas a la realidad. Las personas que no pueden poner en práctica sus ideas son rígidas, esquemáticas, llegando estas a experimentarse por los demás como caricaturas de la realidad, caricaturas grotescas. Obsérvese que las ideas filosóficas más radicales son aquellas que no pueden llevarse a la práctica con éxito. (Pienso en las ideologías políticas radicales en este momento)

Como pueden apreciar, el bicho raro sólo puede profundizar en su condición, cuando esgrime sus teorías irreales es rechazado por los demás, origina burla y desprecio, por lo que se debe refugiar aún más en su interior y defender con mayor fuerza sus ideas por orgullo, ya que lo único que le queda en el mundo es su posición pretendidamente original. Muchas veces se da cuenta de que está equivocado, pero no puede admitirselo, pues sus ideas se convierten en la bandera que lo representa en un mundo hostil para él. Si aceptara para sus adentros que está equivocado, no le quedaría nada, se desintegraría, hasta podría derrumbarse psicológicamente.

La originalidad se da, eso lo sabemos, pero se da en las personas que saben de lo que hablan porque están inmersos en ello de alguna manera, por lo que pueden poner en práctica las ideas y ver a dónde lo llevan. Si están equivocadas las corrige hasta que encuentra la verdad. El bicho raro, en cambio, se forma sus ideas a la distancia sin conocer el objeto del que opina. De ahí a que nos resulte tan chocante, no tanto por lo disparatado de su discurso, sino porque no se da cuenta de lo ridícula que es su posición. Si muchos le señalan este hecho, lo lógico sería que pudiera entrar en razón, pero no, no puede entender razones, se enceguece, se vuelve necio, entra en un estado de crispación donde ya nada entiende.

El bicho raro no es un genio aún no descubierto, como él puede creerse, es una persona aislada del mundo, y que por este motivo no se ha desarrollado ni emocionalmente ni psicológicamente, pues sus experiencias formativas son muy pobres comparadas a las de la mayoría. Se ha convertido en un bicho raro por carecer de experiencias vitales ricas que contribuyan a su formación como persona. Para revertir este estado de cosas sólo existe un camino, lograr que aprenda a relacionarse y que logre pasar por experiencias correctivas que le proporcionen lo que le ha faltado durante su formación.

Claro, muchos se ponen en guardia aquí porque creen ver como un intento de adaptar a la persona original a la mayoría, no, una cosa es adaptar a alguien, otra cosa muy distinta es la de ofrecer un amplio abanico de experiencias que contribuyan a enriquecer la vida de una persona, luego la persona hará lo mejor para sí de lo que aprenda. En cambio, adaptar a alguien pasa por otra cosa, por hacerle comportarse de cierta manera estereotipada, por lo que en lugar de enriquecer su experiencia se la acota, restringe, se le enseña a comportarse de cierta manera, nada más, a fingir algo, a adoptar una pose, a imitar a la mayoría considerada estadísticamente normal.

Sintetizando: el bicho raro no es una persona extravagante por original y genial,  sino todo lo contrario. Por su falta de talento para el relacionamiento se ha visto privado de las experiencias formativas mínimas, aquellas por las que todos pasamos por lo que su "rareza" se debe a carencia al contrario del sujeto original que posee un plus de talento que de alguna manera reconocemos.

Es frecuente que el bicho raro entre en alguna secta o grupo de raros que alimentan el espíritu aislacionista  y que proporciona el reconocimiento que no pueden obtener por su cuenta en el medio donde se encuentran. El bicho raro también lee cosas raras y anda metido en cosas raras, en todo aquello por donde generalmente no se pasa. Cienciología, Testigos de Jehová, Cuarto Camino, Logosofía, Ovnis, Extraterrestres, etc. Cuando nos dicen de alguien que está metido en alguno de estos grupos pensamos enseguida que es un tío raro y que algo le debe pasar para haber entrado en una de estas sectas. Las sectas están diseñadas como trampas para engatusar y reclutar a los bichos raros de este mundo.

Categories:

0 comentarios:

Publicar un comentario