domingo, agosto 13, 2006



Recuerdo haber leído en el Diario de Amiel acerca de la idea de “interioridad” como “resistencia” al mundo exterior. Nuestro último y más privado refugio. Ahí podemos preservarnos, ocultarnos, proteger una identidad de algún tipo. Ahí nos resistimos a las presiones del mundo, presiones que muchas veces empujan a la desintegración de ese ser interior, presiones que a veces lo logran. Es muy distinta la vida en el campo, o en lugares más primitivos cerca de la naturaleza, donde se está mentalmente en donde se está físicamente. Se habita el lugar en el que se está. Mientras que en ciudades de gran complejidad, no es tan así. Se puede estar en un cyber conversando con alguien y habitar en ese momento en otro lugar, muchas veces en esa zona virtual que llamamos interioridad.